Menos vídeos, más soluciones
Los leones de las Cortes han perdido toda esperanza. Confiaban que, dada la moda imperante de “selfies”, “tiktokeos” y demás especies mediáticas, algún responsable político se acercara a fotografiarse con ellos, aunque sólo fuera para explicar lo fácil que es gobernar sin el Parlamento, a base de reglamentos, y que Montesquieu, el de la separación de poderes, quedaba definitivamente enterrado.
Al menos, musitan los felinos desde su bronce más frío en estas fechas, alguno de ellos podía haber hecho una grabación con una visita a “Palacio” y. de paso, soltar alguna risa impostada que demostrara su preminencia sobre la institución allí residenciada.
Sólo les queda confiar en que, durante el año que ahora empieza, la vida institucional vuelva a los carriles constitucionales, se dé la voz al pueblo para que exprese en las urnas lo que le parezca oportuno y sus representantes se sienten en el hemiciclo para cumplir la alta misión para la que han sido elegidos.
En estos pensamientos estaban, cuando pasan dos jóvenes, él y ella, que comentan que no van a ir a volver a votar.
--Yo deposité mi confianza en los socialistas y qué quieras que te diga que no sepas, comenta el joven.
--Pues yo voté al PP y no entiendo cómo en todo este tiempo no han logrado llevar a los socialistas a una situación que les obligara a convocar los comicios. Ni una moción de censura como hizo Felipe González contra Suárez, sabiendo que la iba a perder, pero que le dio mucha proyección. Es verdad que la estrategia de esperar que caiga la fruta madura va dando sus frutos, pero nosotros no estamos para aguardar a la cosecha. Algo se podrá hacer...
Ambos coinciden que las otras opciones no les ofrecen garantías porque no estarían en condiciones de formar gobierno, “dicho sea con todos los respetos a unos y a otros”.
A los leones, mudos por obligación, les dan ganas de gritarles que si renuncian al derecho de voto no podrán quejarse después de lo que ocurra y que es necesario, casi obligatorio, acudir a las urnas.
Los partidos políticos, reflexionan, deberían acordarse, a la hora de elaborar sus programas, de un gran sector de la juventud que está desencantada ante un futuro incierto en aspectos tan esenciales para la vida como el trabajo, con unos sueldos dignos; la vivienda y tantas cosas. Que no es necesario esperar a que, como ha ocurrido en otros países, se produzcan protestas de la llamada “Generación Z” o que sean atraídos por propuestas populistas o demagógicas que encuentran en ese desencanto el caldo de cultivo para crecer.
A la juventud, concluyen, no se la gana por medio de mensajes en redes sociales, por muy bien elaboradas que estén las campañas, porque no son tontos, saben pensar y elegir y, como han oído muchas veces entre sus compañeros, lo que hace falta es “menos samba y más trabajo”.