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"Hace 4 años que no tengo vida": el aislamiento extremo de Nathan, el joven para quien el mundo es demasiado ruidoso

La vida de Nathan Roy dio un vuelco dramático en abril de 2022, tras una exposición al estruendo de un martillo neumático y un compresor en una obra, su cerebro perdió la capacidad de filtrar los sonidos ambientales. A sus 26 años, fue diagnosticado con hiperacusia, un trastorno auditivo que provoca una hipersensibilidad extrema, haciendo que los ruidos cotidianos se perciban como molestos, excesivamente fuertes e incluso dolorosos.

Este joven francés ha tenido que renunciar a su trabajo, a su vida social y a cualquier actividad de ocio, sumiéndose en un aislamiento forzado para evitar el sufrimiento constante. "Cada sonido es una agresión, una fuente de sufrimiento", confiesa en una entrevista al medio galo Les Sables.

Su existencia se ha convertido en un meticuloso ejercicio de supervivencia, para habitar su propia casa, Nathan ha tenido que realizar adaptaciones radicales: ha reducido la presión del agua para que las tuberías no suenen, solo utiliza electrodomésticos ultrasilenciosos y vive en un silencio absoluto, sin música.

Sus salidas al exterior son casi exclusivamente nocturnas, cuando el mundo baja su volumen, el simple canto de los pájaros se ha vuelto insoportable. "Lo doloroso es la acumulación en un solo día. A veces tengo que quedarme en cama tres días para recuperarme. Vivo al día. Entre el estrés, el aislamiento, el cansancio extremo, la incomprensión y la omnipresencia del ruido en la sociedad, no he tenido vida en cuatro años", relata con desesperación.

Un trastorno que fractura los vínculos personales

La enfermedad también ha dañado sus relaciones más cercanas. Su madre, Annick, describe con tristeza la fractura que el trastorno ha causado en la familia. La convivencia bajo el mismo techo se ha vuelto imposible, viéndose apenas una vez por semana.

"Es una fuente constante de ansiedad y temo por el futuro", confiesa la madre, reflejando la angustia que supone ver a un hijo vivir en un estado de reclusión permanente para eludir el dolor.

A pesar de la dureza de su situación, Nathan ha encontrado un rayo de esperanza y apoyo en asociaciones francesas como Ecore44 e Hyperacousie, que luchan por dar visibilidad a este trastorno invisible y concienciar sobre los efectos de la contaminación acústica.

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