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El agua ahoga Cádiz

Una catarata de tormentas asola Andalucía incansablemente. No teníamos ni para ducharnos hace nada, pero el agua ahora sale por las baldosas. Dicen en Madrid que en Grazalema llueve más que en la capital del Reino por aquello del centralismo, llevándose las manos a la cabeza, porque ellos custodian la medida de las cosas. Ay, esos lugares comunes de los complejos patrios. En Jerez cae más que en Birmingham en doce meses y esas gotas se convierten luego en el Sherry que se toman los ingleses, pero sólo vemos el sol cegador y la playa en julio. Señores madrileños, Cádiz se ahoga en los brazos de “Leonardo”, la borrasca que azota sin piedad un territorio donde cabe el País Vasco entero, pero sin fueros, cupos ni pistolas. Desde las playas de Sanlúcar a Palmones, donde llegan ustedes en verano para disfrutar del paraíso, el mar se traga la ribera y deja únicamente destrucción, tragándose la arena como un monstruo, derribando chiringuitos, pasarelas y chalets. En el interior, en la sierra, cae del cielo el agua con furia, arrebatando casas, paisajes sin que podamos agarrarnos a la esperanza, hacerla nuestra. No contamos con infraestructuras para encauzarla, los pantanos escupen cataratas y en los llanos se espera ya lo peor a estas horas de café y desayuno. Una vez más los políticos aparecen tarde a hacerse la foto, porque si es cierto que la potencia de la borrasca es inédita, también lo es que desde hace décadas los andaluces exigimos al Gobierno que invierta para lograr un uso seguro del agua en nuestro territorio. Llevan años reclamándolo, sobre todo los alcaldes, que saben bien cómo se la juegan sus vecinos en cada inundación. Se marchará la tormenta y quedará nuestra provincia anegada, esperando el verano cuando Madrid vuelva a acordarse de nosotros, mientras desde el norte nos tratan como colonias y nos soportan como folklore. Si la política es ineficaz, sólo sirve para rellenar una foto, entonces la política es inepta y no nos vale.

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