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Keir Starmer se juega su liderazgo en un bastión histórico del laborismo

Starmer se juega este jueves mucho más que un escaño en una elección parcial en un distrito clave para el laborismo. En Gorton y Denton, un bastión histórico de Gran Manchester en manos del partido desde hace más de un siglo, el primer ministro pone a prueba su autoridad interna, su credibilidad ante el electorado y, en última instancia, la estabilidad de su liderazgo. Lo que debería ser un trámite parlamentario se ha transformado en una prueba de resistencia para un Gobierno que apenas cumple dos años y ya agoniza.

La amenaza tiene nombre propio: el populista Nigel Farage. El líder de Reform UK ha convertido la cita electoral en un plebiscito sobre Downing Street. Su partido quedó en segundo lugar en esta circunscripción en las generales de 2024 y llega envalentonado tras la victoria de mayo en las parciales de Runcorn y Helsby, donde arrebató a los laboristas un escaño considerado seguro por apenas seis votos. Aquella derrota rompió la sensación de blindaje en territorios tradicionales del llamado “Muro Rojo” del norte de Inglaterra. Una repetición en Manchester tendría un efecto político mucho mayor que el valor aritmético del asiento.

El momento no podría ser más delicado para Starmer. La elección coincide con la mayor crisis de su Ejecutivo desde su llegada al poder. El arresto esta semana de Peter Mandelson —exembajador en Washington y figura central del Nuevo Labour— por su presunta vinculación al “caso Epstein” ha obligado al Gobierno a reaccionar a la defensiva. El primer ministro pidió disculpas por haberlo nombrado pese a sus polémicas relaciones pasadas, pero el daño reputacional ya está hecho. La sensación de que la vieja guardia laborista vuelve a estar asociada a escándalos incómodos alimenta la narrativa antisistema de Farage.

La propia convocatoria de la elección parcial tampoco fue sencilla. Se produjo tras la dimisión por motivos de salud del diputado Andrew Gwynne. Lo que debía ser una sustitución discreta abrió una disputa estratégica. La vacante generó expectativas sobre un posible regreso a Westminster de Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester y una de las pocas figuras laboristas con liderazgo territorial consolidado y proyección nacional. Su candidatura habría alterado el equilibrio interno del partido en un momento de debilidad del primer ministro. Finalmente, la dirección laborista bloqueó esa opción y designó a Angeliki Stogia, concejala local, como candidata. Starmer se implicó personalmente en la campaña, consciente de la carga simbólica del escaño.

Sobre el papel, Gorton y Denton sigue siendo terreno favorable al Laborismo. En 2024 obtuvo una mayoría cómoda y la suma del voto conservador y el de Reform apenas superó el 22%. Sin embargo, el clima nacional ha cambiado. Los sondeos sitúan al partido en niveles históricamente bajos de intención de voto y el índice de aprobación del primer ministro se ha deteriorado con rapidez inusual para un líder en su segundo año de mandato. En Westminster se escucha una crítica recurrente: seriedad administrativa sin proyecto inspirador, gestión sin relato político capaz de movilizar.

El desgaste es especialmente visible en determinados segmentos del electorado urbano. Parte de los votantes jóvenes y progresistas muestran desafección, y en este distrito la comunidad musulmana ha expresado malestar por la posición del Gobierno respecto al conflicto en Gaza. Ese espacio es el que intentan ocupar los Verdes. Su candidata, Hannah Spencer, plantea una alternativa claramente situada a la izquierda del laborismo y apela a quienes desean expresar protesta sin respaldar a la derecha radical.

Sin embargo, el sistema electoral británico es implacable con la fragmentación. Si el voto progresista se divide entre Labour y los Verdes en proporciones similares, Reform podría imponerse incluso sin aumentar sustancialmente su base. Esa es la ecuación que preocupa en Downing Street.

La campaña laborista ha sido intensa. Ministros y altos cargos han recorrido el distrito puerta a puerta, y el partido ha recuperado símbolos del debate del Brexit —como el recordatorio de las promesas incumplidas sobre la financiación del NHS— para subrayar la supuesta falta de credibilidad de Farage. La estrategia es clara: presentar la elección como un duelo binario y activar el voto útil frente al populismo. El problema es que la eficacia de ese mensaje depende de la confianza en el liderazgo, y esa confianza atraviesa un momento frágil.

El resultado de los comicios -que se conocerá el viernes- tendrá una lectura que irá mucho más allá de Manchester. Si los laboristas conservan el escaño, Starmer podrá presentarlo como una prueba de resiliencia y capacidad de contención. Si lo pierde ante Reform, el mensaje será inequívoco: Farage se consolida como alternativa competitiva en antiguos bastiones laboristas. Y si la derrota llega por la izquierda, frente a los Verdes, la conclusión será igualmente preocupante: la coalición social que devolvió a Labour al poder comienza a resquebrajarse.

Formalmente, una elección parcial no derriba a un primer ministro con mayoría absoluta. Políticamente, puede alterar el equilibrio interno en un partido que observa con inquietud las próximas elecciones locales y regionales de primavera. En Westminster, las mayorías se cuentan en escaños, pero la autoridad se mide en percepciones. Y en Gorton y Denton, Starmer se juega ambas cosas.

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