Al invierno de Madrid, que no le falte cocido
Para nivelar esos pocos grados que marcan la temperatura de Madrid en invierno, no hay nada como un buen cocido madrileño. De los de antes. De los típicos que nos preparaba la abuela, que nos envuelven a cada bocado por dentro y por fuera. Porque aunque muchos en la capital no tengan ya ese calor familiar cerca, todavía es posible encontrar ese sabor casero en algunos rincones de la ciudad. Y sí, La Máquina es uno de ellos. Aunque para muchos es difícil, el invierno va de eso, de bajar el ritmo, de abrigarse bien y de sentarse a la mesa con algo caliente y humeante delante. Cuando el frío aprieta en Madrid, los encuentros en lugares acogedores se alargan y los planes giran en torno a una mesa compartida. En ese contexto, el cocido madrileño no es solo un plato, es casi un ritual colectivo. La Máquina recupera ese gesto tan nuestro con citas semanales que ya empiezan a convertirse en costumbre. Los martes, en Puerta 57. Los jueves, en Casa Narcisa. Dos direcciones con carácter propio donde el cocido llega como manda la tradición: en tres vuelcos. Primero, el caldo, reconfortante y aromático, que prepara el cuerpo para lo que viene. Después, los garbanzos con verduras y patatas, cocidos con paciencia, sin atajos. Y, por último, las viandas de carne y embutidos, contundentes y honestas, como exige una receta de toda la vida. Más allá del plato, lo que se agradece es el ambiente. Ese comedor entrañable donde apetece quedarse más. Este espacio lleva décadas haciendo lo mismo: respetar la cocina tradicional española, trabajar con materias primas de calidad y ofrecer un servicio cercano.Quizá por eso, cuando llegan enero y febrero, volver al cocido de La Máquina no se siente como regresar a ese hogar que buscamos cuando bajan las temperaturas.