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La paradoja fiscal: cuando subir impuestos a los ricos acaba reduciendo la recaudación

Hay una idea que vuelve cíclicamente a la política económica como un resfriado en invierno, en especial cuando las arcas públicas están tiritando, que es subir los impuestos a las rentas más altas dando la sensación de una justicia poética, aunque engañosa, al puro estilo Robin Hood, que raramente funciona.

De nuevo, en Europa, algunas voces intentan impulsar esta fracasada medida, que lo único que puede conseguir es rédito electoral, perjudicando a la economía pues tal como decía Einstein, es una locura hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes, al igual que demostró Laffer en su famosa curva, ya que pasado un umbral, la presión fiscal puede reducir los ingresos fiscales.

Este fenómeno está cobrando especial relevancia en Europa, donde varios países ya han experimentado en carne propia las consecuencias de la voracidad fiscal. Y es que cuando la presión tributaria se vuelve excesiva, los contribuyentes modifican su comportamiento de modo que algunos se enrolan en la economía sumergida y otros utilizan sus asesores para eludir impuestos, lo que erosiona las bases imponibles y se recauda menos.

Algunos ejemplos recientes de este fracaso son Francia que apenas recaudó un 20% de lo esperado, Reino Unido o España con el impuesto a la solidaridad que tampoco ha cubierto objetivos. Todo ello nos ofrece conclusiones contundentes tales como que perseguir agresivamente la riqueza no la redistribuye, sino que la ahuyenta pues estamos en un mundo globalizado donde hay libre circulación de capitales y donde las grandes fortunas y profesionales altamente cualificados pueden decidir dónde residir y tributar. Un ejemplo reciente es el de muchas grandes fortunas de Silicon Valley que están trasladando su residencia y sus negocios de California a otros estados como Texas o Florida.

La principal lección es que no debemos convertir la política fiscal en un castigo al éxito, especialmente cuando esos contribuyentes son empresarios e inversores altamente productivos que generan actividad económica, empleo, innovación y son una buena fuente de ingresos públicos. El sistema fiscal debe ser equilibrado para ser eficaz, de modo que hay que generar ingresos sin destruir los incentivos para crear riqueza ni generar éxodos masivos del capital. No se construye prosperidad castigando a quienes la generan, sino diseñando un sistema en el que merezca la pena hacerlo.

Juan Carlos Higueras, doctor en Economía y vicedecano de EAE Business School

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