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Vox en combustión: filtraciones, expulsiones y órdago de Abascal

Vox vive días de turbulencia interna después de la suspensión cautelar de militancia de uno de sus fundadores, Javier Ortega Smith, tras negarse a acatar la orden de dejar la portavocía del grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid. Es la excusa oficial. La expulsión coincide con filtraciones de «basura» interna a medios cercanos a los críticos, lo que ha provocado una caza de brujas contra los delatores.

La decisión, adoptada por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del partido, simboliza el punto más álgido de un conflicto que se venía gestando desde hace meses y que evidencia una fractura entre el núcleo dirigente de Vox y sus figuras históricas. La chispa que ha precipitado la crisis fue la negativa pública de Ortega Smith a ceder el cargo de portavoz municipal en el Ayuntamiento de Madrid a Arantxa Cabello, designada por la dirección del partido. La Ejecutiva interpretó este gesto como un «desacato grave» a una resolución unánime del CEN, activando el procedimiento disciplinario que ahora le deja suspendido de militancia.

Este episodio ha servido como detonante, pero no es un hecho aislado: la marginación progresiva de Ortega Smith se remonta a meses atrás, cuando fue relegado de casi todos los cargos orgánicos de peso dentro de la formación que ayudó a fundar. Perder la portavocía adjunta en el Congreso, la dirección de la Comisión de Justicia y su silla en la Ejecutiva nacional marcó un retroceso de poder que culmina ahora en su expulsión cautelar.

La salida de Ortega Smith, uno de los rostros más reconocibles de Vox desde su creación, ha sido recibida con un discurso de firmeza por parte de Santiago Abascal, presidente del partido. Frente a las críticas de falta de lealtad, Abascal remarcó ayer que «la dirección es la que manda y eso va a seguir siendo así», asumiendo públicamente el control absoluto del proyecto político y restando importancia a las tensiones.

La jerarquía de Vox ha defendido la medida como un paso necesario para preservar la disciplina interna y la coherencia estratégica del partido, que atraviesa un momento clave ante citas electorales regionales y nacionales. No obstante, el choque expone la fragilidad de un modelo de liderazgo fuerte que, paradójicamente, ha acabado marginando a quienes estuvieron en su origen. Esta crisis no surge de la nada. La expulsión de Ortega Smith se inscribe en una tendencia más profunda de reconfiguración interna en Vox, marcada por la salida de figuras emblemáticas como Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros o Rocío Monasterio, y acompañada por tensiones sobre el rumbo ideológico y organizativo de la formación.

La marginalización de Ortega Smith comenzó con la pérdida de la vicepresidencia en 2024 y se reforzó con su salida del Comité Ejecutivo Nacional en diciembre pasado, cuando fue sustituido por un grupo de dirigentes más cercanos a la línea actual de Abascal.

Desde su entorno, Ortega Smith ha lanzado críticas a la «democracia interna» de Vox, utilizando incluso declaraciones pasadas del propio Abascal para ilustrar su descontento con el liderazgo vertical y centralizado. Aunque mantiene de momento sus cargos institucionales como diputado y concejal, su posición dentro del partido que ayudó a levantar es ahora precaria.

Detrás de la expulsión hay también una apuesta clara por parte de la dirección de Vox: consolidar un liderazgo fuerte y coherente que evite fisuras internas durante un ciclo político crítico. La figura omnipresente de Abascal, reforzada por su control casi absoluto sobre la dirección del partido, busca transmitir estabilidad hacia el electorado más allá de la polémica con Ortega Smith.

Pero la raíz del conflicto plantea preguntas estructurales que superan a los protagonistas: ¿hasta qué punto un partido con raíces en liderazgos carismáticos puede tolerar discrepancias internas? ¿Puede Vox sostener un proyecto político largo sin espacio para tensiones orgánicas?

Vox ha reconfirmado su apuesta clara por consolidar un liderazgo único en torno a Abascal que evite fracturas futuras. Hasta ahora, esta descapitalización, y la falta de voces territoriales diferenciables, no ha tenido ningún coste para los intereses electorales del partido. Tampoco ha obligado a Vox a redefinir su relato interno y su capacidad de cohesión de cara a las próximas contiendas electorales.

Aunque, sin duda, la salida de Ortega Smith sí abre interrogantes en estos planes, y también sobre el futuro del propio partido en municipios clave como Madrid, donde su figura había sido hasta ahora un referente local. Abascal ha optado por echarse a las espaldas todas las campañas electorales de los próximos meses.

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