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Castigo extremo en Corea del Norte: un grupo de adolescentes es obligado a ver ejecuciones de menores por ver el “Juego del Calamar” 

Un reciente informe de Amnistía Internacional ha revelado testimonios profundamente inquietantes sobre el trato que reciben adolescentes en Corea del Norte cuando son descubiertos viendo contenidos surcoreanos como El Juego del Calamar o escuchando K‑pop. Personas que lograron huir del país describen cómo grupos de menores habrían sido obligados a presenciar ejecuciones públicas de otros jóvenes, utilizadas como advertencia para disuadir cualquier contacto con información extranjera.

Según estos relatos, el régimen de Kim Jong‑un considera que consumir material audiovisual procedente del sur constituye una amenaza ideológica grave, lo que desencadena castigos desproporcionados y vulneraciones sistemáticas de derechos humanos.

Un informe que vuelve a exponer la brutal represión cultural del régimen norcoreano

La directora regional adjunta de Amnistía Internacional, Sarah Brooks, afirmó que los testimonios muestran un nivel de represión “distópico”, donde la población vive bajo un control informativo absoluto. Brooks señaló que la severidad de los castigos depende en gran medida de la posición social de cada familia: quienes carecen de recursos o conexiones políticas son los más expuestos, mientras que las familias con medios económicos pueden recurrir a sobornos para evitar sanciones extremas.

La organización denuncia que esta dinámica mezcla represión política con corrupción estructural, dejando a los menores en una situación de vulnerabilidad extrema.

A pesar de la vigilancia constante, el contenido surcoreano continúa entrando al país a través del contrabando desde China. Series como Crash Landing on You o El Juego del Calamar circulan en memorias USB y tarjetas SD, especialmente entre jóvenes que buscan una ventana al exterior.

Según los entrevistados, estos dramas resultan especialmente atractivos porque muestran una realidad completamente distinta a la que viven los norcoreanos, lo que los convierte en un símbolo de libertad cultural y una vía de escape emocional.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2021, cuando un estudiante fue detenido por introducir copias de El Juego del Calamar en el país. Según fuentes citadas por Radio Free Asia, el joven recibió una condena extrema, mientras que otros estudiantes que vieron la serie fueron enviados a trabajos forzados o a centros de reeducación.

Amnistía Internacional sostiene que estos castigos se utilizan como herramienta de control social para reforzar el aislamiento del país y mantener a la población bajo un miedo permanente.

El informe ha reavivado las críticas internacionales hacia el régimen norcoreano, al que organizaciones de derechos humanos acusan de utilizar el castigo público como mecanismo de intimidación y de impedir cualquier forma de acceso a información externa.

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