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La ventaja perdida de Costa Rica

Costa Rica suele discutir su futuro económico hablando de infraestructura, inversión extranjera, tipo de cambio o déficit fiscal. Todos son temas importantes, pero hay un activo mucho más determinante que rara vez ocupa el centro de la conversación: el nivel educativo de su gente. La razón es sencilla: ninguna economía moderna genera prosperidad sin personas capaces de aprender, adaptarse, innovar y resolver problemas. La educación no es únicamente una política social; es probablemente la política económica más importante de un país.

Y acá viene el dato que da origen a esta columna. Según cifras de la Unesco, el 52,4% de los costarricenses mayores de 25 años ha completado al menos el tercer ciclo de educación. En 1973, esa cifra era de apenas 16,9%. En medio siglo triplicamos el capital educativo del país. Ese es un logro real, y no debería minimizarse. El problema aparece cuando miramos alrededor.

Las tres economías grandes de la región nos superan con holgura: México (69,0%), Brasil (67,2%) y Colombia (62,7%). Más al sur, el contraste es severo: Chile alcanza casi 87%, y Argentina, con un ingreso per cápita prácticamente idéntico al nuestro, nos aventaja por casi 21 puntos. También están adelante Uruguay (61,3%), Perú, Bolivia, Ecuador, República Dominicana y Paraguay. En América Latina, ocupamos el puesto 16 entre 19; solo superamos a El Salvador, Honduras y Guatemala.

La comparación por nivel de ingreso es todavía más dura, y debería ocupar el centro del debate. Entre los países de ingreso alto, la mediana de logro educativo es de 91,7%, y los casos más bajos del grupo –Guyana, Kuwait, Portugal y Panamá– están todos por encima de Costa Rica. No existe un solo país más rico que Costa Rica con peor logro educativo.

Conviene aquí una precisión: este es un indicador de stock, no de flujo. Mide a la población de 25 años y más, de modo que refleja las decisiones educativas de las décadas de 1970, 1980 y 1990, no la cobertura de las aulas de hoy. La expansión de la secundaria costarricense fue tardía, y la deserción de los años noventa y 2000 sigue incorporándose al denominador.

Y lo más revelador no es la fotografía, sino la película. En esta película, Portugal es el precedente que vale la pena mirar. Llegó tarde a la escolarización masiva (8,5% en 1970) y todavía arrastra el rezago de sus cohortes mayores, exactamente el mismo problema que tenemos nosotros. Aun así, ya está 12 puntos delante de Costa Rica. Costa Rica mejora a un ritmo de 0,71 puntos porcentuales por año. A este ritmo, Costa Rica tardaría 19 años solo en alcanzar la mediana mundial de 2025, que es de 65,8%.

Pero aquí está la paradoja que vale la pena discutir. La abolición del ejército en 1948 permitió redirigir recursos hacia escuelas, colegios y universidades. Esa apuesta produjo durante décadas una fuerza laboral que atrajo inversión extranjera, impulsó la diversificación productiva y permitió al país competir en industrias mucho más sofisticadas que las que corresponderían a un país de la región. El modelo funcionó bien, pero dejó de mejorarse y actualizarse; mientras tanto, el mundo cambió mucho más rápido que nuestro sistema educativo.

Quizá la mejor manera de entender la educación sea pensar en ella como la infraestructura invisible del desarrollo. Las carreteras conectan ciudades; la electricidad conecta industrias; pero la educación conecta el talento de una persona con las oportunidades que ofrece el mundo. Así, cada generación que completa la secundaria agrega capacidades al país, aumenta sus posibilidades de producir, emprender, innovar y participar plenamente en la sociedad. Cada generación que queda rezagada representa, en cambio, una oportunidad que difícilmente podrá recuperarse en su totalidad.

Costa Rica construyó buena parte de su éxito sobre esa infraestructura invisible. El punto es que llevamos dos décadas viviendo del mantenimiento y no de la ampliación. La pregunta ya no es si aquella apuesta fue correcta; claramente, lo fue. El dato nos dice que la pregunta verdadera es por qué países que hace 20 años estaban detrás de nosotros hoy están adelante. Y el relato nos exige responder qué estamos dispuestos a hacer para que la próxima generación no herede un país que fue educado, así, en pasado.

jgarcia@socialprogress.org

Jaime García es director para América Latina del Índice de Progreso Social.

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