Daniel Richardson, la joya oculta del Climent Club: «Me da igual perder, y eso me hace peligroso»
Hay nombres que ya empiezan a sonar con fuerza en el panorama nacional y otros que todavía permanecen un poco más alejados de los focos. Daniel Richardson pertenece, de momento, al segundo grupo. El peleador del Climent Club comparte generación y equipo con algunos de los prospectos que más ruido están haciendo en redes, pero su camino está siendo diferente, pero con la convicción de que el tiempo terminará poniendo cada cosa en su sitio . El propio Richardson reconoce que Lewis y Manguelo, compañeros de gimnasio, han conseguido mucha más repercusión mediática, aunque no considera que eso signifique estar infravalorado. «Yo voy a ser alguien que va a tener que ganar más también con el tiempo, con las peleas a pico y pala», explica. «Yo siento que estoy valorado bien, creo que aún tengo mucho que demostrar con el nivel que siento que tengo», añade. Y argumentos no le faltan. Richardson empezó en el taekwondo con apenas 11 años en Catral, llegó a competir a nivel nacional e internacional y representó tanto a España como al Reino Unido. Con 18 años aterrizó en el Climent Club, pasó por el kickboxing y el Muay Thai y terminó encontrando en las MMA el deporte que quería practicar. Su origen en el taekwondo ha hecho que buena parte de los aficionados lo identifiquen rápidamente como un especialista del striking (golpeo). Una etiqueta que Richardson quiere borrar cuanto antes. «La gente se piensa que yo soy striker, y están muy equivocados» , advierte. «Si de verdad piensan que yo no puedo derribar, no puedo finalizar, a mí me da igual quien me entre a derribar, lo invito. Buena suerte, no me importa», termina por decir. Su siguiente prueba llegará el 24 de octubre en el WOW 33, en Vitoria, frente a Wilmar Quirama. Richardson espera un combate exigente ante un rival al que define como «un tío duro», pero tiene claro que está preparado para cualquier escenario: «Invito el derribo e invito el striking también, no tengo problema». Richardson no esconde su ambición. Su objetivo final es llegar a la UFC y convertirse en campeón, pero a diferencia de otros jóvenes prospectos, no tiene ninguna intención de saltarse etapas. «Obviamente todos soñamos con ser campeón de la UFC. Yo lo digo y lo pienso que puedo conseguirlo», asegura. Pero inmediatamente pone los pies en el suelo: «Yo siento que tengo algo diferente, siento que tengo la calidad, siento que tengo la disciplina y siento que tengo las cualidades para estar ahí y para ser el mejor del mundo». Pero quizá la declaración que mejor define a Richardson no tenga que ver con su striking, sus aspiraciones o su futuro. Tiene que ver con algo mucho más difícil de medir: su relación con la derrota. El peleador reconoce que no está obsesionado con conservar el cero y que incluso una derrota puede formar parte del proceso de crecimiento. «Y mira que no he perdido hasta ahora, pero no le temo a perder. ¿Qué es lo que me hace peligroso? Que me da igual perder », explica No significa que no quiera ganar. Todo lo contrario. «Si alguien me gana una noche porque es mejor que yo, chapo. Pero te lo voy a poner difícil». Ese es Daniel Richardson. Un peleador que todavía no ocupa todos los focos, pero que siente que tiene algo diferente y que está dispuesto a construirlo pelea a pelea. El siguiente capítulo llegará el 24 de octubre en Vitoria. Y Wilmar Quirama será quien tenga que intentar demostrar que la joya todavía necesita tiempo para pulirse.