Marta González, monja de clausura: «La vida consagrada es entrega y, voluntariamente, entregamos la posibilidad de tener una pareja o formar una familia»
Tomar la decisión de ser monja no es fácil. Para algunas personas, implica dejar atrás aspectos importantes como el matrimonio , la posibilidad de formar una familia y rechazar un estilo de vida muy distinto al que habían imaginado. Para otras, en cambio, no se trata tanto de renunciar, sino de entregarse a una llamada que marca su camino en la fe . Aquellas mujeres que anteponen la vocación religiosa a cualquier otro proyecto aseguran que es la única forma de sentirse llenas y realizadas . Para ellas, es una elección libre que da sentido a su existencia. Este es el caso de Marta González . Conocida en redes sociales como sor Marta, la joven, de tan solo 29 años, comparte con sus seguidores parte de su historia. En su canal de YouTube explica por qué se convirtió en monja de clausura. «Dios te llama y es donde vas a ser 100% feliz. Yo quería ser feliz . No hay más. Fue por puro egoísmo», indica. Desde entonces, ha pasado más de una década y sor Marta asegura que se siente muy agradecida. «Entregarme a la Iglesia lo vivo con generosidad» , sostiene. En una entrevista para 'El Oficio De Vivir' habla sobre este asunto. Marta González indica que existe un gran debate sobre si la vida consagrada es entrega o renuncia. Ella lo tiene claro: «Realmente yo creo que es entrega». La monja de clausura, de 29 años, aclara por qué piensa de esta forma. «Volutariamente, para adaptarnos, elegimos o entregamos otras posibilidades como una pareja, una familia, carreras, otros oficios, la libertad para viajar. Hemos descubierto el tesoro de entregarse a Dios , de seguir este camino», sostiene. En este sentido, la monja asegura que ciertos aspectos del día a día dejan de ser relevantes. «Vemos esto tan importante que decimos: 'Todo lo demás me importa menos, lo entrego' . Entrego mi vida a Dios y, si me pide esto, se lo doy», apunta. No obstante, sor Marta asegura que no siempre es fácil. «Es verdad que somos humanas y a veces hay algo que no quieres entregar o que te supone una renuncia, lo ves como que el Señor me lo quita», se sincera. «Eso es algo que en los primeros años, sobre todo, hay que ir trabajando y ver qué es lo que tengo que entregar, hacerlo consciente, ponerlo en oración y en una balanza», concluye la religiosa.