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Familia Martínez Bujanda, el arte de interpretar el terruño en tres actos

¿Es posible recorrer la esencia vinícola de un país a través de una sola mirada familiar? Al acercarse a las fincas de Familia Martínez Bujanda, la respuesta se hace evidente en el paisaje. El visitante encuentra un despliegue de contrastes palpables: desde los cantos rodados de La Rioja hasta la altitud extrema de la meseta manchega y la sobriedad de Rueda.

En este escenario, el enoturismo deja de ser una actividad complementaria para convertirse en el eje vertebrador de su propuesta. En 2026, Familia Martínez Bujanda consolida una forma de recibir al viajero que huye de las masificaciones y los recorridos estandarizados. Lo que proponen es una inmersión en la cultura del territorio y una invitación a entender el vino como un relato compartido entre territorios distintos, donde la hospitalidad se personaliza para transmitir un legado de 135 años.

Un legado que se vive en el presente

Quien se acerca se encuentra con un proyecto vivo donde la herencia de cinco generaciones se actualiza, se respira y se degusta. Hoy, esa herencia se traduce en decisiones concretas tomadas por una familia que sigue pisando la viña, interpretando cada finca como un organismo propio y entendiendo el tiempo —el agrícola y el humano— como su principal aliado. En 2026, el proyecto no mira al pasado con nostalgia, sino al futuro con la serenidad de quien sabe de dónde viene.

Esta apuesta por un enoturismo de calidad y cercanía permite que cada visita sea un primer sorbo que revela la coherencia de la mirada familiar; una experiencia donde uvas y suelos cambian de acento, pero mantienen el alma de un mismo sello. Es, en definitiva, permitir que cualquier entusiasta del vino pueda acceder a la intimidad de un pago riojano, a la serenidad de un viñedo en altura o a la elegancia de una puesta de sol entre cepas de Verdejo.

Enoturismo de autor en Finca Valpiedra

La experiencia de Familia Martínez Bujanda se concibe como una prolongación natural del trabajo en el campo a través de sus tres grandes fincas enoturísticas.

En La Rioja, Finca Valpiedra representa la cúspide del vino de pago. En este espectacular meandro del Ebro, el Tempranillo, el Graciano y la Maturana Tinta crecen sobre un suelo de cantos rodados que aporta una estructura y elegancia únicas. El visitante descubre pronto que aquí el paisaje no es solo un telón de fondo, sino un escenario vivo que se puede explorar a través de un abanico de experiencias.

La inmersión comienza con recorridos como la «Visita Cantos» o la «Visita Finca», donde el viajero transita el viñedo —ya sea a pie o en vehículo— para comprender el ciclo del fruto antes de adentrarse en la bodega. Son propuestas que culminan siempre con la degustación de sus vinos más emblemáticos, maridados con productos de la zona, como el queso y el embutido riojano, reforzando ese vínculo con el territorio.

Sin embargo, la propuesta que mejor define esta filosofía de calma y sostenibilidad es la experiencia «A Orillas del Río Ebro». En ella, el aprendizaje sobre el proceso de elaboración y el paseo por la finca desembocan en un pícnic campero en plena ribera. Es un plan diseñado para que el tiempo se detenga, permitiendo que el visitante disfrute del silencio del río y del carácter del pago en un maravilloso entorno natural.

Finca Antigua rompe con los tópicos

Al desplazarse a la meseta manchega, Finca Antigua rompe con los tópicos regionales. Aquí, variedades como la Syrah, el Cabernet Sauvignon, el Petit Verdot o la Garnacha encuentran una frescura sorprendente y singular. Pero, más allá de la copa, la finca es un destino para los enamorados del paisaje y la arquitectura que buscan experiencias de altura.

Propuestas como «Lagarto Ocelado», donde el visitante descubre la bodega tras detenerse en un mirador con vistas infinitas al viñedo, son el primer paso para adentrarse en este entorno. La experiencia se completa con un paseo libre entre cepas para sentir la paz de este ecosistema ecológico.

Para quienes buscan unir paisaje y gastronomía, la visita «El Palomar» extiende la vivencia con un almuerzo frío maridado con productos locales como el jamón ibérico y el lomo de orza. Y para los más sibaritas, «Pico Garbanzo» es la experiencia que traslada la cata al corazón del campo; un plan premium para degustar su vino más icónico, Clavis, a pie de la propia parcela que le da nombre.

Un mirador privilegiado, Finca Montepedroso

Por su parte, en Rueda, Finca Montepedroso centra su discurso en el potencial del Verdejo. Situada sobre una meseta a 750 metros de altitud, la bodega es un mirador privilegiado donde la arquitectura se rinde ante el paisaje. La experiencia «Montepedroso» marca el inicio del recorrido con una explicación a pie de viña para comprender la dureza del clima castellano, culminando con una cata con vistas al viñedo donde el vino se acompaña de embutidos de la zona.

Si se busca una experiencia más sensorial, la propuesta «Maridaje 3 Vinos, 3 Quesos» profundiza en los matices del Verdejo, encontrando el equilibrio perfecto entre la acidez del vino y una selección de quesos artesanos. Los paladares más curiosos tienen su lugar en la «Cata Vertical», una oportunidad exclusiva para viajar en el tiempo a través de tres añadas históricas y entender cómo evoluciona la elegancia de esta uva con el paso de los años.

Son, en definitiva, tres identidades que se articulan en torno a un mismo hilo conductor: el respeto al viñedo. Porque, aunque cambien los paisajes o el formato de la visita, la mirada que los interpreta sigue siendo la misma.

Sostenibilidad: el legado del futuro

Entender así el vino implica una relación responsable con el entorno. En 2026, ese compromiso ya es una realidad tangible en todas sus prácticas. El cuidado de los viñedos propios responde a la convicción de que el ecosistema marca el ritmo. Para Familia Martínez Bujanda, la sostenibilidad no es un discurso de marketing, sino una práctica diaria que se protege con el mismo celo que el propio apellido.

La certificación de cultivo ecológico en la totalidad de las hectáreas de Finca Antigua es uno de los hitos más visibles de esta filosofía, favorecida por la altitud y el clima de la zona. A ello se suman protocolos de eficiencia energética y la reducción de la huella de carbono en todas sus sedes, asegurando que el proceso de elaboración sea tan respetuoso como el trabajo en el campo.

Sin duda, la propuesta enoturística de Familia Martínez Bujanda invita a habitar un legado que ha sabido mantenerse fiel a su origen, sin perder de vista la innovación ni la sostenibilidad. En un contexto de creciente diversidad de propuestas enoturísticas, esta familia define su propio camino: menos ruido, más territorio; menos discurso, más viña.
Cruzar el umbral de cualquiera de sus fincas es entender que el vino no se explica solo desde la bodega, sino desde el paisaje que lo sostiene y desde las manos que lo trabajan desde hace más de un siglo. Una invitación a formar parte de una historia centenaria que se escribe, copa a copa, directamente sobre la tierra.

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