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La tele trumpista que ven los obreros ingleses

La batalla legal de Donald Trump contra la BBC no es una excentricidad más del presidente estadounidense. Forma parte de una estrategia política más amplia y ya probada: convertir a los medios tradicionales en un adversario, erosionar su autoridad y debilitar el papel del periodismo como árbitro del debate público. Y, en este sentido, incluso si la demanda de 10.000 millones de dólares por supuesta difamación contra radiotelevisión pública británica no prospera, tampoco importa demasiado porque ya hay un ganador claro: GB News. El canal de derechas que nació al calor del Brexit y al que Trump considera alineado con su movimiento MAGA está sacando el mayor rédito a una guerra cultural que impulsa aún más si cabe el auge del populismo en el Reino Unido.

Cuando GB News comenzó a emitir en 2021 se consideró todo un experimento, un rival anodino para la BBC y la establecida Sky News, la principal cadena privada de noticias. Se alejó de la tradición británica de objetividad seria y apostó por el modus operandi de sus colegas al otro lado del Atlántico, con un tono hiper partidista y presentadores-showman. Entre ellos, el propio Nigel Farage, hoy líder de Reform Uk, formación que encabeza todas las encuestas de opinión y que, con tan sólo cuatro diputados, está forzando al Gobierno laborista de Keir Starmer a endurecer su política migratoria.

Desde el principio, al nuevo canal de televisión se le etiquetó como la 'Fox británica'. Sus fundadores -entre los que está Paul Marshall, uno de los hombres más ricos del Reino Unido con una fortuna que aumentó durante la pandemia especulando sobre las empresas que se verían afectadas por Covid- creían claramente que el proyecto podía funcionar en un país que, tras el Brexit, estaba en plena búsqueda de identidad.

Hubo dudas sobre su supervivencia tras un inicio accidentado marcado por problemas técnicos y la marcha del presentador estrella Andrew Neil, un veterano muy respetado de la BBC que duró apenas ocho programas antes de dimitir. Pero el canal ha ido avanzando de forma constante con una audiencia que no se siente representada por el tradicional bipartidismo. Y ahora, con la demanda de Trump a la BBC, ha conseguido el despegue definitivo tras un cortejo que viene de lejos.

La presentadora Bev Turner logró un puesto en el "press pool" durante el viaje del presidente estadounidense a su campo de golf escocés de Turnberry el verano pasado y le conquistó con preguntas críticas con el Gobierno británico. "¿Con qué medio estás", le preguntó el mandatario republicano. "Porque estás haciendo preguntas muy amables", añadió. Cuatro meses después, la periodista obtuvo una entrevista con él.

La Fox británica

El inquilino de la Casa Blanca reclama hasta 10.000 millones de dólares por difamación, acusando a la radiotelevisión pública británica de haber manipulado de forma "maliciosa y engañosa" un contenido informativo para presentarlo como alguien que incitó a la violencia durante el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

La BBC representa exactamente el modelo que el trumpismo combate: un medio financiado por los ciudadanos, regulado, con vocación de imparcialidad y una autoridad moral construida durante décadas. Atacarla es cuestionar no solo un contenido concreto, sino el propio principio de legitimidad del periodismo institucional. Por lo que GB News se frota las manos.

El canal está expandiéndose hasta incluir una oficina en Washington que ahora emite un programa nocturno. En Downing Street, donde el auge del populismo de Farage podría incluso derivar en una moción de confianza contra el primer ministro, toman nota. Starmer es entrevistado habitualmente por el editor político Christopher Hope, un veterano periodista del lobby de Westminster, y los ministros del Gabinete suelen hablar con GB News durante la ronda matinal de entrevistas para tener visibilidad.

Hope asegura que el canal aspira a seguir creciendo y sostiene que tiene un conocimiento claro de su audiencia. "Creo que son personas que se sienten ignoradas por los principales partidos políticos. Se sienten decepcionadas. Sienten que el Brexit fue algo que votaron y que no se ha hecho correctamente, y creo que son personas a las que si Trump fuera un político del Reino Unido, les resultaría atractivo", matiza.

James Frayne, ex asesor del Gobierno británico, explicaba recientemente en Político que "es difícil apreciar qué fenómeno es GB News si tu vida transcurre principalmente en Londres". "Se está convirtiendo en el canal de referencia para la Inglaterra de clase trabajadora. No está solo en los hogares: lo ves de fondo en innumerables pubs y pequeños negocios en cada ciudad que visitas. La BBC se ha vuelto inexistente en muchos de estos lugares", apunta.

Otros observan al canal con escepticismo y alarma. Tom Chivers, de la Media Reform Coalition, un grupo de investigación no partidista que defiende los medios de interés público, considera que "no se trata de ofrecer fuentes alternativas de noticias ni de atender a audiencias que se sienten desatendidas", sino que, en realidad, se trata "de élites políticas poderosas que ya tienen un poder considerable en la política y los medios, y que buscan garantizar que su lugar en la mesa, su voz en las pantallas y en la radio sea permanente, quede arraigado".

Una guerra cultural

De momento, GB News aún no ha obtenido beneficios económicos. Registró una pérdida después de impuestos de 33,4 millones de libras en 2024, frente a una pérdida de 42,4 millones en 2023, según sus últimas cuentas. El canal —que en ocasiones ha recibido toques de atención del regulador audiovisual por cuestiones de imparcialidad— también se ha enfrentado a una campaña organizada de boicot publicitario. Pero eso no le impide conseguir poder, influencia y el apoyo incondicional de un presidente estadounidense que está rompiendo las reglas de juego en todos los ámbitos.

Trump actúa como un agitador global. Y GB News, sin necesidad de disparar, emerge como el gran beneficiario. No como vencedor puntual, sino como el producto natural de una guerra cultural que ya ha cruzado el Atlántico y ha encontrado en el Reino Unido un terreno fértil.

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