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Catuxa González, crecer junto a un potro en su último año como juvenil

"Soy una amazona de 17 años que acaba de entrar en su último año como juvenil", explica a LA RAZÓN Catuxa González. Su relación con los caballos comenzó muy pronto, casi de manera natural. “De pequeñita iba a una guardería que tenía ponis y, desde ahí, todo fue creciendo. Empecé con clases en una hípica de Santiago y fui progresando poco a poco con distintos caballos que me ayudaron mucho en el proceso”.

Dentro del mundo ecuestre, el Salto de Obstáculos fue siempre su destino. “Lo que me hizo escoger esta disciplina fueron las sensaciones que transmite: hacer un recorrido junto a tu caballo, la activación, esa sensación de impulso”, cuenta. “Desde pequeña siempre era lo que más me gustaba, me encantaba ver las clases de Salto y soñaba con estar ahí”.

Hasta hace poco, Catuxa competía con "Amelie", una yegua experimentada con la que vivió "temporadas increíblemente buenas". Sin embargo, llegó un punto de inflexión: “Llevábamos muchos años juntas y poco a poco nos íbamos quedando un poco atascadas siempre en lo mismo", reconoce. “Tomamos la decisión de venderla para que ella siguiera brillando por ahí adelante y yo pudiera evolucionar deportivamente". Ese cambio abrió la puerta a un nuevo compañero: un potro joven que llamó la atención por sus orígenes y, sobre todo, por su carácter. “La primera vez que lo probé pensé que sería un camino largo, pero del que estaríamos orgullosos en el futuro. Ahí tuve claro que quería que fuese mi nuevo compañero”, explica.

Reto mayúsculo

Asumir la formación de un caballo joven siendo todavía juvenil supone un reto mayúsculo, pero Catuxa lo afronta con ilusión y ambición. “Me hace muchísima ilusión. Sé que será un camino largo, pero muy emotivo, y creo que me va a aportar muchísimo como amazona. Tengo muchas ganas de aprender en esta nueva etapa”.

En este proceso, la paciencia se ha convertido en la base de todo. "En el poco tiempo que llevo con mi caballo me he dado cuenta de que lo más importante es la paciencia. Si tienes eso, el resto llega solo: la confianza, la conexión…". Una relación que no es unidireccional. "Yo le tengo que enseñar a él, pero él también me va a enseñar mucho a mí", cuenta.

El trabajo diario ha cambiado radicalmente respecto a lo que vivía con una yegua ya madura. "Cada día aprende una cosa nueva y con el paso del tiempo hay que reforzársela”, explica. El potro trabaja seis días a la semana, combinando sesiones montado, trabajo a la cuerda y ejercicios adaptados a cada situación. "Algunos días trabajamos en plano, otros saltamos recorridos en la pista exterior y, cuando llueve, hacemos ejercicios de control en el picadero. Responde increíblemente bien y lo hace todo bastante fácil”.

Buen carácter

La convivencia también marca la diferencia. "Gracias a su carácter es súper cómoda y agradable. Es muy cariñoso y expresivo; a veces, solo con sus gestos, ya sabes cómo se siente o qué necesita".

En cuanto a los objetivos, Catuxa prefiere no precipitarse. "Los planes van fluyendo, pero a corto plazo queremos que se vaya formando y haciendo concursos, poco a poco". A medio plazo, las metas son más ambiciosas. "Nos encantaría poder correr su categoría en concursos importantes, si no pudiera ser conmigo, con mi profesor, que me apoya y me ayuda en cada momento de este proceso".

Las sensaciones son prometedoras. “En el poco tiempo que llevo montándole ha demostrado mucha calidad y valentía. Me encantaría poder correr algún Campeonato de España de caballos jóvenes con él y seguir sumando concursos buenos”.

Vínculo especial

A nivel emocional, trabajar con un potro también supone un vínculo especial. "Con un caballo joven creas una relación muy fuerte porque estás con él desde el principio de su carrera deportiva. Deportivamente, la paciencia es aún más fundamental que con un caballo experimentado”.

Mirando al futuro, Catuxa tiene claro su objetivo principal. “Este año lo más importante es que el caballo se vaya haciendo y habituándose a los concursos, a sitios nuevos. En un futuro, quiero sentirme orgullosa de hasta dónde hemos llegado, sabiendo todo lo que hubo detrás".

Más allá de la competición, el caballo es una parte esencial de su vida. "Montar me da tranquilidad y pasión a la vez. Este deporte es duro física y mentalmente, pero te hace fuerte y siempre te aporta algo como persona y como deportista".

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