Los andaluces han dado ejemplo
Este pasado jueves, mientras en Huelva las familias, vecinos, autoridades y los Reyes despedían a las víctimas del accidente de Adamuz, en el Senado los gritos y los reproches se abrían paso durante su sesión extraordinaria. La paradoja de dos eventos marcados por la tragedia, desarrollados de manera radicalmente distinta, muestra con nitidez la diferencia entre el respeto y el ruido inoportuno. La comparación resultó desafortunada para la Cámara Alta y así lo percibimos muchos de quienes nos encontrábamos allí, de ideologías distintas y diversas. Por más que sea previsible y esperado, no deja de ser poco deseable.
Cuando la política no está a la altura de un suceso o del sentimiento de un pueblo, debe ser rechazable. Más allá del ataque a los adversarios o rivales políticos, las víctimas merecen que el debate se centre en ellas y la sociedad española que les devolvamos la confianza en su sistema ferroviario. No hubo un solo atisbo de empatía y sí mucho de estrategia política y tacticismo. Quizás es de esas sesiones en las que habría que dar descanso a estrategas y asesores partidarios.
No era un pleno cualquiera. Venía cargado de rostros que nos abandonaron, de dolor, de familias rotas y de un pueblo que nos mira queriendo verse representado. Por eso es impensable que no seamos capaces de entender que lo que espera la gente de nosotros es un debate serio y riguroso de las causas de la tragedia y de las soluciones futuras que garanticen que no vuelva a suceder. Ni teatro ni combate dialéctico: solo esperan respeto y respuestas.
Afortunadamente, no todos los parlamentos han actuado de la misma manera. En el Parlamento de Andalucía, el conjunto de los grupos políticos, sin fisuras, ha hecho lo contrario. Han apoyado por unanimidad la solicitud de la Medalla de Andalucía para el pueblo de Adamuz por el ejemplo de generosidad y solidaridad que demostró durante el accidente. Han mostrado unidad, respeto y humanidad. Quiero reconocerlo en esta misma tribuna donde hace tan solo una semana solicitaba ese reconocimiento a unos vecinos que han sido todo un ejemplo y un orgullo para la sociedad española.
Ese mismo sentimiento siento al contemplar la entrega y el comportamiento de la sociedad onubense, volcada con las familias y las víctimas durante el funeral. Respeto, silencio y cariño. De Adamuz a Huelva, Andalucía, una vez más, está a la altura y eso dice mucho de quiénes somos y de cómo somos.
Al margen de los parlamentos, se ha roto otra conclusión asentada tras la tragedia y profundamente injusta para las administraciones: la coordinación en una catástrofe es imposible cuando cuentan con gobiernos de distinto color político. Falso. Cuando la voluntad de coordinarse y actuar en beneficio del interés general existe, la política funciona. Ayuntamientos, el Gobierno andaluz y el Gobierno de España lo han demostrado en Adamuz. Otra cosa es la digestión posterior que estamos viviendo y protagonizando. No es la única afirmación desmontada a través de los hechos. El cuestionamiento permanente desde el primer momento de la comisión de investigación de accidentes ferroviarios por su supuesta falta de imparcialidad también ha sido desmontado. Y está permitiendo conocer, en un plazo de tiempo muy breve, algunas de las circunstancias clave que podrán señalar las causas del accidente.
A pesar de todo esto, la respuesta en el debate parlamentario del Senado ha sido más ruido, más encanallamiento y más comisiones parlamentarias de investigación. Dudo que el Partido Popular haya hecho una reflexión seria de estos anuncios y de la utilidad incluso electoral que sacan ya, a estas alturas, a un instrumento que, por manoseado, se vuelve inoperante y rutinario. Quizás los grandes partidos en este país deberíamos hacer una reflexión profunda de la utilidad de estas comisiones cuando se abusa de ellas, se solapan, arrojando las conclusiones y demasiados titulares antes de su desarrollo. Y, sobre todo, algo relevante: cuando solo generan ruido y crispación, me pregunto a quiénes acaba beneficiando.
A la sociedad no y a sus promotores intuyo que tampoco. Tal vez solo beneficia a aquellos que no creen en el sistema y tan solo aspiran a debilitarlo. A mayor cansancio de los españoles, mayores son las expectativas electorales que tienen estos partidos. Los extremos siempre se alimentan de la misma manera y engordan a costa de la frustración de los ciudadanos. Si la política cansa, ellos ocupan y aprovechan el espacio. El pasado jueves, el debate en el Senado debió servir a la gente. El escrutinio de la gestión y la rigurosidad en el debate debieron desplazar a otro tipo de espectáculos poco gratificantes. No fue así.
Ya llegará el momento de las conclusiones de la investigación y tocará el de las responsabilidades y las respuestas. Y será entonces, en ese momento, cuando cada uno de nosotros deberá valorar cuál ha sido su contribución, su colaboración o tan solo su empatía hacia las víctimas. Dudo que el debate del pasado jueves sea relevante en ese momento.
Quizás, si bajamos el tono, asumimos responsabilidades, buscamos con rigor las causas y damos las respuestas que devuelvan la seguridad a los españoles en su sistema ferroviario, estaremos a la altura de lo que debe ser la política. Los andaluces han dado ejemplo. Aún está en nuestra mano tomar nota de su ejemplo.