Julián Álvarez tiende la mano 125 días después
Pese a que ante el Deportivo de A Coruña se salvó por los pelos , inocente y garrafal el fallo del canterano Kevin Sánchez en la última jugada del partido, lo cierto es que en el Metropolitano y en sus inmediaciones se ha instalado una sensación de amplio optimismo con la temporada del Atlético de Madrid. Los colchoneros, contra los blanquiazules, sumaron su sexta victoria consecutiva en Liga, la misma que les permite retener la segunda plaza de la clasificación, y ya son ocho los duelos acumulados sin conocer la derrota. De hecho, para encontrar en el calendario su último tropiezo hay que retroceder hasta el 9 de septiembre, hace un mes y medio, cuando fueron amansados, aunque por la mínima, por el Liverpool en Anfield. Un momento de regularidad que acaba de sumar un arma nuclear latente a la ecuación ganadora pues Julián Álvarez, el pasado sábado, hizo todo lo que le exigía la afición colchonera para iniciar la ansiada reconciliación. El delantero argentino, después de anotar el tanto de la victoria, al fin agarró el micrófono . «Quería pedir perdón a nuestra gente por mis palabras durante el Mundial. Fueron una equivocación. Las formas y el momento. Sobre todo porque entiendo el enojo de la gente. Yo también me hubiera enojado si fuera hincha. Y más por cómo me han bancado. Fueron muy generosos y eso lo valoro mucho», aseguró el delantero. Con esas palabras, tiende la mano Álvarez a la afición atlética 125 días después de su intento de fuga al Barcelona, un movimiento que el mismo delantero forzó hasta la extenuación cuando en Dallas, Estados Unidos, y tras el partido de fase de grupos contra Austria, reconoció que quería abandonar el Metropolitano para «cumplir un sueño». «Creo que lo mejor para todos es una transferencia», sentenció por aquel entonces, frase lapidaria que hizo que el corazón de los miles de colchoneros en el mundo se astillara. En ese momento, comenzó una dura y seguramente justificada campaña de los hinchas rojiblancos contra su persona, desde las pancartas en su contra en el Centro Deportivo de Majadahonda hasta las sonoras pitadas cuando su nombre y apellido se escuchaban por la megafonía del Metropolitano, la última ante el Deportivo, aunque con menos decibelios de lo habitual. Sin embargo, poco a poco, y porque la memoria en el fútbol suele ser a corto plazo, comenzaron a brotar indultos desde las gradas. Ya en el derbi ante el Real Madrid del pasado 20 de septiembre, recibió una buena ración de aplausos cuando forzó un córner tras embestir al corpachón de Konaté. Alfa de un acercamiento que parece haberse completado durante esta semana, cuando Julián consiguió firmar sus dos primeros goles de la temporada: el primero ante el Stuttgart en Champions y el segundo, en el ya mencionado duelo contra los gallegos. Dos dianas que han significado cuatro puntos y que, aderezados con el esperado perdón, parecen haber construido un camino para que astro, equipo y aficionados caminen juntos en la misma dirección. Es por eso por lo que los colchoneros deben estar contentos. Si a este grupo que ya de por sí funciona se le añade el olfato y la maestría de Álvarez, se puede soñar en grande. Una teoría que validó el propio Simeone en rueda de prensa. «Me alegro por Julián. Se sentirá muy en paz. Cuando dice esto es porque lo siente. Lo necesitamos . Si el club quiere llegar donde los hinchas sueñan, necesitamos a Julián bien (...). Le doy mucho valor», señaló su maestro y compatriota, que también ha intentado mimar al futbolista después de mostrarse frío y distante con él en los primeros compases de campaña. Todo sopla a favor del Atlético, que gana cuando antes empataba o perdía, mete goles en vez de fallarlos y se impone con juego y criterio en lugar de descontrolarse o tirar de racanería. Un momento de lucidez que tendrá un examen de altura el próximo tres de noviembre, cuando el Bayern de Múnich , ogro de media Europa y aún imbatido, visite el feudo rojiblanco. Kane, Pavlovic, Upamecano, Neuer y compañía imponen lo suyo, pero un Atleti en plenitud y con un Julián ya saneado, y como siempre impulsado por su ferviente afición, no tiene por qué temerle a nadie.