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Nueve trucos para rebajar la factura de la luz sin cambiar de compañía

Ya nadie ignora que la energía doméstica es cada vez más cara y, lo que es peor, no tiene visos de abaratarse en próximas fechas. Con el último gobierno, la factura eléctrica se ha disparado y para muchas familias el gasto de electricidad y/o gas se ha convertido en una parte demasiado grande de su presupuesto mensual. Hasta tal punto se ha vuelto la situación preocupante que los agentes sociales han recuperado el concepto de pobreza energética: aquellos hogares que no pueden costear un mínimo de suministro para hacer su espacio habitable.

Pero sin llegar a estos extremos, la mayoría de las personas tenemos a nuestro alcance una serie de gestos, trucos y estrategias que, sí las observamos con racionalidad y disciplina, pueden aliviar el monto mensual, o bimensual, de la factura de la luz y el gas. Algunos de ellos pueden parecer muy obvios, pero no por ello son menos tenidos en cuenta, y en cambio el hacerlo nos suponer hasta un 40% de ahorro sobre el consumo total. Claro que los impuestos ya son otra historia, pero siempre es mejor restar que sumar.

En tiempos de bonanza, cuando la crisis no se había cebado con la mayoría de las familias y la factura era 'pagable', muchos hogares solían mirar poco la potencia fija contratada con el servicio. El pensamiento general era que "más vale que sobre que no que falte", de cara a prevenir picos de uso de electrodomésticos en los que podían saltar los plomos. Hoy una potencia mal contratada, es decir en exceso para la intensidad de uso que tenemos, puede llegar a doblar el monto de la factura, ya que cada tramo se grava sensiblemente.

No es ninguna mala idea revisar la potencia y valorar si se necesita la que tenemos o bien podemos bajar al tramo inferior. En el caso de temer un apagón en un pico de consumo -por ejemplo tener la lavadora, el lavavajillas, la secadora y las placas en funcionamiento-, podemos pautar el funcionamiento de las máquinas, de modo que no las usemos todas a la vez. Así podremos funcionar sin problemas con menos potencia.

Es posible que si lo consultamos, la empresa que nos presta el suministro tenga un elenco de tarifas con las que intenta adaptarse a los diferentes consumidores y a la vez repartir el consumo a lo largo del día con el fin de evitar la concentración en las hora punta. Puede interesarnos, o no, acogernos a una de estas tarifas, que suelen cobrar menos por el consumo nocturno o en horas valle. Si nos podemos adaptar a ella, merece la pena contratarla, pero teniendo en cuenta que el incumplimiento de la misma de castiga con sobre costes.

Cada electrodoméstico tiene su idiosincrasia, pero en términos generales se calcula que un mal uso puede acarrear entre un 15% y un 40% de sobre coste en lo que a consumo mensual se refiere.

No se trata aquí de recomendar yogures caducados, como hacía cierto ministro con tan buen tino como mala comunicación, pero sí es cierto que nuestro cuerpo es muy plástico y aumenta o baja su tolerancia al frío y al calor en función de cómo lo acostumbremos. Hay personas que creen que en invierno no se debe estar dentro de casa a menos de 24 grados y en verano a más de 22, cuando lo cierto es que las temperaturas ideales son 21-22 grados en invierno y 25-26 en verano.

Nuestro cuerpo es perfectamente capaz de tolerarlas, y podemos ayudarnos a ello con jerseyes y calcetines o zapatillas de estar por casa si sentimos frío. Por la noche es mejor bajar la calefacción al mínimo, no solo por razones energéticas sino también porque el calor nos reseca las mucosas y nos deshidrata. De día podemos dejarla a una temperatura de base cuando estemos fuera para evitar el enfriamiento excesivo de la casa.

Otra medida es evitar las ventilaciones matutinas prolongadas, aunque nos parezca que la casa huele "a tigre" o "a cocido", ya que a lo largo del día esos olores desaparecerán. Y si no, podemos encender unas velas o usar un incienso suave, que siempre es efectivo. Una ventilación larga nos puede enfriar demasiado la casa. Finalmente, si estamos en disposición, podemos estudiar qué sistema de calefacción nos cuadra más.

A mucha gente le cuesta creer que un aire a 26 grados pueda quitar la sensación de calor, pero es así. Es posible que esta idea viene de las oficinas con equipos de frío mal dimensionados y distribuidos, ya que en esos caso se pone el aire bajo a posta para que llegue a todos los rincones, con serio perjuicio de los que trabajan cerca de él. Pero una casa no es una oficina y el aire debe llegar bien a todos los rincones.

Por otro lado, es recomendable apostar por sistemas inverter, con un ahorro de hasta un 30% respecto a las gamas anteriores. También tenemos que pensar que muchas veces, sobre todo en la costa, es peor la humedad que el calor en sí, por lo que si hay algún programa que simplemente nos seque el aire y ventile la casa sin enfriarla, es mejor optar por él.

Los vampiros energéticos son sumideros de energía domésticos de los que no somos conscientes pero que nos elevan la factura de la luz de una manera significativa.

En materia de calefacción y refrigeración, y en casas antiguas, este aspecto es muy importante porque son verdaderos coladeros de energía calórica. Hay que revisar todas las puertas y ventanas y poner cinta de compresión donde veamos que existen escapes y malos cierres. Nuestro bolsillo lo agradecerá.

Los colores claros atrapan mejor la luz y la rebotan, con lo que precisaremos de menos potencia para iluminar las estancias. Además, rebotan la luz solar creando un 'efecto invernadero' dentro de nuestro hogar.

No se trata de cambiar de golpe todo el alumbrado de la casa por bombillas LED porque todavía son muy caras y se calcula que tardaríamos diez años en compensar con el ahorro energético el gasto equivalente. Pero sí es una excelente idea aprovechar el recambio de una luz fundida para colocar una bombilla LED, cuyo consumo es significativamente más bajo y su potencia lumínica muy superior.

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