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Murió Milo Junco, reconocido experto en moda, realeza e historia

Falleció José María Milo Junco, reconocido vestuarista, historiador, experto en moda y en temas de la realeza.

Con un sentido mensaje de agradecimiento a Junco, el director de teatro Luis Carlos Vásquez confirmó la noticia en su página de Facebook: “Mi más sentido pésame a nuestra gran familia teatral por el fallecimiento de nuestro queridísimo Milo Junco, nuestro primer vestuarista profesional”, escribió.

Junco tenía 86 años. Hasta el momento no hay información oficial sobre la causa de la muerte del también maquillista.

Milo Junco, la historia en persona

José María de Nuestra Señora de los Ángeles Milo Junco fue uno de los personajes más singulares de la cultura y la televisión costarricense, gracias a su labor en diferentes áreas de las artes: fue vestuarista, maquillista, escenógrafo, director artístico, coleccionista, historiador y comentarista en transmisiones no solo de moda, sino también de Semana Santa y hasta de actividades especiales de la realeza internacional.

Su perfil profesional destaca como uno muy particular. Le retocó el maquillaje a la diva María Félix, también participó en la fundación de la Compañía Lírica Nacional, trabajó en ópera, teatro y hasta en concursos de belleza. Fue referente en temas ceremoniales del Vaticano, historia del arte y protocolo político.

Su devoción a la Virgen de los Ángeles y su pasión por la colección de arte religioso contrastaban con su fascinación por el ambiente de los cabarés. “Es mejor vestir santos que desvestir borrachos”, manifestó sobre su experiencia de vida en una entrevista con La Nación.

Su hogar era un verdadero museo. Vivió entre imágenes religiosas, libros antiguos y objetos de colección. Según había dicho, en su casa tenía 111 reliquias de mártires con sus respectivos documentos auténticos, incluyendo un “lignum crucis” (leño de la cruz) que es una parte de la “Vera Crux¨ en que murió Cristo. Poseía reliquias de San Sinforiano, San Ayudato, San Próspero y Santa Gerenciana.

De carácter fuerte, pero amable, Milo tenía un sentido del humor ácido que siempre sacó en los momentos menos esperados; no tenía filtro para hablar y expresar sus pensamientos. Defendió siempre la libertad de vivir como cada quien quisiera mientras no se le hiciera daño a los demás; su filosofía era sencilla: vivir y dejar vivir.

En otra conversación con este medio, Milo definió la vida como impredecible, como “una tómbola”, y dijo que había que aceptar las alegrías y las pérdidas con la misma intensidad.

El legado de Milo Junco

Las entrevistas que concedió a La Nación reflejaron muy bien la personalidad de Junco. En una conversación afirmó de forma tajante que sobre su tumba escribieran lo que decía Santa Teresa de Jesús: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”.

Su legado en el arte y la cultura costarricenses estuvo marcado por sus estudios y experiencias en el extranjero.

Por recomendación de Alberto Cañas, primer ministro de Cultura de nuestro país, Junco recibió una beca para estudiar en Rusia, cuando apenas tenía 19 años. En Leningrado aprendió sobre vestuario y escenografía en el Teatro Mariinski.

Además, estudió y vivió en París y Madrid, lo que sirvió para ampliar su conocimiento. En nuestro país se graduó como historiador en la Universidad de Costa Rica.

Después de sus viajes, cuando regresó a Costa Rica a mediados de los años 70, Marina Volio, entonces ministra de Cultura, le pidió ayuda para fundar la Compañía Lírica Nacional. Milo colaboró en el montaje de La viuda alegre, y tiempo después trabajó en La tosca, donde mostró su talento para diseñar y crear el vestuario de la primera obra que montó oficialmente la compañía.

Siendo director, Junco sentó una de las obras más controversiales hasta la fecha: La corte del faraón.

Después de sus experiencias en el teatro, Junco se dedicó también a la televisión. Trabajó durante 37 años en Canal 6 como jefe de maquillistas.

Sus aportes a la pantalla chica criolla van desde transmisiones del Festival de la Luz, donde comentaba los diseños de las carrozas y los vestuarios, así como su labor como comentarista de moda en actos protocolarios políticos y eventos de la realeza internacional. También fueron muy conocidas y apreciadas sus intervenciones históricas religiosas en actividades de Semana Santa.

Diseñó los trajes típicos de algunas reinas de belleza que fueron a participar fuera del país; además, fue el encargado del Santo Sepulcro de la Catedral Metropolitana y hasta les creó los trajes a destacados transformistas de la escena gay costarricense.

“Nunca hago ejercicio, pero camino mucho. Jamás me he enfermado y como de todo, menos carne, y no bebo café. Me encantan las pastas, los dulces, queques, helados y gelatinas. No fumo ni tomo licor”, reveló sobre la vida sana que llevaba.

Sobre su legado, más allá de lo cultural, Milo afirmó que su intención era dejar un mundo de risas, carcajadas, chistes y comentarios. “Haber hecho mi trabajo con interés; dejar el amor hacia mucha gente aunque no me hayan querido igual. Como San Francisco, haber aprendido a querer”, manifestó.

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