¿Paga Estados Unidos el 96% de los aranceles?
La Oficina Presupuestaria del Congreso ha revisado sus estimaciones y afirma que los aumentos de aranceles implementados desde el 6 de enero de 2025 hasta el 15 de noviembre de 2025 reducirán el déficit primario de Estados Unidos en 2,5 billones de dólares a lo largo de 11 años si persisten durante el período 2025-2035.
El porcentaje estimado de costes arancelarios absorbidos por los exportadores extranjeros equivale al 5% del aumento de la tasa arancelaria mientras los ingresos arancelarios son mayores a lo que habían proyectado previamente, según su informe. Los ingresos por aranceles han aumentado a 90.000 millones entre octubre y diciembre de 2025, comparado con 20.000 millones en el mismo periodo en 2024. La inflación interanual en ese periodo no solo no ha aumentado sino que es inferior.
La inflación en Estados Unidos no se ha disparado al 5-6% como estimaban algunos bancos de inversión tras los anuncios de aranceles. De hecho, el IPC interanual, el PCE Index y los precios de importación reflejados en las oficinas de aduanas y fronteras no reflejan un aumento de la inflación interanual.
El IPC interanual en EE UU se situó en el 2,7% en diciembre, con una subida mensual del 0,3%, según los últimos datos del Bureau of Labor Statistics. Los principales factores de inflación son vivienda y servicios, que no tienen nada que ver con los aranceles. La inflación subyacente (CPI sin alimentos ni energía) se situó en el 2,6% interanual en diciembre, con un avance mensual del 0,2%, el nivel más bajo en unos cuatro años. La tasa subyacente se ha estabilizado en torno al 2,6%, muy por debajo de lo que se temía hace unos meses, reforzando la percepción de que las presiones de fondo se están moderando aunque servicios sigan relativamente "calientes".
El índice de precios de importación de EE UU aumentó un 0,4% en el período septiembre–noviembre de 2025, con una subida del 0,7% interanual para las importaciones no energéticas. Dentro de las importaciones, los precios desde China cayeron un 3,6% interanual en noviembre, mientras que los procedentes de Japón subieron un 2,6% y los de la UE bajaron un 0,1%.
Los precios de importación en aduana no solo no suben más, sino que la tendencia de precios de importación es negativa (antes de aranceles) y además mayor en los países con mayores aranceles. Es más, los precios de exportación estadounidenses aumentaron un 0,5% en el período septiembre–noviembre de 2025, especialmente en bienes agrícolas y en vehículos automóviles.
Según el BLS, los precios de importación aumentaron solo un 0,1% en los doce meses terminando en noviembre y los precios de exportación subieron un 3,3%. Como este dato no incluye los aranceles, muestra que la presión inflacionista no viene de las importaciones. Si los precios de importación y de exportación suben pero los de importación no lo hacen prácticamente, el efecto de los aranceles está siendo absorbido por toda la cadena de suministro desde los lugares con mayor sobrecapacidad. Es decir, exportador, distribuidor, transporte y almacén absorben la mayor parte de los aranceles en la cadena porque el coste por capital circulante de los elementos de la cadena que tienen mayor sobrecapacidad hace inasumible pasar los aranceles al consumidor.
Sin embargo, leerán ustedes estudios de Cavallo o el Kiel Institute que dicen lo contrario. La estimación de Alberto Cavallo sorprende por usar como corte en su análisis de tendencia pre-aranceles el mes de enero de 2024. Efectivamente, tras un brutal brote inflacionista en 2021-2024, el último año parece "desinflacionista", pero si se mira la serie 2021-2024, la tendencia cambia.
El estudio de Kiel Institute es, estadísticamente cuestionado por varias razones técnicas y de identificación. Los economistas Stephen Moore, y especialmente EJ Antony y John Carney, entre otros, han alertado sobre los grandes sesgos estadísticos.
El principal factor sorprendente es atribuir toda la tendencia de movimiento de precios en Estados Unidos a los aranceles y, sin embargo, obviar que esa misma tendencia es similar o superior en Reino Unido, países de la Unión Europea o Japón.
