Los misterios de Barajas
De tanto progresar, nos va a llevar este Gobierno de vuelta al XIX. Un poco igual que hace Trump en materia geopolítica. En el caso patrio vivimos en un desvarío romántico de novela gótica, lo cual es lógico siendo España un escenario típico del género, y así de «Los misterios de Udolfo» hemos transitado hasta «Los misterios de Barajas», para darle el toque tecnológico a la oscuridad esencia de tales asuntos. Barajas, el aeropuerto sueño de Richard Rogers, ha devenido en castillo tenebroso, puerta con quejido, abadía sombría y mazmorra y cripta de nuevo cuño. Y es que ¡mira que pasan cosas misteriosas en Barajas!
La última tuvo lugar el día de la llegada de los cinco presos políticos liberados por la dictadura bolivariana a punta de imposición norteamericana. «Hoy es un día feliz. Ya están en España los cinco compatriotas liberados ayer en Venezuela. Han podido reencontrarse, por fin, con sus familias y amigos. Espero poder verlos pronto y les deseo que recobren la normalidad de sus vidas con rapidez», escribía en X el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Los que también esperaban verlos pronto eran los periodistas y familiares que esperaban en la puerta de salida de la T4 de Barajas y se quedaron a dos velas. A los excarcelados se los tragó Barajas. Fueron conducidos directamente del avión «por las autoridades» hasta sus vuelos de enlace. «Las autoridades», ese saco sin fondo. ¿Quién o quiénes, qué cargos públicos, esperaban en Barajas a los liberados? Pongamos que salieron a través de la terminal de autoridades, que parece lo más probable. ¿Qué se les dijo allí? ¿En nombre de quién? ¿Asumieron las autoridades españolas condiciones inasumibles en nuestro país o les dijeron la verdad, que con su silencio podían evitar perjuicios a otros encarcelados?
Los misterios de Barajas se profundizan, se hacen abisales, cuando ese runrún sobre la prohibición de hablar sobre su cautiverio fue explicada en un comunicado por el «único vocero autorizado» de Rocío San Miguel, su hermano mayor. En el mismo intentan darle «con absoluta responsabilidad jurídica» una explicación a la mordaza que pesa sobre los cinco presos políticos españoles puestos en libertad en ese momento. Lo que sigue no es que sea un misterio, sino que es una aparición ectoplásmica. Nos dice el hermano que «no se trata de una libertad plena», sino «de una medida cautelar sustitutiva (...) otorgada en el marco de un procedimiento judicial». Pero, pero, pero... ¿qué nos cuenta? Suponiendo que existiera tal resolución emitida por el juez de una dictadura –que lo dudo, no la veremos nunca– ¿pretende decirnos que las medidas cautelares o condiciones puestas por tal estado tienen vigencia en España?, ¿quiere que asumamos que algo absolutamente inconstitucional en nuestro país tiene vigencia en ciudadanos españoles porque lo dice un tipo venezolano? «Mantiene medidas de prohibición de declarar públicamente», en serio, ¿una española en España? Ni los reos condenados tienen tal prohibición ni existe ninguna pena posible de ese tipo en un Estado de Derecho. Todo suena a una coacción para permitir la salida de su marido que, al parecer, se habría producido en las últimas horas. Dígannos eso, que no somos niños, y añadan todos los agradecimientos «fake» que les hayan impuesto, que ya sabremos interpretar entre líneas.
«Esta situación no constituye un destierro, ni una renuncia a sus derechos, sino parte de los acuerdos humanitarios y diplomáticos alcanzados para viabilizar su excarcelación», prosigue el hermano. Otro misterio, otro más, de los que nunca se informa a la ciudadanía, ni a la oposición, ni al parlamento: ¿qué acuerdos diplomáticos se han suscrito y por quién? La diplomacia no es un negociado privado, sino que tiene como misión representar y velar los intereses de un Estado y, siendo un alto valor devolver la libertad a cinco españoles encarcelados por un tirano, también lo es la transparencia de conocer qué ha suscrito por cuenta de nuestro país y con qué condiciones.
Otro secreto que se tragará Barajas, como ya ocurrió con las maletas de Delcy.
La noche aquella sí que tuvo tintes góticos, aunque Ábalos no dé el tipo para hacer de conde romántico y siniestro. O sí, ¡qué tontería! Los procedimientos sobre aquellos oscuros hechos se archivaron o no se llegaron a abrir. El Tribunal Supremo afirmó que el acceso al territorio español se produjo desde el momento en que la aeronave sobrevoló espacio aéreo español, y que, cuando el Falcon aterrizó en el Aeropuerto de Barajas, con absoluta independencia de la terminal a la que se dirigiera y de la zona del aeropuerto por la que transitara, la vulneración del mandato emanado del Consejo de la UE ya se había consumado.
El misterio de las maletas: del oro a los folletos turísticos. Un misterio aeroportuario del que, como Aldama no tenga prueba alguna, nos quedaremos sin saber. Mala novela la que no tiene final. Igual que tras «Los misterios de París» de Sue, vinieron «Los misterios de Londres» de Reynolds y hasta «Los misterios de Madrid» de Flores, los de Barajas vinieron engendrados por aquel vuelo tortuoso del líder del Frente Polisario a Zaragoza que le costó el puesto a González Laya, recientemente recolocada.
Toda la política exterior española es un misterio: ¿por qué abandonamos a los saharauis después de décadas?, ¿qué ha sido de Argelia?, ¿y ese acercamiento a China?, ¿y las veladas relaciones con Marruecos? ¿Y Venezuela y Plus Ultra y...? Todo hace pensar que Sánchez se ha tomado a pecho que el Ejecutivo dirige la política exterior y que puede hacerlo, pues, a espaldas del Parlamento. Los misterios de Barajas son los misterios que acechan a nuestro futuro. Los ciudadanos de un Estado tienen derecho a saber cuál es la posición de su país en el mundo, sus alianzas y sus compromisos. Sánchez ha hecho de todo ello un misterio y una sospecha y un riesgo.