World News in Spanish

Israel acaba con la última aldea beduina palestina al sur del Valle del Jordán

Ya no queda nada de lo que fue la aldea palestina de pastores beduinos de Ras Ein al Auja, la más grande del 'Área C' de Cisjordania ocupada y la última que aún existía en el sur del Valle del Jordán. Anoche, la última familia de sus 700 habitantes recogió sus pertenencias y huyó, tras años de acoso a manos de colonos israelíes.

La mañana del domingo, la última familia que seguía en el pueblo empacaba sus pertenencias ayudada por familiares, poco antes de huir para siempre debido al acoso que padecen desde hace años a manos de colonos israelíes que viven en asentamientos ilegales cercanos.

Alrededor, todo es ruina y objetos cotidianos esparcidos por un terreno fértil -regado por el manantial de Auja- de lo que una vez albergó vida: colchones aún por recoger o un plato de ducha. En la distancia, media docena de hogueras queman residuos que escupen columnas de humo negro y el director del colegio donde estudiaban 141 niños vacía una escuela silenciada.

El palestino y vecino Jaled Ghauanmi, de 35 años, asegura que los incidentes con los colonos se remontan al menos a 2013, cuando comenzaron a robarles ovejas y a menguar cada vez más el terreno en el que podían pastorear.

Pero reconoce que en los últimos años la situación se había vuelto insostenible.

"Llevamos dos o tres años en esta zona, desde que (erigieron) un 'outpost' (inicio de asentamiento ilegal) cerca de nosotros, y durante esos años hemos sufrido. Durante estos tres años hemos hecho llamadas. Vinieron diplomáticos europeos, vinieron embajadores de Europa, pero hasta hoy nada. No hay nadie capaz de presionar al Estado de Israel", denuncia.

La aldea de Ras Ein al Auja cobijaba a unas 700 personas pertenecientes a más de un centenar de familias beduinas, originalmente expulsadas en 1948 por Israel del desierto del Néguev. De allí se trasladaron a Masafer Yatta (Hebrón) y, hace medio siglo, a esta otra zona de Cisjordania tras la compra de tierra.

El pasado 8 de enero, 26 familias ya se habían marchado en busca de un lugar más seguro, según informaron organizaciones de derechos humanos, que dijeron que otras lo hicieron el domingo 11. Junto a ellas, había también familias forzosamente desplazadas de las aldeas próximas de Muarrajat y Mughair al Dir.

Anoche, la última familia se vio obligada a dejar su hogar por tercera vez.

"Es una destrucción catastrófica. No sabemos adónde ir, no tenemos tierra donde asentarnos, no hay un lugar que nos acoja", dice a EFE otro vecino Abu Ali, mientras a su alrededor familiares cargan pertenencias en la parte trasera de un coche.

"Estamos tendidos sobre la tierra y cubiertos solo por el cielo (...) Esto es una injusticia", describe..

Desde el inicio de la ofensiva bélica israelí en Gaza, ya son 45 las comunidades desplazadas en su totalidad por la violencia de los colonos solo en el 'Área C' (que engloba el 60 % de Cisjordania, bajo pleno control israelí), según datos de la ONG israelí B'Tselem.

Este frenesí de nuevas colonias responde, según declaraciones de los propios ministros ultranacionalistas y colonos que gobiernan en coalición con Netanyahu, a un plan premeditado para "sepultar la idea de un Estado terrorista palestino", anexionándose 'de facto' la mayor parte una Cisjordania que van vaciando.

El 'modus operandi' es siempre el mismo: colonos se asientan cerca de comunidades palestinas y al poco tiempo cuentan con electricidad, carreteras e incluso vehículos facilitados por el Estado.

Poco a poco, se incrementa el hostigamiento y la violencia, amparada por una Policía y unos soldados que protegen a los agresores. En años, o incluso meses, los palestinos cansados de ceder terreno y con miedo por el bienestar de sus familias, lo abandonan.

Así sucedió en la aldea vecina de Muarrajat, donde en julio de 2025 unos 180 habitantes huyeron tras el robo de 60 ovejas y la creación de un 'outpost' dentro del pueblo, desde el que los colonos atacaban la escuela.

Ghauanmi dice que los colonos también han irrumpido en sus casas y golpeado a sus hijos. "Bajamos a esta zona y nos perseguían, incluso llegaban hasta las casas. Establecían un 'outpost' aquí y otro allá, y empezaron a entrar en las viviendas", detalla.

Ras Ein al Auja ha desaparecido, pero las colonias que la rodeaban por sus cuatro costados siguen: al norte, el asentamiento de Yitav y la colonia agraria Auja; al oeste, los 'outposts' de Baladim cerca del asentamiento de Kokhav HaShahar; al sur, el 'outpost' radical Zohar Sabah; y al este, el de Einot Kedem.

Desde marzo de 2024, decenas de activistas han vigilado por turnos y pernoctado en Ras Ein al Auja, a fin de suavizar la intimidación y los allanamientos continuos. Una de ellas ha sido la israelí Sigal Harrari, de la ONG 'Mirando la Ocupación a los Ojos'. Harrari reconoce a EFE que aunque lo intentaron, han perdido.

"Hicimos todo lo posible para ayudarles a quedarse aquí, y lo lograron durante un par de años más o menos. Pero se acabó. Se volvió demasiado difícil, demasiado cruel, demasiado agresivo", lamenta esta activista, quien añade: "No se lo merecen".

Читайте на сайте