El Barça es un tanque contra sus rivales
Tras el muy largo, desagradable y penoso parón por fin volvió el fútbol y con él la alegría de nuestros días, la rutina que nos hace humanos y civilizados. Y no tardó ni dos minutos Gordon en dar por inaugurada la tarde y marcó su primer gol con el Barça tras una atropellada conducción y un rebote en el tobillo de un contrario. Todo un poco feo y bastante afortunado, pero estos goles valen como los otros y así también se gana. Contento el inglés de romper su maleficio goleador con el Barcelona Fue importante marcar tan temprano contra un equipo como el Getafe, que tuvo que pensar en hacer algo más que en administrar el empate inicial. Gabriel Jesús de '9', Gordon también muy en punta. El Getafe se defendía con una línea de 5 y otra de 4 por delante. A pesar de ello, el Barça jugaba por dentro, buscando líneas de pase para poder girar. Era un trabajo difícil, laborioso, que el Barça acometió con distinta fortuna pero siempre con el mismo entusiasmo. A Gavi en el 10 le faltó nervio y prontitud para aprovechar una buena internada de Gordon. El rechazo lo chutó Lamine buscando una genialidad pero le salió un churro. Otro centro envenenado de Gordon lo sacó David Soria con una mano extraordinaria. Gerard Martín, el menos preciso en sus asistencias. El Barça fue perdiendo profundidad pero no porque no lo intentara sino porque no le salía. Lamine estaba como ausente, apagado, no le acababan de salir las cosas, pero escribir este tipo de frase es siempre aventurado porque a este chico le basta con un instante de luz para cambiar el aire. De todos modos, una cosa es cierta: hace meses que su expresión destila algo entre apático y descontento. El que no tuvo ningún problema ni de impotencia ni de tristeza fue Gabriel Jesús, que buscó el gol con una gran jugada dentro del área y lo acabó encontrando. Bonita manera de aprovechar su primera titularidad. El Barça de este año, con momentos muy brillantes y otros menos, es una máquina de aplastar rivales. Va a su ritmo, que no siempre es el mismo, pero siempre es el suyo. Y unas veces con más comodidad y otras con menos -como es natural- acaba reduciendo a su rival, lo empequeñece y le pasa por encima. El Getafe también continuó a lo suyo, con su bloque bajo, con sus precauciones defensivas, como si el marcador no se hubiera movido. La segunda parte empezó con el Barça insistente en la presión y el Getafe intentando abrirse para marcar por lo menos un gol para entrar en el partido. Pero en el reequilibrio de fuerzas parecía más probable el tercero local que el primero visitante. El Getafe superaba a veces la primera presión del Barça pero luego estaba Rodri. El Getafe buscaba ser más intenso pero moría asfixiado por un rival que no bajaba la guardia. Entre los valores del Barça tendría que estar también el de ser limpio y aunque Lamine sea un genio hay que enseñarle que en el primer mundo no tiramos las cosas al suelo cuando ya no nos hacen falta. El césped del Camp Nou quedó poblado de cosas blancas que eran los restos de esas vendas que lleva en la mano y en la muñeca y que no sirven para nada. El partido perdió ritmo y belleza. El Getafe no arriesgaba, el Barça ya tenía bastante. Olmo y Gavi fueron los sacrificados y entraron Pedri y Fermín. No se atrevió de entrada Flick a cambiar a Lamine, en la primera ventana de cambios. En la segunda tampoco: Rodri y Gordon fueron sustituidos por Bernal y Adeyemi. En el 72 Koundé remató el tercero, apareciendo por sorpresa en el área, y dando forma a un buen centro de Lamine. El Barça como un tanque imperturbable volvió a disparar contra cada una de las esperanzas de su rival, sin dejarle opción a nada. No fue el partido más brillante de la temporada ni hizo falta. Fue un partido sólido, controlado, antes aburrido que innecesariamente emocionante. Lamine está triste, pero nadie sabe por qué. Abdelkarim tuvo diez minutos en detrimento de Gabriel Jesús.