El homenaje a Raphael deja también una lección de estilo: terciopelo marrón para Alejandra Martos y sastrería impecable para Manuela
La emoción marcó la jornada en Boadilla del Monte con el homenaje a Raphael, que desde ahora da nombre al Auditorio Municipal. Un acto cargado de simbolismo al que no faltaron su hija, Alejandra Martos, y su nieta, Manuela. Más allá del significado familiar, ambas dejaron una imagen de absoluta armonía estética: discreción, cortes impecables y una paleta cromática perfectamente pensada para la ocasión.
Lejos de estridencias, madre e hija apostaron por la sobriedad inteligente. Un diálogo entre el marrón profundo y el gris sastre que funcionó como hilo conductor y que confirmó que, cuando el patronaje es bueno, no hace falta nada más.
Alejandra Martos: la sofisticación del terciopelo marrón
Alejandra se decantó por un conjunto en terciopelo marrón oscuro que, según la luz, se percibía casi negro, pero que revelaba matices cálidos y elegantes en movimiento. La elección del tejido no es casual: el terciopelo aporta profundidad, textura y una presencia sofisticada especialmente adecuada para actos institucionales en invierno.
La blazer estructurada, de líneas limpias y hombros bien definidos, enmarcaba la silueta con precisión. El pantalón, de caída fluida y largo generoso, alargaba visualmente la figura y aportaba ese aire clásico que nunca falla. Bajo la chaqueta, un top en la misma gama cromática reforzaba el efecto monocolor.
El detalle que terminaba de confirmar el tono del conjunto era el fular marrón chocolate que llevaba en la mano, perfectamente coordinado con el traje. Un gesto estilístico que demuestra intención y coherencia.
Como contraste sutil, eligió un bolso estructurado en tono amarillo mostaza. Ese punto de luz rompía el bloque oscuro y aportaba frescura sin desentonar. En los pies, salones en una tonalidad igualmente profunda, manteniendo la armonía general. En cuanto a belleza, melena suelta con acabado natural y maquillaje discreto, reafirmando esa elegancia que no necesita artificios.
Manuela: el sastre gris que redefine la formalidad juvenil
Frente al terciopelo cálido de su madre, Manuela apostó por un conjunto sastre gris de estética contemporánea. Chaleco de botonadura y pantalón a juego, combinados con un jersey negro de cuello alto que aportaba contraste y sofisticación.
El chaleco, ligeramente entallado, marcaba la cintura con sutileza y confirmaba la vigencia de esta prenda como alternativa moderna a la americana tradicional. El gris, en un tono neutro y elegante, dialogaba perfectamente con el marrón de Alejandra sin caer en la uniformidad.
El bolso negro de hombro y los pendientes dorados completaban el estilismo con equilibrio. El recogido pulido en moño bajo reforzaba esa imagen limpia y estructurada que encajaba a la perfección con el carácter institucional del acto.
Un dúo coordinado con inteligencia estética
Lo más interesante de esta aparición pública no fue solo la elección individual de cada look, sino la armonía global. No hubo “twinning”, sino coherencia. Dos generaciones, dos estilos distintos, una misma narrativa visual: elegancia serena, tejidos nobles y cortes impecables.
Alejandra representó la sofisticación clásica con un terciopelo marrón lleno de matices; Manuela, la reinterpretación moderna del traje femenino desde la sobriedad. Juntas proyectaron una imagen de unidad, respeto por el contexto y gusto refinado.
En un homenaje tan significativo para Raphael y su familia, la moda no eclipsó el momento, sino que lo acompañó con discreción y altura. Y ahí reside precisamente la clave del verdadero estilo: saber estar, saber elegir y entender el escenario.