Unos días con Manu
Manu era el hijo de unos empleados de mi abuela y lo conocí en la comida de Navidad de Semon. Enseguida me pareció el chico más guapo, atractivo y molón de mi vida. Siempre he necesitado que no sólo las chicas sino también mis amigos fueran guapos, o por lo menos atractivos. Y que Manu, diecisiete, tres años mayor que yo y que había empezado a romper todas las costuras, me distinguiera con su amistad, era un sentimiento, pero también –y conociéndome tal vez sobre todo– una banda de honor. A mi familia le disgustó mi fascinación por las andanzas de Manu y por el hecho de que yo las celebrara tanto. No muy explícitamente, pero lo suficiente para que... Ver Más