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Josie, tras 11 años junto a Cristina Pedroche: “He conocido las miserias y las grandezas de mi país”

Durante doce años, las campanadas de Cristina Pedroche han dejado de ser un simple trámite televisivo para convertirse en un espejo social. Cada 31 de diciembre, millones de espectadores esperan algo más que las uvas: esperan un vestido capaz de provocar conversación, incomodidad, emoción y polémica. Detrás de ese fenómeno está Josie, el estilista que desde hace once años ha construido el imaginario visual de las ‘Pedroche Campanadas’.

Con la perspectiva del tiempo, el balance va mucho más allá de la moda. “Estos once años haciendo ‘Pedroche Campanadas’ me han ayudado a conocer las miserias y las grandezas de mi país y de la gente que me rodea”, reconoce en una entrevista a LIFESTYLE DE LA RAZÓN. Año tras año, el vestido ha actuado como un detonante que concentra amor y odio, aplauso y crítica, y que convierte la Nochevieja en una conversación colectiva donde aflora “lo peor y lo mejor de los seres humanos”.

Doce vestidos en uno: una antología hecha moda

El vestido de este año no nace como una pieza aislada. “Este año el look de Cristina no es solo un vestido, sino una auténtica antología de sus campanadas”, explica Josie. La idea llevaba años rondándole la cabeza porque, como él mismo admite, “los vestidos de las campanadas son obsesiones hechas realidad”.

El reto era mayúsculo: condensar doce años de historia, símbolos y emociones en una sola pieza sin perder coherencia estética. “Hace tiempo que me perseguía la idea de jugar con el imaginario creado durante tantos años, con ese histórico de vestidos que, al despedazarse, podían acabar siendo un nuevo look”, afirma.

Imperfección, upcycling y una belleza que no busca agradar

La inspiración definitiva llegó tras visitar la exposición Dirty Looks. Desire and Decay in Fashion en el Barbican Centre de Londres. “Me obsesionó aún más la idea de hacer un upcycling con los vestidos y capas de estos doce años con el espíritu de la muestra: no buscar la belleza convencional y descubrir el lado desordenado, a veces incluso sucio, de la moda”, relata.

Josie tenía claro el mensaje: “Quería hablar del caótico mundo que nos ha tocado vivir y ser el contrapunto imperfecto a la perfección digital, brillante y absurda a veces”. El vestido no aspira a agradar a todo el mundo, sino a decir algo, aunque incomode.

Convencer a Pedroche y romper con lo intocable

La mayor dificultad no fue técnica, sino emocional. “Lo más difícil fue convencer a Cristina, porque se negó en rotundo: no quería perder los vestidos que tanto significan para ella”, reconoce. Cada uno de esos looks forma parte de su historia vital y desprenderse de ellos no era una decisión menor.

El punto de inflexión llegó con el tiempo en contra. “Un día, muy temprano, antes de que el tiempo de decisión se agotase, me escribió y me dijo: ‘prepáralo todo porque voy a hacerlo’”, recuerda. A partir de ahí, Josie reunió flores, brillos, esculturas, retazos y hasta una mascarilla bordada a mano de cristales increíbles para empezar a construir el nuevo vestido sobre el maniquí.

Artesanía, Made in Spain y memoria generacional

El proceso fue artesanal y colectivo. “He convertido el primer vestido en abanico o la mascarilla en tiara”, explica, apoyándose de nuevo en artesanos y costureros de lo mejor del Made in Spain. El trabajo se desarrolló ajustando pesos, volúmenes y elementos para que “volvieran a la vida con un aspecto distinto, aunque reconocibles”.

La referencia generacional fue clave. “Mi inspiración son esos niños de 12 años que crecieron con estos vestidos y que ahora tienen 24”, afirma. El objetivo era que el público identificara los fragmentos en pantalla y entendiera el vestido como una celebración completa: “12 años, 12 vestidos, 12 uvas y 144 campanadas”.

Un mensaje social: romperse y volver a ensamblarse

Este año, además, el vestido incorpora un mensaje de apoyo y acompañamiento junto a la Asociación Española Contra el Cáncer. “Hay un mensaje importantísimo de desapego a lo material; sin ese proceso introspectivo de deshacerse de lo que tanto significa, hubiera sido imposible crear nada”, reflexiona Josie.

El concepto es claro: romperse para volver a ensamblarse. “Hay circunstancias vitales en las que cuando todo parece roto, hay algo que puede recomponerse. Ahí entra en juego la red de apoyo”, explica. Cada pieza representa a pacientes, supervivientes, familiares, cuidadores y profesionales sanitarios. “Cada pieza cuenta y, unidas, suman”.

Polémicas, presión y el termómetro del iPhone

Tras once años, la polémica sigue siendo parte inseparable del proceso. Josie no la esquiva y la asume como parte del fenómeno. “Estos once años haciendo ‘Pedroche Campanadas’ me han ayudado a conocer las miserias y las grandezas de mi país y de la gente que me rodea”, insiste. Cada 1 de enero, su teléfono se convierte en un espejo social donde conviven críticas feroces, mensajes de odio, debates encendidos y también muestras de cariño y admiración. “He leído ruindades, pero también mucho sentido común, mucha categoría y gente que se expresa con cariño”, añade.

El impacto se mide en segundos. “Si mi iPhone se calienta, es que ha funcionado”, confiesa. Ese primer instante en pantalla —cuando el vestido aparece y las redes estallan— concentra “lo peor y lo mejor de los seres humanos” en cuestión de minutos. “El primer año me lo rompieron directamente y aún tengo aquel susto en el cuerpo, pero a todo se acostumbra uno”, explica, consciente de que ese aluvión de reacciones forma ya parte inseparable de las ‘Pedroche Campanadas’.

¿Las últimas campanadas de Pedroche o el final de un ciclo?

La pregunta sobre el futuro planea inevitablemente sobre este duodécimo vestido. “La gente ya da por hecho que este último look es un epílogo, y quizás tengan razón”, admite Josie. Más que de una despedida definitiva, habla de un cierre de etapa. “El año que viene merece un giro de timón, porque toda esta semiótica ha sido tan novedosa que nos la han copiado hasta la saciedad”, reflexiona.

La incógnita queda abierta. “Si Cristina Pedroche se lanza un año más a ser la reina de las campanadas, tengo una idea. Si decide no darlas más, yo también me bajaría del carro”, asegura. Lo que sí tiene claro es el balance emocional: este vestido es “un recorrido vital de once años de mi vida y doce de ‘Pedroche Campanadas’”, un cierre que suena más a final de ciclo que a despedida.

Un fenómeno que ya es memoria colectiva

Con este duodécimo vestido, las ‘Pedroche Campanadas’ consolidan su lugar en la cultura popular. “Queramos o no, son memorias colectivas de un evento que se ha convertido en tradición”, afirma Josie. No se trata solo de moda, sino de símbolos que han cambiado la forma de consumir las campanadas y de entender la moda en prime time.

Y concluye con una certeza rotunda: “No es porque sea mi amiga, pero Cristina Pedroche es la reina de las campanadas. No hay otra presentadora que pueda fabricarse algo así”. Un reinado construido a base de vestidos, polémica, emoción y un país entero mirándose al espejo cada 31 de diciembre.

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