Si los exportadores estadounidenses suben hasta tres veces más los precios para las mismas categorías de lo que los suben los que exportan a Estados Unidos, el factor explicativo en América no son los aranceles y tiene mucho más que ver con otra serie de factores y el deterioro generalizado del poder adquisitivo de las monedas en los países analizados.
El resultado clave del titular que circula por los medios, la absorción del 4% por los exportadores y el 96% por EE UU está basado en un coeficiente de alrededor de −0,039 con error estándar 0,024, solo significativo al 10%, lo que muestra una estimación muy ruidosa pese a tener 25,6 millones de observaciones.
Con esa imprecisión, el propio intervalo implícito permite absorciones de exportadores de entre 0% y 9%, por lo que presentar un "4%" como cifra precisa genera una ilusión de exactitud que los datos no respaldan.
Además el estudio interpreta el aumento del precio medio importado como evidencia de traslado de los aranceles, pero ignora que las importaciones totales (valor y volumen) caen un 28%, con salida del mercado de proveedores "bajo coste". Si desaparecen los productos baratos y sobreviven solo los de gama media/alta, el precio medio sube aunque la realidad muestre que los precios de cada categoría no han subido, como reflejan los datos de aduanas y finales, de modo que el cambio en el mix de calidades puede confundirse con un aumento "de precios" por aranceles.
Los aranceles se aplican a niveles muy desagregados (HS8HS10), pero el estudio de Kiel sorprendentemente trabaja con datos a nivel HS6, mucho más agregado, lo que obliga a usar un tipo de arancel promedio para productos con aranceles reales muy distintos e incluso sin aranceles. Esa pobre medición del arancel (variable explicativa) introduce un error que sesga los coeficientes hacia cero, haciendo que sea más fácil "encontrar" poca respuesta de precios y reinterpretarlo como prueba de que casi todo el coste recae en EE UU.
En el momento en el que se hace ese mismo análisis para Reino Unido, Japón, Alemania o Francia, por ejemplo, resultaría que los aranceles los pagan los estadounidenses y todos los extranjeros a la vez.
Informes que dejan dudas
Si tanto los bienes sujetos a arancel como los no sujetos muestran aumentos en valores unitarios, la comparación diferencial se reduce artificialmente. Incluso si las estimaciones sobre los precios de importación fueran correctas, el estudio asume sin evidencia que el 96% se traslada a consumidores, sin analizar precios minoristas, márgenes empresariales ni la distribución de la incidencia a lo largo de la cadena. La afirmación de que es básicamente un "impuesto al consumo" que se ha trasladado en un 96% a los estadounidenses se presenta como conclusión empírica, cuando en realidad es una extrapolación personal sin respaldo estadístico directo.
Si las conclusiones del informe, basadas en varias asunciones más que sorprendentes, fueran correctas, la inflación interanual, subyacente y el PCE Index de Estados Unidos se habría disparado a más del doble de los niveles publicados, pero, sobre todo, al ignorar como irrelevante la tendencia de subida de precios individuales y la cesta dentro de los países exportadores, asume que toda subida de precios está explicada por los aranceles.
Es más, al ignorar que los capítulos más "inflacionistas" en los datos de Estados Unidos son los servicios, no sujetos a la presión arancelaria, llega a conclusiones que sorprenden y dejan más dudas que certezas. Es más, deberíamos ver aumentos de márgenes y menores precios en los exportadores que venden a EE.UU, y no ha ocurrido, es al revés.
Los aranceles serán un tema de debate muy interesante durante mucho tiempo, y los estudios son siempre interesantes pero la evidencia es que, casi un año después, los componentes de los datos de inflación no muestran que la inflación persistente, un fenómeno que se da en todos los países comparables, sea causada por los aranceles. Con el nivel de sobrecapacidad que existe en el sistema exportador global, es evidente que la cadena absorbe allá donde hay menos poder de fijación de precios.