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La franja de España que el fuego respeta: «Solo durará dos o tres años»

Abc.es 
El verano pasado, el eje formado por Extremadura, Portugal y Galicia sufrió fuertes incendios forestales . Este año, en cambio, el fuego ha dado tregua a dicho corredor y los focos se han extendido por todo el territorio nacional. Los datos del Ministerio para la Transición Ecológica sitúan a estas alturas una superficie forestal quemada por debajo de la registrada en el mismo periodo de 2025. Un total de 254.730 hectáreas han ardido en España desde el 1 de enero hasta esta semana, frente a las 295.580 de hace un año. Una de las razones que puede explicar por qué algunos de los territorios más castigados del verano pasado presentan ahora menor incidencia es que buena parte de su superficie ya se quemó. Javier Madrigal, ingeniero de montes e investigador del Instituto de Ciencias Forestales del INIA-CSIC, explica a ABC que esa circunstancia funciona como un cortafuegos natural frente a nuevos incendios. De hecho es un efecto que, según narra, se utiliza en determinadas estrategias de extinción. Pero su eficacia no es permanente. «Un suelo no regenerado te aguanta dos o tres años, pero al tercero ya te arde igual», advierte. Así, una zona quemada reducirá su vulnerabilidad, pero no es ninguna solución a largo plazo. Madrigal señala que la causa principal del aumento de los incendios es la acumulación de combustible forestal a consecuencia del abandono de los usos agrarios extensivos. El abandono de la gestión del territorio, que además se agrava por el cambio climático, dice este experto, forma parte de un fenómeno más amplio llamado «cambio global». E insiste en que existiría «el mismo problema sin cambio climático, aunque sería un proceso algo más lento y menos intenso». Madrigal apunta a que la principal diferencia entre ambos veranos está en el tiempo. «El año pasado influyó el tema azaroso meteorológico por la zona del noroeste, con vientos subsaharianos», recuerda. Y añade que con cambios constantes en la dirección del viento que complicaron las labores de extinción. La combinación de temperaturas muy elevadas, junto con vientos cálidos y secos, favoreció que aquellos incendios se propagaran con rapidez. Este año, el calor se ha distribuido más a lo largo de todo el país. Extremadura ha sido, a lo largo de esta semana, uno de los principales focos de atención en lo que a incendios se refiere, tras el declarado en Pinofranqueado, en la comarca cacereña de Las Hurdes, que llegó a preocupar excesivamente en sus primeras horas, provocó centenares de evacuaciones y ha acabado arrasando más de 4.000 hectáreas. Pese a ello, la comunidad autónoma está logrando esquivar la sucesión de grandes incendios que tuvo en 2025. No en vano, fue una de las regiones más castigadas por el fuego. Entre el 1 de junio y el 15 de agosto del año pasado ardieron en la comunidad autónoma unas 49.000 hectáreas. En el mismo periodo de 2026 habían ardido 5.500, cerca de un 90% menos. La meteorología no permite hablar de un verano especialmente favorable. Extremadura ha vuelto a soportar jornadas de mucho calor y periodos de sequedad, aunque sin que hasta ahora se hayan repetido las condiciones extremas que marcaron buena parte de agosto de 2025. El año pasado, el calor intenso, la sequedad y el viento coincidieron con numerosos incendios prácticamente al mismo tiempo, lo que favoreció que algunos de ellos adquirieran grandes dimensiones. A ello se suma un Plan INFOEX reforzado. Este año el dispositivo cuenta con unos 1.200 efectivos, 13 medios aéreos y 219 vehículos de extinción. Y el Gobierno autonómico, conscientes de lo que supuso el verano pasado y de la importancia de enfrentarse a meses de riesgo extremo, ha hecho los deberes antes de tiempo, reforzando los planes de prevención. En la provincia gallega de Orense, casi un año después de los incendios que engulleron más de 100.000 hectáreas, el territorio sigue yermo. Lo único que alivia a determinados vecinos es que, por el momento, no volverán a sufrir un incendio. Aunque, como señala Madrigal, saben que el fuego volverá tarde o temprano. En Cualedro, una de las 'zonas cero' del espantoso fuego del agosto pasado, no hay miedo a que se repita la angustia de 2025, cuando se calcinaron algo más de 23.000 hectáreas. La violencia del incendio atravesó el año pasado todas las prevenciones. De poco sirvió a aquellos que tenían las fincas desbrozadas, limpias de la maleza que sirve de combustible, y los árboles a distancia suficiente como para haber esquivado el fuego. Hace unos días, uno de sus parroquianos llamado Eusebio comentaba a este diario lo siguiente: «Este año ya no queda nada que arder, pero el que viene volverá a haber maleza». Madrigal insiste en que las zonas que ardieron el pasado verano tienen ahora menos riesgo porque su combustible ya se ha consumido, pero volverán a ser un «peligro» si continúa el abandono del rural. Precisamente, un año después, el foco en Galicia está muy centrado en la prevención. Desbrozar las fincas no es civismo ni una muestra de responsabilidad por parte de los propietarios, es una obligación legal. Pero en la Galicia del minifundio, todo se difumina. Muchos propietarios ni siquiera viven en esas zonas rurales y no han limpiado las parcelas desde hace años. Fincas privadas que no son de fácil acceso con maleza que crece descontrolada. Por su parte, en Portugal, aunque la percepción sea de un verano más tranquilo, los datos ofrecen matices. Según el Instituto de Conservación de la Naturaleza e las Florestas (ICNF), hasta finales de julio de 2026 habían ardido alrededor de 53 mil hectáreas, frente a unas 33 mil en el mismo periodo de 2025. Lo excepcional del año pasado llegó precisamente en agosto: Portugal pasó a más de 254 mil hectáreas quemadas al terminar el mes de agosto. Es decir, en apenas un mes ardieron más de 220 mil hectáreas. Por eso, más que hablar de un 2026 con menos incendios, en Portugal hay que hablar, al menos por ahora, de la ausencia de una concentración de grandes fuegos comparable a la que Portugal sufrió en agosto de 2025. De la misma forma que Madrigal, la Agencia Portuguesa del Ambiente, a partir de los datos del ICNF, señala que la enorme variabilidad de la superficie quemada de un año a otro está estrechamente relacionada con la severidad meteorológica. Temperaturas elevadas, baja humedad, sequedad de la vegetación y, especialmente, la intensidad del viento pueden hacer que una ignición evolucione rápidamente hacia un gran incendio. Paulo Fernandes, profesor e investigador de la Universidad de Trás-os-Montes y Alto Douro (UTAD), especialista en comportamiento del fuego, explica que la probabilidad de que una superficie recientemente quemada vuelva a arder a corto plazo es muy baja y sitúa ese periodo en Portugal en aproximadamente entre cinco y ocho años, aunque depende del tipo de vegetación y de su recuperación. Por tanto, que algunas áreas ardieran en 2025 puede contribuir a explicar una menor afectación local este verano, pero no permite afirmar que Portugal esté ahora protegido frente a los grandes incendios. La combinación de meteorología, combustible, características del territorio e igniciones sigue siendo determinante; durante las semanas que quedan de época estival, unas pocas jornadas de condiciones extremas pueden cambiar radicalmente el balance de toda la temporada.

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