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Por qué huir a aguas internacionales no es tan buena idea como parece

“Por supuesto que se puede apresar a un delincuente en alta mar”, responde el escritor Matt Soniak, desconcertado por la pregunta que se le plantea. “De hecho, ocurre a diario. Las aguas internacionales no son un paraíso criminal. En ellas se aplica, para empezar, la ley de la embarcación bajo cuya bandera viajas”. A Soniak se le ha planteado si un fugitivo internacional como el activista informático Edward Snowden, que en 2013 llegó a solicitar asilo político en 21 naciones, no hubiese podido, sencillamente, zarpar en dirección a algún atolón remoto y esconderse allí hasta que se olvidasen de él. “Para empezar, si ese atolón hipotético está cartografiado, es muy probable que pertenezca a alguna nación soberana. Segundo, incluso una embarcación particular debe navegar bajo alguna bandera si quiere acogerse al derecho de libre navegación reconocido por las Naciones Unidas en su Convención de las Leyes del Mar. Si hubiese zarpado bajo bandera de Corea del Sur, por ejemplo, hubiese estado a todos los efectos en territorio surcoreano, por lo que EE UU podría haber solicitado su detención y extradición como en Seúl”.

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