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Génova avisa a Vox: «Si no quiere trabajar con nosotros, nos medimos en las urnas»

El enredo no hace más que enredarse. El ovillo va camino de ser más grande que cualquier prenda. Porque a la fricción de Vox con María Guardiola se sumó el lunes el reproche de Génova. «Sobra ruido y falta trabajo serio alrededor de una mesa», dijo la vicesecretaria general, Carmen Fúnez. Y todo, por una entrevista en la que la presidenta en funciones y aspirante a la investidura –prevista para el próximo 3 de marzo– trataba de seducir a su potencial socio para formar gobierno con una declaración que, según la cúpula del partido, estaba «manipulada».

Lo importante, en realidad, es que el equipo de Alberto Núñez Feijóo sabe que Santiago Abascal, representante único en su formación, no le está poniendo las cosas nada fáciles a Guardiola. Pero el PP no quiere fomentar una guerra que «solo perjudica a la derecha». Eso sí, si Vox lo pone todo imposible, Génova tiene algo que decirle.

Fuentes próximas al líder popular reconocen a LA RAZÓN que cada día que pasa se antoja más complicado sellar un pacto con quien no hace otra cosa que jugar al despiste porque lo que demuestra Vox, al fin y al cabo, es que no quiere pactar nada con Guardiola, sino acabar con ella. «No se reúnen con ella. Están en la búsqueda de debilitarla y, de paso, al PP». A lo que se preguntan: «¿Qué les interesa más, la redefinición de fuerzas en la derecha o el combate con todo contra la izquierda?».

Las declaraciones de Fúnez, por órdenes de arriba, desvelaron el malestar de la cúpula con la presidenta extremeña, que es recíproco. Aunque en la sede nacional matizan que el aviso era a ambos lados. Y que el cierre de filas, claro está, siempre será con Guardiola, a la que ahora echan un capote: «Si quieren romper del todo, que lo digan. No tenemos ningún problema en decir que lo hemos intentado y que Vox no quiere trabajar con nosotros, así que trabajaremos solos. Y elecciones en Extremadura y Aragón. Nos medimos en las urnas y medimos la capacidad explicativa de los dos».

Un aviso, advertencia más bien, si las cosas se complican tanto como auguró Abascal el pasado martes, cuando no descartó ningún escenario: ni pedir la cabeza de Guardiola ni la repetición electoral.

Para el PP, no tiene un pase la falta de entendimiento cuando ya no es la demoscopia, sino el pueblo llano el que, con su voto, cada vez que hay unos comicios, se decanta por una amplísima mayoría alternativa al bloque que representa Pedro Sánchez. «No podemos estar debilitando al país», zanjan las fuentes consultadas por este diario. El mensaje que transmiten tanto a Guardiola como a Vox es simple: «Dejemos de enseñar a la opinión pública este tipo de cuestiones. El PSOE se frota las manos cada vez que ve a la derecha hablando de la derecha y peleándose».

Muy parecido a lo que proclamó en público, hace dos días, el propio Feijóo: «Los ciudadanos están haciendo su parte para el cambio. No podemos permitir que les fallen los partidos. Nuestra obligación es ordenar la mayoría del cambio que ha salido de las urnas y no fracturarla».

En su entorno, transmiten cierta inquietud para que, más pronto que tarde, se cierre un pacto que incluya una nueva coalición. «Nosotros queremos que entren. El problema es que Vox no sabe qué quiere hacer. No tiene clara cuál es su mejor estrategia. ¿Qué le da a Vox la Consejería Rural con el PP de Von der Leyen? Ser un partido pequeño es fácil. Ser un partido grande supone entrar en contradicciones».

Y en la cúpula popular son conscientes de que Vox no tiene ningún incentivo para dar ahora mismo un paso al frente y asumir esas contradicciones. Máxime cuando aquella espantá de los gobiernos autonómicos le reportó tan buenos beneficios políticos.

En el PP, algunos dirigentes opinan que va siendo hora de retratar a Vox: «Hay que decir la verdad, que no es un partido que tenga utilidad cuando se niega a asumir responsabilidades». En realidad, nadie en todas las filas populares parece dar con la receta exacta para: uno, domesticar al potencial socio y conseguir que se siente en la mesa de diálogo y firme los acuerdos; y, dos, frenar su subida. Entretanto, la incertidumbre se enquista en un territorio concreto donde fue precisamente el portazo de Vox a los presupuestos lo que provocó el adelanto electoral.

Aun así, en Génova se muestran confiados con evitar el peor de los escenarios. «Lo que le hemos dicho a María es que, si ella es el hermano mayor, y Vox, el menor, que además está rebelde, le corresponde amansarlo. No creemos que Vox vaya a forzar una repetición. No le puedes endosar a la gente de allí otras elecciones. ¿Qué imagen es esa?».

Además, en el entorno de Feijóo creen que un segundo asalto sería en balde. «No va a alterar las fuerzas. No va a haber absoluta de Guardiola. El resultado sería muy parecido a esto. Escaño arriba escaño abajo». Así pues, en el PP ansían que los cuchillos se sustituyan por las arras de una nueva alianza.

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