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El 'método Paavo Järvi': el arte de enseñar a dirigir orquestas para preservar lo que nos hace humanos

Abc.es 
Entre las casitas de Pärnu, los parques y su río, se cuelan los primeros compases de la 'Mazeppa' de Franz Liszt. Pero algo ocurre esta vez, algo diferente a lo que suele suceder en los auditorios. La música de repente para y vuelve a empezar. Así un par de veces y, de repente, una voz habla: «Escucha la diferencia». Y, al segundo, suena una 'Mazeppa' distinta. El poema sinfónico es el mismo, el de Liszt, pero algo ha cambiado. La batuta ha cambiado. El sonido es tan hipnótico que no tenemos otra opción que seguirlo hasta encontrarlo y allí, a puerta abierta, encontramos el secreto: son los jovencísimos directores de la academia de dirección que forma parte de la Järvi Academy, el lugar de formación que ya es un acontecimiento obligatorio dentro del Pärnu Music Festival y que reúne a más de 150 participantes entre la academia de dirección y la instrumental de todas partes del mundo. Por más y más versiones que uno escuche de esta obra, sigue siendo asombroso cómo una batuta, y sobre todo quién la sostiene, puede hacer que una melodía suene radicalmente distinta. Allí está sobre el podio Gabriel Pernet, un joven director que va recibiendo algunas indicaciones de Paavo Järvi. Apoyar la formación de los jóvenes músicos siempre ha sido una prioridad para la familia Järvi, compuesta por Neeme Järvi, una de las grandes batutas, junto a sus hijos Paavo y Kristjan. «Empezamos hace unos cincuenta años o incluso más. Pärnu siempre ha sido una ciudad musical, siempre ha habido una orquesta, aunque durante mucho tiempo fue una formación semiprofesional o amateur. Pero, con este entorno, el buen tiempo y el ambiente del verano, siempre ha sido el lugar ideal para reunirse. La gente venía aquí y siempre había música», confiesa Neeme Järvi a este periódico. Sin embargo, aunque los conciertos eran un gran atractivo para el público, que los podía disfrutar al lado del mar, lo que más atraía a la gente era la dirección de orquesta. «Ese era el gran imán, así que empezamos a impartir aquí cursos de dirección. Como yo ya era bastante conocido internacionalmente como director, comenzamos a organizar casi cada año cursos de dirección orquestal en Pärnu», añade. Por eso, cada año, dirigidos por Paavo, Neeme y Kristjan Järvi, junto con Leonid Grin, estos jóvenes comienzan un curso en Tallin antes de trasladarse a Pärnu para coincidir con la celebración del festival y, además de las clases magistrales diarias con orquesta, las lecciones individuales al piano y las conferencias, tienen la oportunidad de dirigir a la Järvi Academy Sinfonietta en los conciertos del festival. «La oportunidad de estudiar con directores de prestigio internacional como Neeme Järvi, Paavo Järvi, Kristjan Järvi y Leonid Grin, quien fue profesor de Paavo Järvi, ha convertido nuestras clases magistrales de dirección en un destino para jóvenes directores de todo el mundo. Independientemente de su procedencia, los directores con ambición internacional ven cada vez más Pärnu como un paso clave para construir su carrera», confiesa Kristjan Hallik, miembro del staff del festival. Mientras Paavo Järvi lanza unas indicaciones sencillas, claras y breves hacia el joven, el resto de estudiantes observan desde las sillas y toman nota. Algunos repasan las partituras mientras dirige su compañero; otros cierran los ojos y siguen la obra. La intuición de todos los profesores es la misma. Mueven la cabeza con la melodía y niegan con ella cuando no les parece adecuada la interpretación. No fallan. Cuando terminan los 25 minutos, un joven indica desde la percusión que es la hora y es el turno del siguiente, que sube con sus partituras debajo del brazo y se coloca rápidamente en su lugar. Alza el brazo y, tras los primeros compases, y con movimientos del brazo, rápidamente se levanta Paavo para hacerle una serie de indicaciones sobre cómo sostener la batuta. Lo cierto es que Paavo Järvi es una de las batutas más reconocidas y asentadas en la actualidad. Director musical de la Tonhalle-Orchester Zürich desde 2019 y director artístico de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen desde 2004, ha estado al frente de formaciones como la Filarmónica de Berlín , la Royal Concertgebouw Orchestra, la New York Philharmonic o la Chicago Symphony Orchestra, además de liderar proyectos como la Järvi Academy, así como el Pärnu Music Festival. Es extraordinaria su claridad y precisión y, al mismo tiempo, su naturalidad. Lejos del gesto grandilocuente, este maestro ha estado al frente de las grandes orquestas y, si algo testifica su