Robin, 80 años, sigue trabajando por amor a su oficio sin jubilarse: "Sentarme a ver la televisión sería empezar a morir"
Para muchas personas llegar a la edad de jubilación es un momento ansiado tras décadas de vida laboral, una etapa en la que se busca descanso, tiempo libre o dedicarse a aficiones aplazadas. La jubilación significa desconectar progresivamente de la actividad profesional y comenzar una nueva etapa centrada en la vida personal, la familia o los viajes. Este deseo está profundamente arraigado en gran parte de la sociedad contemporánea, que asocia la jubilación con el fin del esfuerzo y el inicio de una recompensa por años de trabajo.
Sin embargo, existe otra parte de trabajadores apasionados por su profesión que no valoran su trabajo únicamente desde la perspectiva económica, sino como una fuente de vitalidad, propósito y conexión social. Para estas personas, retirarse puede suponer perder una parte fundamental de su identidad, y continúan con sus tareas incluso cuando alcanzan la edad tradicional de jubilación. Quienes sienten una fuerte vocación con su labor se mantienen activos porque el trabajo les aporta bienestar, estimulación intelectual y una rutina que consideran saludable más allá del beneficio económico. Por supuesto, Robin, es un ejemplo perfecto de que el trabajo, a veces, es sinónimo de vida.
¿Existe un máximo de edad para trabajar?
En España, la edad ordinaria de jubilación en 2026 sigue el calendario progresivo establecido por la reforma de 2011. Podrán jubilarse a los 65 años quienes acrediten al menos 38 años y 3 meses de cotización a la Seguridad Social, y quienes no alcancen ese umbral verán la edad ordinaria de jubilación en 66 años y 10 meses.
Para quienes deseen retrasar su retiro, la legislación también contempla incentivos para prolongar la vida laboral, lo que puede mejorar la cuantía de la pensión en futuras prestaciones. En cuanto a la vida laboral en España, la legislación permite trabajar desde los 16 años como edad mínima legal, pero, por el contrario, no existe una edad máxima obligatoria para dejar de trabajar, aunque ciertos convenios colectivos puedan establecer límites propios en determinados sectores. En Inglaterra, el país vecino, el límite de edad de oficio tampoco se contempla y casos como el que hoy nos conciernen, recogidos por el medio local Business Insider, son una buena muestra de ello.
La historia de Robin: un joven trabajador de 80 años
Este panorama general contrasta con la historia de vida de Robin Blair, un hombre de 80 años residente en Darlington, en el noreste de Inglaterra, que continúa trabajando cada día en su puesto de venta de fruta y productos agrícolas pese a haber alcanzado una edad en la que muchos habrían dejado de trabajar hace años. Robin se levanta cada jornada a las 4:30 de la mañana para preparar y vender sus productos, y suele mantener una jornada de unas quince horas al día, incluso en verano cuando las noches son largas.
Su carrera laboral comenzó desde niño, al crecer en un negocio familiar fundado en 1875, y dejó la escuela a los quince años para dedicarse al trabajo que los define. A lo largo de su vida ha visto transformar el comercio tradicional con la llegada de los grandes supermercados, pero nunca ha sentido el deseo de abandonar su oficio, ahora transformada en una pasión inmortal.
El sedentarimos y la vida tranquila no se contemplan
La propia voz de Robin resume su filosofía vital de manera contundente en las palabras que menciona en la entrevista. "Hay dos sillas que te matan: la eléctrica y el sofá", comenta el trabajador. Este ejemplo solo es uno más de aquellos apasionado por su oficio. Al mismo tiempo, destaca que seguir una vida habitual, como el resto, no entra en sus planes. "Sentarme a ver la televisión sería empezar a morir", sentencia Robin. Estas frases expresan su rechazo a una jubilación pasiva y sedentaria, y subrayan su creencia de que mantenerse activo física y socialmente es clave para una vida plena. Para él, seguir trabajando no es un sacrificio, sino una fuente de energía y bienestar que lo mantiene conectado con la gente y con su propia historia de vida.
La historia de Robin, como pocas, nos invita a reflexionar sobre el sentido del trabajo más allá de su componente económico, y sobre cómo la sociedad entiende el envejecimiento activo. En un contexto en el que muchas personas esperan con ilusión el retiro, existen quienes encuentran en su oficio un motivo para seguir adelante, una razón para levantarse temprano cada día y un sentido de propósito que trasciende la edad cronológica.