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David Pastor Vico: «Escuchar debatir a los políticos da asco»

Lo dice sin ambages ni lastres: «Estamos en la sociedad de la desconfianza. Estamos en una grave crisis de confianza interpersonal desde la caída del Muro de Berlín». Y con la misma claridad explica cuáles son las consecuencias: «La confianza es el pilar de una sociedad. Cuando desaparece, asoman grietas y enferma». Y, sin extraviarse en falsas retóricas o en plúmbeos discursos, adelanta: «Cuanto más jóvenes, más desconfiados son, porque los adultos transmitimos a los jóvenes la desconfianza».

Señala que se ha pasado de una sociedad solidaria y que trataba de superar la desconfianza a otra individualista y materialista.

Después de la Segunda Guerra Mundial se alentaron, por ejemplo, el Derecho Internacional y los principios de solidaridad, o que los europeos iniciaran la sociedad del bienestar y la justicia social. En 1945, nos dimos cuenta de la necesidad de que no volviera a suceder algo semejante. No podíamos repetir ese capítulo de la historia. Se aseguraba que después de Auschwitz no se podía hacer poesía, pero Europa quería hacer poesía y la mejor forma de conseguir eso era establecer vínculos entre países y asentar la democracia.

Pero...

Pero los logros sociales no son para siempre. Se tienen que refrendar y, cuando empezamos a olvidarnos de la vida social, se nos invitó a creer que habíamos logrado este bienestar y que podíamos mirar más por nosotros, de manera individual, y crear una sociedad de clase media aspiracionista. Cuando comenzamos a fijarnos en este tipo de modelo, que nos llegaba a través de series y películas norteamericanas, por ejemplo, comenzamos a fomentar el individualismo, a empujar a que compitieran los niños entre ellos, a creer que solo los más fuertes sobreviven, eso del darwinismo social, que es una falacia, y empezamos de esta manera a apuntillar la sociedad que habíamos creado.

¿Entonces?

Nos relajamos. Creíamos que había que trabajar para nosotros, porque creemos que era posible, pero la única solución de trabajar para nosotros y no es trabajar más para uno mismo. La consecuencia es lo que vemos ahora... Y el bullying que estamos sufriendo en el mundo, donde las naciones ya no saben qué hacer y donde se tiende a una huida constante.

«En España, el ascensor social no se ha frenado, se ha parado»

David Pastor Vico

David Pastor Vico, filósofo, profesor en la UNAM, publica «Filosofía para desconfiados» (Ariel), una obra en la que, con el pretexto de la actualidad, asoman los pensadores que jalonan la historia y cómo sus planteamientos, ideas y teorías ayudan a esclarecer este mundo y despejar las brumas que lo envuelven. En su ensayo aboga por el pensamiento crítico, la cohesión de la sociedad y la necesidad de dejar de mirar de refilón al otro, además de ser una defensa abierta de la educación y de una educación justa, donde todos están en igualdad de oportunidades. «Maldita sea la palabra meritocracia. La única posibilidad de que exista es en un país como Finlandia, donde todos reciben la misma educación pública, todos están en los mismos colegios y solo los que destacan son los que son respaldados. La meritocracia no existe sin igualdad en el conocimiento». Sin apenas intercalar una pausa, Vico asegura: «En España, el ascensor social no se ha frenado, se ha parado, o, incluso, retrocedido, porque las generaciones de ahora viven peor. No existe acceso a la vivienda, no pueden tener más hijos. Es una sociedad basada solo en la individualidad. Se perpetúa la pirámide social. Los ricos son ricos, y me parece bien, pero la mayoría de la población no lo es. ¿Qué queremos, el American Way of Life norteamericano o el modelo europeo, que es lo que nos estamos cargando?».

Antes hablaba de bullying.

Está claro que existen dos grandes potencias hegemónicas, por fuerza militar. Tenemos a Putin y a Trump. China, la fuerza, la hace con la economía y se cuida de menear el avispero militar. Es significativo, porque en la concepción china estatal, la acción bélica exterior no se contempla. Quizá el territorio que tiene es grande y su forma de invadir es la economía. Emplea la estructura que le ofrece el materialismo. Pero hoy tenemos a dos grandes abusadores mundiales, que nos hacen bullying: Trump y Putin. Para ellos, al final, el que manda es el que tiene el palo más largo.

«No vemos a los políticos pidiendo pensamiento crítico, sino linchar al oponente»

David Pastor Vico

Los políticos son los que extienden la desconfianza.

Aristóteles lo explica muy bien. Los tiranos, me refiero a los tiranos griegos, son aupados por el pueblo. El tirano puede ser elegido por aclamación popular, pero el tirano siempre acaba ejerciendo la fuerza contra el pueblo. Maquiavelo piensa igual. Es preferible ser temido a ser amado, si no es imposible ambas. En estos momentos vemos a alguien que ha subido al poder y que tiene que mantenerse al poder a base de amedrentar a los demás. El miedo, Robespierre ya lo manejó. Es una herramienta de poder, porque es una emoción primaria...

¿Y algo más?

...Esto te lo voy a unir con la confianza. Cuando tenemos miedo, todos tenemos la misma conducta: atacar, huir, someternos al miedo o hacernos el muerto. José Antonio Marina suma una quinta posibilidad: hacer lo que se debe hacer y no dejarse llevar. La mejor forma de que el hombre se comporte como un animal es desconfiar de los otros. De animal humano nos quedamos solo en animal. Cuanto más desconfianza, menos humanos somos. Si analizamos la política internacional y nacional, es justo lo que está pasando.

¿No es una traición de los cometidos por parte del político?

