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El chavismo sobrevive a Maduro bajo la tutela de Washington y el liderazgo de Delcy Rodríguez

Un mes después del ataque militar estadounidense contra Caracas que derivó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las estructuras fundamentales del Estado bolivariano permanecen intactas. Lejos de un colapso institucional, el aparato político heredado del chavismo continúa operando bajo una nueva correlación de fuerzas, marcada por la tutela directa de Estados Unidos y por la figura de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, designada tras una orden del Tribunal Supremo de Justicia el pasado 5 de enero.

La operación militar lanzada por Washington el 3 de enero, justificada por presuntos vínculos de Maduro con el narcotráfico, no tuvo como objetivo un cambio de régimen, sino un relevo de liderazgo. Así lo dejó claro el propio presidente estadounidense, Donald Trump, en una rueda de prensa en la que asumió un rol central en la conducción política del país, prometiendo orientar Venezuela hacia los intereses estratégicos de Estados Unidos, especialmente en el ámbito petrolero. Entre esos intereses figura la gestión de los recursos energéticos en beneficio de Washington y el corte del suministro a países considerados rivales, como Cuba, Rusia y China.

Sin embargo, el control efectivo de un país con la complejidad social, territorial y política de Venezuela representa una tarea costosa y arriesgada para Estados Unidos, que todavía arrastra el recuerdo de las fallidas ocupaciones de Irak y Afganistán. En este contexto, el catedrático en Ciencias Políticas e investigador del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), Salvador Martí i Puig, sostiene que Trump no tiene interés en administrar la totalidad del territorio venezolano.

Según Martí i Puig, el foco de Washington está puesto en la faja petrolífera del Orinoco, considerada la mayor reserva mundial de crudo pesado, así como en las áreas donde se refina el petróleo. Estas zonas representan apenas un 3 % del territorio nacional, pero concentran los principales yacimientos, reservas e infraestructuras del sector energético. El investigador subraya que Estados Unidos no pretende administrar directamente estas áreas, sino hacerlo a través de empresas petroleras privadas norteamericanas, apostando por un modelo de economía de enclave que históricamente ha generado escasos beneficios para los países donde se aplica. Para Martí i Puig, esta estrategia supone “un salto mortal hacia el siglo XIX”.

La gestión de Delcy

Mientras Washington centra su interés en estos enclaves estratégicos, el resto del territorio venezolano queda en manos de un aparato chavista que ha sabido adaptarse a las nuevas dinámicas impuestas por Estados Unidos sin una confrontación abierta. Bajo la amenaza constante de una nueva intervención militar, Delcy Rodríguez ha sido elegida por la Administración Trump para pilotar la estabilización del país. En contraste, la líder opositora María Corina Machado ha sido relegada, pese a sus intentos de acercamiento a Trump, entre ellos la simbólica entrega del Premio Nobel de la Paz.

Rodríguez, exvicepresidenta y una de las figuras más cercanas a Maduro, enfrenta el desafío de cumplir con las exigencias de la Casa Blanca al mismo tiempo que preserva el legado político de Hugo Chávez, quien en 1999 rompió la tradicional alianza de Caracas con Washington mediante la nacionalización de sectores estratégicos. En este nuevo escenario, Trump actúa como árbitro de una compleja correlación de fuerzas en la que también influyen las redes del crimen organizado. Según Martí i Puig, el proceso no está determinado por sensibilidades ideológicas, sino por equilibrios de poder tanto en Caracas como en el territorio.

En el plano económico, el investigador del CIDOB considera que, incluso con medidas mínimas, el periodo de transición podría traer cierto crecimiento. Tras más de dos décadas en las que Venezuela ha sido, según sus palabras, el país con peor desempeño económico del mundo sin una guerra declarada, “no se puede hacer peor”. Bastaría con un leve incremento de la inversión y con el levantamiento de los bloqueos estadounidenses para dejar atrás una situación económica que describe como “bastante miserable”. No obstante, advierte que los resultados dependerán del grado de control y cohesion que logre ejercer la presidenta encargada.

Oposición dividida

La reapertura política, añade Martí i Puig, no dependerá únicamente de las decisiones de Rodríguez, sino también de la capacidad de la oposición para reorganizarse. El proceso pasa por la excarcelación de presos, la reforma de la ley electoral y la definición de qué partidos y liderazgos serán legalizados, así como por la negociación de las condiciones de futuras elecciones. Se trata, en cualquier caso, de un proceso que no será rápido. La fragmentación de la oposición dificulta la construcción de una alternativa sólida. Según el experto, María Corina Machado ha perdido parte de su capital social, y el gesto de “regalar el Nobel” ha deteriorado su figura política.

En paralelo, Delcy Rodríguez ha avanzado en acuerdos iniciales con Estados Unidos en materia petrolera, mientras mantiene el respaldo de actores clave del chavismo, entre ellos las Fuerzas Armadas. En un gesto calificado como histórico, anunció una amnistía general y ha logrado sostener una transición que, según Martí i Puig, solo es posible mediante pactos de inmunidad para determinados cargos del chavismo. El investigador considera que muchos cuadros de jerarquía buscan “pasar página” para evitar escenarios de derrota, prisión o procesos judiciales, y que tanto Rodríguez como decenas de altos cargos aspiran a retirarse sin enfrentar consecuencias penales.

En las calles de Caracas, sin embargo, el apoyo a Maduro sigue manifestándose. Decenas de chavistas se reunieron en una avenida del oeste de la capital para realizar una vigilia en la que exigieron la liberación del mandatario y de su esposa, detenidos en Estados Unidos desde el ataque militar. Dirigentes del partido Unidad Popular Venezolana y movimientos sociales expresaron su respaldo a Maduro y a Cilia Flores, al tiempo que reafirmaron su apoyo a la presidenta encargada. Los manifestantes aseguraron que permanecerán movilizados hasta lograr el regreso del expresidente.

Deshielo con Washington

En el plano diplomático, el Gobierno encargado de Rodríguez ha iniciado un proceso de acercamiento con Washington. Este lunes, la presidenta encargada se reunió en el Palacio de Miraflores con Laura Dogu, nueva encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, quien llegó al país para reabrir la misión diplomática estadounidense, cerrada desde hace siete años. En el encuentro también participó Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta y jefe del Parlamento. Dogu reiteró las tres fases planteadas por el secretario de Estado, Marco Rubio, para Venezuela: estabilización, recuperación económica, reconciliación y transición democrática.

Como parte de este proceso, el Gobierno venezolano designó al excanciller Félix Plasencia como nuevo representante diplomático ante Estados Unidos. Plasencia, con una amplia trayectoria diplomática que incluye cargos como embajador en China, Colombia y el Reino Unido, así como secretario general del ALBA, viajará en los próximos días a territorio estadounidense para reabrir la misión venezolana. El canciller Yván Gil afirmó que se inicia una etapa de revisión exhaustiva de las vías de cooperación entre ambos países.

Mientras tanto, María Corina Machado se ha mostrado dispuesta a reunirse con Delcy Rodríguez, siempre que el encuentro sirva para definir un cronograma de transición democrática basado en el reconocimiento de los resultados del 28 de julio de 2024. La dirigente opositora ha cuestionado la transparencia y legalidad de las medidas adoptadas por el Gobierno encargado, aunque ha reconocido que la excarcelación de presos y el cierre del Helicoide debilitan la represión.

A un mes del ataque militar que abrió una nueva etapa en la historia reciente de Venezuela, el país transita un proceso incierto, marcado por la tutela estadounidense, la adaptación del chavismo, la fragmentación de la oposición y una transición cuyo desenlace aún está lejos de definirse.

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