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Moncloa culpará del «batacazo» a «la ola ultra global»

El presidente del Gobierno sabe que su partido sufrirá, salvo sorpresa mayúscula, un severo tortazo el próximo domingo. Los aragoneses votarán para elegir la composición de sus Cortes, que tendrán que designar un nuevo presidente autonómico. Todas las encuestas apuntan a que el popular Jorge Azcón revalidará el cargo. La gran incógnita es cómo queda la correlación de fuerzas en la derecha. El PP y Vox se miden en este ciclo autonómico.

Moncloa lo sabe y, por eso, el líder socialista ya tiene preparado qué dirá cuando se le pregunte por el golpe electoral del PSOE. Sánchez achacará el fracaso a la «ola ultra» global. El presidente intentará asentar la idea de que él y su Gobierno son el único faro progresista del planeta. O, al menos, de Occidente.

El equipo de persuasión de Moncloa está inmerso en una campaña de imagen destinada a vender esa percepción a la opinión pública. En los últimos días, se han sucedido publicaciones y entrevistas en varios medios de comunicación extranjeros en los que se hace hincapié en esa idea. Lo cierto es que Moncloa se ha esforzado, porque, según admiten fuentes gubernamentales, la reciente regularización de alrededor de medio millón de inmigrantes ha sido un reclamo comunicativo de «primer nivel».

El hecho de que el Gobierno de España haya decidido ir en dirección contraria a todos los países de su entorno en la forma de tratar el fenómeno migratorio, unido a los datos macroeconómicos –España es la economía europea que más crece–, ha llamado la atención en la prensa internacional, especialmente en la anglosajona.

Y, claro está, el jefe del Ejecutivo está alimentando desde la confrontación la idea de que él es la alternativa al viento que sopla en el mundo. Fuentes del Ejecutivo apuntalan esta idea y enmarcan en ella la «guerra abierta» con los responsables de las principales redes sociales y empresas tecnológicas del mundo, como Elon Musk –propietario de X–. Sánchez no solo ha entrado al cuerpo a cuerpo ideológico con ellos, sino que intenta ponerles coto: la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años. Moncloa cree que está sabiendo sacar partido a su posición de único gabinete de cohabitación con la izquierda radical que existe en los países de la Unión Europea.

En el PSOE asumen que el presidente tiene puesto su interés solo en él y en sus propios planes. La orden que ha dado al partido es la de «resistir, caiga quien caiga». A Sánchez parece no importarle quemar candidatos y cargos intermedios en elecciones autonómicas que dejarán el poder territorial de los socialistas aún más escuálido. El presidente cierra hoy la campaña aragonesa en Zaragoza junto a la candidata, Pilar Alegría. Sánchez ha tenido una presencia destacada estos días con actos en Teruel y Huesca.

En la mayoría de federaciones socialistas de España saben que la política nacional está penalizando las siglas del partido. Y Aragón será un laboratorio clave para testear la opinión de los españoles. Basta echar un vistazo a la ciencia política –el libro «Aragón es nuestro Ohio», sobre el comportamiento electoral de los españoles–para llegar a la conclusión de que esta comunidad funciona como un territorio capaz de anticipar con notable precisión el comportamiento electoral del conjunto del país.

Y es que Aragón reproduce, a escala manejable, muchas de las fracturas que atraviesan España. Por ejemplo, combina una gran ciudad dominante (Zaragoza), cinturones industriales y amplias zonas rurales despobladas. Todo esto permitirá a los gurús de Moncloa observar cómo interactúan el voto urbano, el periurbano y el rural sin que se distorsione el resultado. La tesis del libro es que Aragón no solo refleja el presente, sino que anticipa cambios de ciclo. El castigo al partido en el Gobierno central, el agotamiento de mayorías largas o el ascenso de nuevas fuerzas suelen aparecer antes o con mayor claridad en Aragón que en el promedio nacional.

Estas elecciones son cruciales. Y en el Gobierno admiten que su resultado determinará «sin lugar a dudas» la estrategia política que seguirá Sánchez los próximos meses. Pero todas las fuentes consultadas admiten que el plan sigue siendo engordar a Vox todo lo posible. Moncloa también sabe que este ciclo electoral autonómico, decretado por el PP, versa más sobre el liderazgo en la derecha que sobre la continuidad de Sánchez en el Gobierno.

Pero en el PSOE crece la incomodidad con el plan diseñado en Moncloa porque temen que se llevará por delante decenas de cargos en comunidades autónomas y ayuntamientos.

«Si la derecha arrasa, seremos los responsables. No se puede fiar todo a que teñir España de verde hará que todo aquel que no quiera a Vox en Moncloa vote al PSOE», explica un socialista preocupado por el devenir del partido. En el PSOE reconocen que su líder «polariza». Su nombre activa adhesiones y rechazos viscerales.

Por eso, cunde el nerviosismo entre los dirigentes que se la juegan en Aragón, en Castilla y León y en Andalucía. El resultado es una paradoja. España es uno de los países más descentralizados de Europa en términos de gestión de competencias, pero uno de los más centralizados en términos de comportamiento electoral. Los aragoneses tendrán el domingo la posibilidad de opinar en un contexto político cargado y politizado. Serán las primeras elecciones tras el accidente de tren de Adamuz en el que murieron 46 personas y por el que la gestión del Gobierno central está en la diana.

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