World News in Spanish

La polémica regla en las bodas modernas que tiene a los invitados divididos

Las bodas sin niños, conocidas como child-free, ya no son una rareza puntual sino una tendencia cada vez más extendida que está dividiendo a parejas e invitados.

Más allá de elegir entre banquete o cóctel, DJ o grupo en directo, una de las decisiones que más controversia genera hoy es si incluir o no a menores en la lista de asistentes.

Según un estudio reciente de la plataforma de planificación de bodas Bridebook, el 70% de los encuestados considera que los niños no deberían acudir a estos eventos.

Detrás de este cambio están, sobre todo, millennials y generación Z, que no necesariamente están en contra de los menores, pero sí buscan que su gran día “salga perfecto”.

El debate de las bodas sin niños: entre la celebración soñada y el enfado de los invitados

Zoe Burke, responsable de marca de Bridebook, explica que las parejas invierten más de 20.000 euros de media y, en muchos casos, asumen el coste íntegro de la celebración.

A diferencia de lo que muchos creen, invitar a un niño no siempre implica un precio reducido: cubierto, espacio y logística elevan la factura.

“Entre mis amigos suman unos 40 niños. Si los invitara a todos, acabaría en bancarrota. Y la boda parecería una guardería”, resume la escritora Lizzie Cernik.

Sin embargo, no todos los padres se sienten ofendidos. Una madre de dos hijos neurodivergentes reconoce que agradece los eventos solo para adultos, ya que le permiten socializar sin el temor constante a que alguien juzgue el comportamiento de sus hijos.

El conflicto surge cuando las expectativas chocan. Otra madre, con un bebé de 14 meses, asegura que recibió comentarios como “una botella no le va a hacer daño” o “tienes que soltarte el pelo y disfrutar” cuando decidió no acudir a una boda por no querer dejar a su hijo. “Debe ser decisión del padre, no algo impuesto”, defiende.

Ante la creciente tensión, han proliferado incluso servicios profesionales de cuidado infantil para bodas, con zonas separadas para los menores o guarderías temporales durante la celebración.

En redes sociales el debate se ha intensificado: algunos califican estas bodas como frías o “sin alma”, mientras otros recuerdan que la pareja tiene derecho a diseñar su celebración a medida.

La conclusión, aunque sencilla, no siempre resulta cómoda: las parejas deben asumir que algunos invitados pueden declinar la invitación si no pueden llevar a sus hijos, y los padres aceptar que no se trata de algo personal. El respeto mutuo parece la única fórmula para evitar que la polémica empañe la fiesta.

Читайте на сайте