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Entre zambombas, palillos y panderos

Estos días la política española me hace recordar el villancico que nos ha acompañado a la inmensa mayoría de los españoles estas navidades. En lugar de zambombas, palillos y panderos, la melodía de fondo ha sido ruido, medallas y enfrentamiento.

En el Congreso de los Diputados ha sonado desgraciadamente un compás acelerado y, sobre todo, la pretensión de hacerse oír por encima del adversario. Lo rentable, en cambio, sería que los ciudadanos sintieran que se está marcando el ritmo correcto para el interés general de los españoles.

Tan solo contemplar la última sesión plenaria del Congreso de los Diputados y se llega a la conclusión que la bronca estuvo muy por encima de la búsqueda de las causas del reciente accidente de Adamuz. Imponer el relato era más importante que aportar soluciones. Los gritos, los reproches y las salidas de tono eclipsaban cualquier intento de colaborar para fortalecer la seguridad del país en su sistema ferroviario. Afortunadamente el pleno del Parlamento de Andalucía distó mucho de este espectáculo nacional.

En medio de este ecosistema, mucha gente se pregunta qué estamos aportando cada uno de nosotros.

Dudo mucho que el ruido, el enfrentamiento interno y el señalamiento entre socialistas buenos y socialistas menos buenos contribuyan a generar la confianza que necesitamos y que el votante de izquierdas demanda. Los reproches no deberían orillar el debate profundo y generoso que analice las causas que nos han llevado a los recientes malos resultados electorales. Resolver problemas y generar confianza debería ser prioritario por encima de disputas internas.

El PP ha contado momentáneamente con victorias electorales con las que intentar ocultar un problema de fondo. Feijóo y los suyos no consiguen encontrar ni el discurso ni la forma con la que frenar el avance de la ultraderecha en nuestro país. Día que pasa hipotecan más sus gobiernos y su poder territorial a los mandatos del partido de Abascal. Son incapaces de frenarlos.

Y mientras tanto, los gestos histriónicos de Isabel Díaz Ayuso siguen generando desconcierto en las filas conservadoras. Sus seguidores quieren hacer ver que es la mejor manera de frenar a la extrema derecha pero un amplio elenco de dirigentes y votantes conservadores muestran estupor y desconcierto ante el último de los gestos con el que nos ha sorprendido a todos. La Medalla de la Comunidad de Madrid en el ámbito internacional a EE UU. Se anuncia en plena crisis de la administración norteamericana por las actuaciones del ICE, especialmente en Minneapolis, que han llevado al presidente Trump a anunciar la retirada de estas fuerzas de Minnesota.

Hay imágenes que cuesta borrarlas del imaginario colectivo a pesar de la velocidad de los acontecimientos. El cuerpo ahogado del pequeño Aylan, con solo tres años, en una playa de Turquía huyendo de la guerra de Siria sigue presente entre nosotros. Liam, ese niño de cinco años usado como cebo para cazar a su padre en Minneapolis y detenido a miles de kilómetros de su familia, ha estremecido a estadounidenses y a ciudadanos a ambos lados del Atlántico al margen de su ideología y han hecho incomprensible la oportunidad de esta medalla.

Los socialistas enredados entre nosotros, buscando culpables a unos resultados que no queremos ver o más bien analizar en profundidad y el Partido Popular atrapado en sus contradicciones internas. El resultado ya lo estamos viendo, Vox crece ante la incapacidad de los grandes partidos de frenarlo. Ambos estamos contribuyendo a consolidarlos más allá de su propio discurso.

Cada bronca en las Cortes y los debates del y tú más, tan manidos, son gasolina para la ultraderecha queramos o no verlo. España atrapada en el espectáculo político es su mejor caldo de cultivo. Los extremos pierden en los debates en torno a los servicios públicos, al crecimiento económico ligado a la igualdad o a la cohesión territorial de nuestro país. Si la comunicación y el tacticismo desplaza a la política quienes creemos en ella tenemos un serio problema. En el villancico el ruido tiene sentido, lo colectivo, el grupo se impone ante lo individual. En la política española pasa lo contrario.

El compás acelerado no conduce al acuerdo ni al entendimiento, eso pasa a ser secundario. Mientras tanto la ciudadanía sigue mostrando cansancio. Para cuándo la gestión sustituirá al espectáculo. España y el interés general para cuándo, se pregunta la gente. Mientras la zambomba siga redoblando y lo haga sin pausa, tal vez y solo tal vez, los españoles estarán esperando que alguien finalmente marque el tempo.

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