don, más allá de las críticas o voces, son los músicos. «Creo que todo empieza con una identificación muy básica: de músico a músico. Un músico siempre percibe enseguida si está delante de un buen músico o, por el contrario, si esa persona realmente no sabe. Es una identificación parecida a la de un marinero con otro marinero de verdad; se reconocen. Y eso no se puede fingir. Un buen músico sabe muy rápido con quién está tratando», explica. El equilibrio entre demostrar seguridad para encontrar el sonido que uno quiere conseguir y, al mismo tiempo, la humildad de saber que uno no posee la verdad absoluta es en ocasiones un reto, aunque para él no lo es tanto. «El trabajo de un director consiste en tener una visión de la obra, y esa visión tiene que resultar convincente, pero también debe estar respaldada por pruebas, por hechos. Tiene que basarse en el estudio de la partitura. Si has hecho los deberes, tienes la experiencia suficiente, te has preparado y has desarrollado una visión —una visión sólida— sobre una obra, los músicos enseguida piensan: 'De acuerdo, quiere conseguir algo. Tiene un plan'. En cambio, si alguien simplemente se limita a marcar el compás sin tener realmente una visión, los músicos también se dan cuenta de eso. Así que, al final, creo que es bastante sencillo. No es que dirigir lo sea, pero el proceso de convencer a la gente no es complicado si tú mismo estás convencido , si tienes la experiencia necesaria y sabes lo que estás haciendo. La gente lo percibe inmediatamente. No es algo que lleve mucho tiempo descubrir». La música es algo que va en su ADN, es cierto, pero cobró un sentido distinto tras la pandemia. «Cuando todo el mundo tuvo que quedarse en casa, de repente apareció una sensación de absoluta desesperanza. Fue entonces cuando comprendí que la música ocupa un lugar realmente importante en la vida de las personas. No sustituye al pan, claro, pero tiene un papel fundamental, porque los seres humanos necesitamos belleza, necesitamos algo que reconforte el alma», reconoce. Cuando Estonia fue invadida por la Unión Soviética, la familia Järvi huyó a Estados Unidos, donde tuvo que empezar una nueva vida. Pero siempre con música. Años más tarde de la independencia de Estonia, la familia volvió a Pärnu para crear la Järvi Academy en 2009, seguido del primer Music Festival en 2011. Más allá de la música, el Pärnu Music Festival se ha convertido también en una herramienta para preservar y proyectar la identidad cultural estonia . Su apuesta por los compositores nacionales y el estreno de nuevas obras no solo mantiene vivo el legado musical del país, sino que también contribuye a custodiar su memoria colectiva y a transmitirla a las nuevas generaciones, convirtiendo la cultura en una forma de contar la historia de todo un pueblo. No vivimos tiempos fáciles, tampoco son más complicados que en otras épocas, pero lo que Paavo Järvi tiene claro es que la música cuenta con un papel esencial en el mundo y en la vida. «El mundo y muchos de nuestros líderes son extremadamente pragmáticos: todo gira en torno a las cifras, el territorio, las estructuras de poder, el petróleo, la economía... todas esas cuestiones tan básicas. Pero también se ve que muchos de ellos no están conectados con nada interior. Y eso influye en su forma de tomar decisiones. Toman malas decisiones porque carecen de vida interior y no aman la música, y lo digo completamente en serio. Ahora tengo claro que un líder inteligente, pero inculto, no merece ser líder. Porque la cultura tiene mucho que ver con la fuerza del ser humano. Muy pronto, los números y todo lo mecánico los harán la inteligencia artificial y otras tecnologías, pero el alma necesita alimentarse de la creación humana. Y la música, el arte, la literatura o la poesía son creación humana. No son cosas a las que debamos renunciar con tanta facilidad. Son insustituibles. Porque, precisamente, eso es lo que nos hace humanos», reconoce. Lo cierto es que una vida atravesada por la música hace que el mundo se vea de otro modo. Hace que la huida a Estados Unidos de un entonces joven Neeme Järvi, que podría haber sido un auténtico drama, se convirtiera en una carrera de éxito. También la de sus hijos . Y testigos afortunados somos de poder disfrutarlo. De apreciar el reconocimiento a Paavo Järvi que le hicieron durante el festival por llevar la cultura estonia a lo más alto, también de disfrutar de la batuta de Neeme con el 'Vals de las flores' de 'El Cascanueces' de Tchaikovsky. De observar a todo un pueblo que aplaude y patalea contra el suelo, feliz de disfrutar de este festival. La vida a veces nos hace regalos y este es uno de ellos.

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