'Ruega por nosotras', correccional femenino vigilado por malos hábitos
La filmografía de Daniel Monzón ya sugiere su capacidad para el baile: es un director que se mueve con gracia en varios géneros, incluso subgéneros, como el carcelario ('Celda 211') o el cine llamado 'quinqui' ('La ley de la frontera') o el thriller de acción ('El niño'). En su última película ensaya nuevos pasos, pues el asunto carcelario lo lleva a lo religioso, lo familiar y lo social. 'Ruega por nosotras', que no tiene nada que ver con 'Los domingos', de Pilar Palomero, le coloca un espejo cóncavo (y en cierto modo, real) a una congregación religiosa y al uso perverso que de ella podían hacer las familias muy 'severas' y aquella sociedad aún franquista, o tardofranquista, que todavía no había aprendido a prescindir de su rigor puritano. El argumento arranca en el año 1974, y con una joven de 19 años que pretende vivir una libertad para la que su padre y madre no están preparados, y la ponen al mal recaudo del Patronato de Protección a la Mujer, una especie de reformatorio regentado por monjas y que pervivió como institución hasta 1985. Es decir, que la pesadilla que vivió la joven protagonista, aunque choque bruscamente con la mirada del espectador, responde a una 'realidad' histórica, o a una parte esquinada de ella, al menos. Pero, la realidad y la verosimilitud no coinciden siempre, y para conseguir veracidad no basta solo con la verdad, y en esta historia de chiquillas 'presas' y de monjas carceleras se busca con tanto ahínco aquella autenticidad en los personajes y en los comportamientos que hoy es fácil confundirlos con tópicos y clichés. La maldad de la monja encargada, la bondad dramática de la monja joven, la clase de la niña rica rebelde, la temible frialdad del padre, la absurda moral de la madre, la brutalidad de los castigos, la amistad inquebrantable que aflora en el interior de ese lugar siniestro… 'Ruega por nosotros' es una película que impacta y el hecho de que cuente 'verdades' no evita percatarse de que tiene un casi exclusivo punto de vista, el de las niñas víctimas hacia las monjas opresoras, aunque, en el fondo, la opresión viene de la familia y la moral social. El trío protagonista tiene mucha fuerza, las jóvenes Zoe Bonafonte y Manuela Calle y la siempre sorprendente Adelfa Calvo, que clava a su monja con cierta policromía a pesar de ser siempre un reflejo en el espejo cóncavo , con algunos de esos clichés mencionados y a veces sobrantes (la sugerencia al lesbianismo no funciona bien y se ve como un 'pegote' residual). Patricia López Arnaiz y Antonio de la Torre son los protagonistas de 'Sacamantecas', de David P. Sañudo, que está en la Sección Oficial pero no en la competición por la Concha de Oro. Cuenta la historia de Juan Díaz de Gargayo, asesino de mujeres en una zona rural de Álava a finales del siglo XIX, mientras la III Guerra Carlista; y en el guion prevalece la investigación que hace una mujer, hermana de una asesinada, y las no bien explicadas dificultades que pusieron las autoridades para encontrar al asesino. La sordidez de la historia no produce en la pantalla ni excesiva intriga ni tampoco tensión, y convierte el relato en crónica que camina, digamos, a campo abierto, pero les procura al menos la posibilidad a sus dos cualificados protagonistas de componer a los personajes a pesar de todo. Una mujer rígida y decidida para la época y con ciertas sombras sugeridas, y un tipo primario, un superviviente en medio del lodazal, analfabeto y con un impulso salvaje y sin remordimientos para la violación y el asesinato. La historia se cuenta, sí, pero ¿y qué hacemos con ella?