World News in Spanish

Enrique Vila-Matas: «Se está perdiendo la memoria de la gran literatura por las novedades»

[[LINK:TAG|||tag|||63361b1c87d98e3342b27598|||Enrique Vila-Matas]] jura que ha vivido y que ha sido un malentendido lo que ha proyectado la imagen que hoy tiene. «Me convertí en personaje sin quererlo, en concreto, por las noches, por las actividades que desarrollaba, por mi manera de ser. O sea, que conseguí ser un personaje, aunque no lo buscaba. En cuanto empecé a saber esto, me alejé para convertirme en un escritor. La gente pensaba que estaba buscando el papelón, pero no». El escritor revela que «la vida y la literatura se han conjugado en mi caso. No se puede negar que he vivido. Bastante. Es difícil separar esa realidad. Además, de un tiempo a esta parte, casi todo lo que me ocurre es novelable, es literatura. Pero es vida real al mismo tiempo. Se pensó, por “El mal de Montano”, que estaba enfermo de literatura. Pero no es así. En absoluto. Esto ha creado una figura que quien me conoce sabe que no es exacta».

El novelista recibe hoy el Premio Zenda de Honor, pero la impaciencia le vence y se apresura a adelanta unas palabras del discurso de hoy. «La última frase dice que la literatura no es algo importante, pero que, por eso, es interesante. Antes, menciono una frase de[[LINK:TAG|||tag|||633615ebecd56e3616931fde||| Agatha Christie]] que afirma que lo que aparenta ser nada es donde está lo interesante. Mañana se entenderá mejor esto. Pero lo cierto es que lo que es poco importante hay que mirarlo con cuidado. Lo interesante, a veces, está ahí.

¿La literatura hace que la vida merezca más la pena?

La respuesta es diferente para cada uno. Yo he conseguido que me atraiga todo lo que me pasa. Voy a comprar al supermercado y cuando vuelvo y estructuro lo que ha ocurrido, me resulta interesante. Esos instantes a los que nadie da valor, para mí serían todos narrables. No significa que esté loco (risas). Simplemente que a veces es aburrida la realidad y hago que esos minutos teóricamente aburridos valgan más gracias a lo literario. No lo llevo al papel, pero me ayuda a vivir mejor. Dicho de otra manera, sin la literatura, la vida sería más difícil para mí. Al decir esto, quedo como un obseso por la literatura, pero no es así (risas).

La literatura ayuda a vivir.

Si tuviera un lema, sería uno de Einstein: «La creatividad es la inteligencia divirtiéndose». Es importantísimo divertirse. Escribo para divertirme, para ocupar el tiempo de una forma que me gusta. No sé cómo fue, pero estaba estudiando derecho y, menos el derecho político, el resto me aburría. Entonces, llego a la diversión. Leo la Generación del 27 y aquella poesía decía algo que no decía el habla corriente del día a día, lo coloquial. Había algo allí que era una construcción distinta y ese es el origen para mí de la escritura: Encontré un lenguaje diferente al cotidiano. Lorca, Salinas... Me llaman tanto la atención que es el motivo por el cual entro en la literatura.

«Me convertí en un personaje sin buscarlo. Se piensa que lo buscaba, pero no es cierto»

Enrique Vila-Matas

¿Recuerda esa pasión inicial?

La veo como algo presente. Todo el pasado es presente para mí. Tengo memoria. Pero, además, la pasión de la que hablo crece más en mí. Sin pasión no se hace nada. Es difícil trabajar. Siempre he estado en contra de lo rutinario en la literatura española.

Eso explica una literatura que es indisoluble de su nombre.

A estas alturas sí lo es. Y el último libro es algo que siento muy mío. Me están preguntando cuál es mi libro preferido y, desde luego, «Canon de cámara oscura» es una pieza mía absolutamente. Lo adoro. No sé si es el mejor o el peor, pero es el mejor para mí. Me encuentro bien ahí. Me veo en él. Me recuerda «la metamorfosis», cuando el padre le tira un trozo de carne a su hijo y el trozo de carne le queda insertado en el cuerpo. Esa es la idea. Lo llevo insertado.

¿No está orgulloso de haber creado un mundo singular y propio?

Esa es la gracia de la literatura. Los mundos propios es por lo que distingue a unos escritores de otros. Es el sello de cada autor. Al final, las rarezas crecen y se convierten en el ADN de un autor. Y ahí ves que un novelista es distinto. Aunque yo nunca he sido raro, tampoco escribiendo (Risas).

«Los libros que me interesan no son como los míos, son aquellos que son un misterio para mí»

Enrique Vila-Matas

Siempre le han traído los malditos, los fracasados, los raros.

Me han interesado los parias de la tierra. Donde hay un marginal, hay algo interesante. De la misma forma que hay libros que me interesan porque no son como los míos, porque son un misterio absoluto para mí. Lo marginal me interesa porque me lleva a lo contrario, a la parte negativa; me ayuda a buscar lo que hay detrás de la luz.

En su obra es el único lugar del mundo donde uno puede ser escritor sin tener obra.

En España tenemos a Pepín Bello, que era asombroso. Lo traté en la Residencia de Estudiantes. Lo que él hizo fue eso: no tener obra, pero influir en todas las obras de esa generación. Es una posición estupenda.

«Séneca decía que el éxito era una horterada. Siempre ha sido muy vulgar»

Enrique Vila-Matas

¿Por?

Los artistas sin obra no son conocidos. A veces eso es muy cómodo. No son apresables y consiguen que nadie los estropee. Aunque para eso se ha de tener una actitud rígida, un poco moral y obsesiva para no dejarse arrastrar y nunca hacer lo que no quieres.

¿Se está perdiendo la memoria de la gran literatura?

Se está perdiendo la memoria de la gran literatura porque va todo por las novedades y, por lo tanto, es difícil que hoy en día se publiquen a los grandes autores como novedad. Yo cito a muchos autores. Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que hago es conservar la memoria de esos que me han seducido y que considero importantes. Hago un trabajo edificante al nombrarlos, porque lleva a otros a leerlos.

Ha dicho «novedades». ¿El éxito también ha cambiado?

Séneca dijo que el éxito es una horterada. No empleó «horterada», pero se me entiende. Es similar. Lo que quería decir es que lo vulgar era el éxito. Siempre lo ha sido.

La literatura, ¿qué le ha enseñado en este tiempo?

Siempre he tenido una mentalidad muy abierta. Creo que la gran maravilla de Cervantes es que era comprensivo con el género humano. Es esto lo que más me ha quedado de Cervantes, en el sentido de que todos somos idiotas y debemos comprender que lo somos. No está mal. Por eso me río muchísimo de mí mismo.

Reírse, como dice usted... Hoy, para muchos, es complicado.

Sí... ¿Sabe? Hay que escuchar a los imbéciles digitales. Dejarlos que hablen y saber qué piensan. Y una vez que sabes lo que piensan, encerrarte en el círculo de las personas que crees que son inteligentes y que tienen tu mundo. Simplemente es esto. Reservarse un poco. Para eso existen las familias, los amigos. Hay que comunicarse con aquellas personas con las que te reconoces en un mundo. No hace falta angustiarse cada día con lo que ocurre en el mundo.

Читайте на сайте