Tratamos a los políticos como si fueran diferentes, pero son una muestra representativa de la población. Si tenemos una población donde la desconfianza aumenta, los políticos actuarán igual; los políticos son una extrapolación de nuestros problemas. Y si los políticos están mermados en virtud y en lo intelectual, no podemos esperar grandes acciones virtuosas de ellos, sino tortuosas. Es lo que vemos. Los políticos no van a actuar de manera virtuosa y acuden a sus herramientas, que están en el populismo. Buscan sus bases, un público que no piense y que se deje llevar por las emociones.

«Vivimos una sociedad donde todo lo convertimos en un show»

David Pastor Vico

¿La consecuencia?

Quieren llegar a través del miedo, la ansiedad o la confrontación. No vemos políticos pidiendo pensamiento crítico, sino un linchamiento del oponente. Sus intervenciones están plagadas de falacias. De un lado y de otro. La falacia del tú más, las falacias argumentativas. Hoy escuchar a los políticos debatir da asco, porque del manual de la manipulación retórica lo asumen todo, pero lo que no asumen son responsabilidades. Tampoco llaman a la calma para alcanzar un consenso o que la razón cale en sus debates... Es todo lo contrario.

Un espectáculo.

Es que vivimos una sociedad donde todo lo convertimos en un show. Y generamos más show. Elegimos a los políticos más afilados del estuche, pero como cada vez quedan menos, el trazo de ellos es más grueso. Foucault aseguraba que hay espirales destructivas. En la política actual vemos espirales destructivas, que no son para nada un ejemplo para la sociedad, sino todo lo contrario. La gente se siente más incómoda. La propia población en España está perdiendo amigos por la política. Esto es muy triste. Porque cuando hay que sacar músculo, cuando hay que unirse por una causa común, por un agresor, por una pandemia, no vamos a estar unidos. En el fondo, los problemas de todos son los mismos.

«Muchos jóvenes no actúan por ideología, sino por reacción. El problema de los populismos no es ideológico, es reactivo»

David Pastor Vico

David Pastor Vico defiende que los «hombres somos profundamente gregarios» y argumenta que «en una sociedad donde hemos perdido el pegamento de la confianza, buscamos pseudoclanes donde esta necesidad de pertenencia social se ve reconfortada». Esto explica muchos movimientos en redes y ciertos comportamientos. «Se dice: vente, opinas lo mismo que yo, vas a pertenecer a un grupo y eso te va a reconfortar. El problema es que si quiero estar en esos grupos, a veces debemos aceptar que los inmigrantes son peligrosos». Por eso, Vico concluye que «muchos jóvenes no actúan por ideología, sino por reacción. El problema de los populismos no es ideológico, es reactivo. Los jóvenes de extrema derecha no son tantos. Son uno de cada cuatro. Un 25 por ciento. Pero de ese porcentaje, no todos están ideologizados; solo quieren pertenecer a un grupo, a un colectivo que los arrope».

Hoy el espíritu acrítico se propaga, al igual que la ignorancia, la jactancia de la ignorancia y todos los terraplanismos.

Esto es muy triste. Asimov, que murió en el 92, ya advirtió contra la glorificación de la ignorancia. En los arranques de la filosofía aparecen los sofistas y los filósofos. Los primeros tienen la capacidad del convencimiento y lo venden al mejor postor. Siguen la retórica y la argumentación para ganar un juicio, una disputa. La filosofía se desmarca entonces de ellos porque considera que el fin del conocimiento no es ganar al otro, sino saber la verdad, no alcanzar el poder. Hay una diferenciación entre la opinión y la razón. La gente reivindica su derecho a la opinión, de los grandes derechos adquiridos, pero el derecho a la expresión no implica el derecho a tenerte en cuenta. Puedes decir lo que quieras, y yo defenderé ese derecho, pero no tengo por qué defender tu opinión si no está asentada. Hoy tenemos «influencers» vacíos y engrandecemos la figura del opinador. Robert F. Kennedy Jr., que trabaja para Trump, ha llegado a decir que hay que dejar de escuchar a los expertos. A los «expertos». Solo quiere escuchar a cualquiera que resuene con lo que ya pensamos. Ese es el que tiene la razón y ahí es cuando nos cuestionemos las vacunas, cuando todos saben que han salvado millones de personas. Cuando las cosas son triviales, esbozan una sonrisa, como el que defiende el horóscopo, pero cuando esto se extrapola a la salud de la política y los derechos humanos, ya deja de tenerla... Es que son los mismos. Parece que la estupidez viene en paquete. Los terraplanistas son los antivacunas. Son paquetes de pensamiento mágico.

Internet fue la última utopía. Todo el mundo pensaba que iba a llegar la igualdad. Lo hemos pervertido y convertido en una máquina de hacer dinero y vender bulos.

Internet llegó en el momento adecuado. Los griegos ya conocían el vapor, para abrir puertas de un templo, pero no vieron su utilidad para que tirara de un carro. Internet nace para el público en los noventa, en el auge de lo que se llama neoliberalismo. Lejos de ser un servicio público, como muchos creían, no es verdad. Nace con Silicon Valley Las empresas toman el monopolio. Su interés es hacerse con toda la información posible para poder exprimirte como un limón y, sobre todo, hacerte cambiar de opinión. Ahí está el experimento de Facebook Al final son empresas privadas multimillonarias. Siempre recomiendo que se lea el contrato de servicio en un Apple, donde se dice que toda la información que entre y salga del móvil está a disposición de la empresa. Elon Musk convirtió Twitter en «X» para influir en la gente. Su objetivo es tenerte enganchado a la máquina. Lo que no les interesa es que salgas al parque, que juegues con tu hijo, que charles con los vecinos, porque eso no les genera dinero. Quieren tenerte controlado.

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