La transformación de Mourinho: «Ha aprendido que su liderazgo no puede ser siempre el conflicto»
Es sábado 22 de agosto de 2026. 4.830 días han pasado desde aquel Real Madrid-Osasuna (4-2) del 1 de junio de 2013. Ahí se terminaron los tres años de Mourinho como entrenador del Madrid. Y nunca más volvió a aparecer en el Santiago Bernabéu desde entonces (tampoco en el Madrid-Benfica de febrero, lo vio desde el garaje al estar sancionado ). Eso sucederá el próximo miércoles, en el partido contra la Real Sociedad, pero antes, esta noche, Mourinho vuelve a sentarse oficialmente en un banquillo como técnico blanco. Será en Cornellá, en el estreno del Madrid en Liga: «No siento presión, siento adrenalina», dijo ayer en la previa el técnico de Setúbal. Adrenalina que, con el paso de los años, Mourinho gestiona de otro modo. Sigue teniendo el mismo ADN de siempre, y eso no va a cambiar nunca. Solo hay que esperar a la primera roja en contra o al primer penalti no pitado, pero el portugués ha entendido que debía cambiar ciertas cosas en su comportamiento. Y eso ha hecho: «Ha aprendido que su liderazgo no puede ser siempre el conflicto », explican a ABC fuentes cercanas al luso. «Cada jugador es un mundo. Algunos reaccionan bien al conflicto y a las críticas, y tienen la personalidad suficiente para dar una respuesta, pero hay otros que no la dan», añaden. Mourinho suma más de 25 años en los banquillos, y a los 63 que marca su pasaporte ha dejado de lado su ego para evitar repetir situaciones desagradables que, no solo en el Madrid sino también en otros clubes, han marcado su carrera. Y no para bien. Los que están más cerca de él hablan de un Mourinho focalizado en sus jugadores y en el club para el que trabaja. Así lo hizo la pasada temporada en el Benfica y así lo ha puesto en práctica este mes y medio en el Madrid: «Ahora no piensa en él», deslizan en la entidad blanca, entusiasmados con el regreso del portugués. Y es que Mourinho ha venido a trabajar para el Real Madrid , no en el Real Madrid. Lo ha dicho ya públicamente en un par de ocasiones, pero en privado así se lo transmitió a los altos mandos y, por supuesto, a su plantilla en sus primeros días en Valdebebas: «Trabaja 10 horas al día, disfruta de lo que hace e intenta ayudar a sus jugadores a sacar lo mejor de ellos». En lo futbolístico, claro, pero también en lo humano. A Mourinho le gusta encontrar un equilibrio en el que su estatus nunca pase a ser algo menor, pero siempre con la mano tendida a sumar, no a restar. Un entrenador al que no se le pasa ningún detalle, con la distancia adecuada para darle espacio a los jugadores a la vez que detecta la más mínima grieta. Así sucedió la pasada temporada en el Benfica, cuando Schjelderup admitió públicamente su culpabilidad por compartir un vídeo con contenido sexual de una menor. El mediocentro noruego, una de las revelaciones del Mundial, encontró en esos complicados momentos la empatía y el cariño de Mourinho, valorando su disculpa y su asimilación de la condena correspondiente, y le animó a creer en sí mismo para darle la vuelta a la situación con su mejor versión sobre el campo: «Y lo logró», recuerda su entorno. Un modo de gestionar el grupo que va a seguir poniendo en práctica en el Madrid. Él mismo admitió ayer que no ha tenido que hablar con Tchouaméni ni Valverde porque ha visto normalidad en el día a día de ambos, pero si no hubiera sido así, habría pasado a la acción. Siempre por el bien común: «Los jugadores me lo están poniendo fácil», desvela. Mourinho ha entendido que el fútbol, y la vida, de hoy tienen momentos tan opuestos que hay que saber luchar cuando toca luchar, protegerse cuando hay que protegerse, tener calma cuando toca tener calma y, sobre todo, hay que darle a los futbolistas un mensaje, no solo de exigencia, sino de seguridad. El entrenador portugués considera que el ecosistema de un futbolista, sobre todo si es una estrella, y de esas hay unas cuantas en el Real Madrid, está conformado por un grupo de 25-30 personas que, por unos intereses u otros, no siempre dan el mensaje adecuado al futbolista. Y si el camino no es el correcto, ahí está él para reconducirlo, pero de un modo distinto al de hace 16 años. Un simple abrazo o una palabra amable, a veces, vale bastante más que una crítica. Así ha sido la transformación de Mourinho.