Descubren que el Tyrannosaurus Rex era de sangre caliente y su temperatura corporal era similar a la de los humanos
El Tyrannosaurus rex mantuvo una temperatura corporal cercana a la de los humanos, según un estudio reciente publicado en la revista Science Advances. Los paleontólogos estimaron que este depredador alcanzaba unos 36,1 °C, un dato que aporta evidencia precisa sobre su fisiología y respalda la idea de que era un animal de sangre caliente.
El hallazgo también ayuda a explicar cómo este dinosaurio pudo ocupar ambientes muy distintos durante el Cretácico. El equipo recurrió a fósiles de dientes para reconstruir su temperatura interna y, con simulaciones del clima de hace 66 millones de años, determinó que las condiciones fisiológicas del T. rex eran compatibles con una distribución que se extendía desde Alaska hasta México.
¿Cómo determinaron la temperatura del T. rex?
Para obtener la medición, los científicos estudiaron tres dientes fósiles conservados en el Natural History Museum of Los Angeles County. Dos pertenecieron a Thomas, uno de los esqueletos más completos conocidos de esta especie. Los especialistas perforaron pequeñas zonas del esmalte y analizaron el polvo obtenido para estudiar determinados enlaces químicos entre carbono y oxígeno.
La cantidad de estos enlaces permite reconstruir la temperatura existente cuando se formó el esmalte: su presencia aumenta con temperaturas más bajas. "La química del esmalte realmente registra la temperatura a la que se formó", explicó Aradhna Tripati, bioquímica de la Universidad de California en Los Ángeles. Según la investigadora, 66 millones de años después, esa información puede recuperarse mediante un espectrómetro de masas.
El equipo también analizó cinco dientes de un antiguo crocodiliano hallado en el mismo lugar de Montana. Su temperatura estimada fue de 31,1 °C, una diferencia que ayudó a descartar que los procesos geológicos hubieran alterado por igual la composición molecular de los fósiles.
¿Qué implica que el T. rex fuera de sangre caliente?
La temperatura de 36,1 °C refuerza la interpretación de que el T. rex era endotermo, es decir, capaz de mantener su temperatura interna mediante su propio metabolismo. Los animales con este tipo de regulación suelen presentar mayores tasas metabólicas y niveles de actividad superiores a los de especies que dependen más del ambiente para calentarse.
"Una tasa metabólica más alta implica mayores necesidades de alimento y, posiblemente, una caza más activa", señaló en un comunicado Robert Eagle, geobiólogo de UCLA. El investigador añadió que un T. rex endotermo habría necesitado más comida, pero también podría mantener una actividad prolongada, desplazarse y ocupar regiones frías.
El resultado ayuda a comprender la presencia de tiranosáuridos en Alaska. Aunque el Cretácico era entre 11 y 25 °C más cálido que el clima actual, los inviernos de esa región aún habrían supuesto condiciones difíciles para un animal de sangre fría. Las simulaciones paleoclimáticas sitúan el rango fisiológicamente viable del T. rex en Norteamérica hasta México.