Manel Berdonce: «Rocky está en cualquier gimnasio de por ahí»
Manel Berdonce (Madrid, 1969) pasó el nombre de su barrio por todo el mundo cuando era boxeador profesional. «El Tigre de Tetuán» le llamaban. Fue varias veces campeón de España y número uno de Europa antes de pasar a ser seleccionador. Pero «el Tigre», que recibe a LA RAZÓN en su gimnasio del distrito madrileño de Fuencarral, no se olvida de sus orígenes. Y en los barrios busca a los campeones de su último proyecto, Boxing Talents. Una competición por eliminatorias que comenzó el pasado sábado en Calanda y que finalizará en Madrid el próximo mes de mayo, para elegir a los mejores boxeadores de España.
¿Qué es Boxing Talents?
Yo creo que Boxing Talents es una cosa que va a hacer historia, una cosa muy bonita. No son los grandes campeones que estamos acostumbrados a ver, sino que se hace desde la base. Es dar a los boxeadores la oportunidad de creer en uno mismo, a través de un programa como el nuestro, que le va a dar visibilidad. Hacen falta sacrificio, dedicación, la ilusión por hacer algo y por ser algo, pero Boxing Talents es una plataforma donde la gente que no es tan conocida puede tener su espacio para que la conozcan.
¿Lo que le falta al boxeo profesional es visibilidad? Porque los gimnasios están llenos.
Yo creo que vivimos una época muy bonita en España del boxeo, hay mucha gente que está en el boxeo, hay muchos campeones, pero también es verdad que esto es un complemento, es una ayuda también para que la gente que no es muy conocida pueda tener su oportunidad. Los gimnasios están llenos, pero hay dos tipos de boxeo, el boxeo de competición y el boxeo recreativo. Ahora está muy de moda el boxeo recreativo, te ayuda mucho a mejorar la condición física, la condición psicológica, a prepararte, pero no tiene nada que ver con la competición. A través del boxeo recreativo también sale mucha gente que le despierta el interés y puede ver lo que es la competición y de ahí puede salir también un buen boxeador. Uno está acostumbrado a ver a los campeones, pero esto va más allá, esto da la oportunidad a la gente que normalmente está casi empezando, que tiene un recorrido no muy extenso, pero que no la conoce nadie. Y uno de los mayores ídolos de los últimos 30-40 años es un hombre que perdió, que es Rocky. La primera vez perdió. Y hay una cosa que a mí me encanta, que también es lo que hay que inculcar. Cuando tú ves a alguien que hace algo muy bien, que es un fenómeno haciendo algo, pero que tú no puedes hacerlo, tú le admiras. Pero cuando hay un deportista, en este caso, que lo que consigue es a través del esfuerzo y de la lucha, tú le idolatras, porque luchar está al alcance de todos. Ese talento, no, el talento excesivo; pero luchar, sí. Y cuando tú ves a alguien que pelea, que pelea y sigue peleando y no da nunca nada por perdido, entonces tú lo idolatras. Porque luchar podemos todos. Ese mensaje para mí es fundamental. Y aquí toda la gente va a luchar por ser algo, por ser alguien, por ganar el cinturón de Boxing Talents.
Yo iba de camino a un combate y decía «joder, ¿quién me manda a mí meterme en esto ahora, con lo a gusto que estaba yo en mi casa?»
Boxing Talents, además, es un documental.
Sí. A través de Boxing Talents se va a poder hacer el seguimiento a boxeadores, conocer su historia. Nosotros siempre hemos tenido mucha curiosidad por que la gente sepa qué piensa un boxeador antes de subir al ring, un día antes, una semana antes, qué pasa después, qué pasa con el que gana, qué pasa con el que pierde, cómo está la familia, en qué fundamenta ese deseo por subirse a un ring para competir en un deporte en el que a lo mejor él está ganando prácticamente nada. Eso me parece una cosa muy interesante y todo eso va a tener visibilidad a través de Boxing Talents. Se va a conocer algo que todo el mundo conoce, cómo es un boxeador encima del ring, pero también algo que la gente desconoce, ¿qué pasa cuando te bajas del ring y has perdido?, ¿dónde vas?, ¿qué haces?, ¿qué sientes?, ¿qué pasa con el que ha ganado? La victoria y la derrota. Eso me parece interesantísimo, que la gente tenga la oportunidad, a través de Boxing Talents, de conocer qué piensa un boxeador. Yo, nunca le he dicho esto a nadie, la verdad, pero yo cuando iba a boxear, estaba con mis hijos en mi casa, y me ocurría casi siempre una cosa, que era, «joder, tienes que salir ahí a jugarte el tipo», y yo decía, «con lo a gusto que yo estoy en mi casa viendo una película de Disney con mis hijos», y yo iba de camino y decía «joder, ¿quién me manda a mí meterme en esto ahora, con lo a gusto que estaba yo en mi casa?». Otro pensará en su abuela, habrá el que diga, oye, yo tengo que boxear sí o sí, porque quiero comprarle un piso a mi madre, porque mi abuela está en silla de ruedas y le quiero comprar una silla de ruedas mecánica, la mejor silla de ruedas del mundo, por lo que sea. Cada uno tiene una historia y todas esas historias son muy bonitas. Que la gente, a través de un documental, de varios episodios, conozca el boxeo masculino, el boxeo femenino, qué piensa una mujer, que a lo mejor tiene la regla y tiene que ir a entrenar, qué le dice su madre, qué le dice su padre, qué le dice su abuela, todas esas cosas que son muy desconocidas, pero para nosotros, para todos los compañeros que hemos formado Boxing Talents, muy interesantes, que el espectador conozca algo que hasta ahora no se conoce. Yo creo que va a ser algo pionero, no solamente acompañarles en el ring, sino antes, durante y después.
¿Qué piensa un boxeador antes de subir al ring?
Es la hostia, se te pone la carne de gallina. Por ejemplo, un torero, sale, cuadra al toro, lo llaman de un sitio de la plaza, le mandan de un sitio para otro, el toro se cansa, ahora sale el de las banderillas, pum, ahora sale el picador. Y cuando ya sale el torero, tiene muchas más armas para salir airoso. Es decir, lo normal es que el torero salga por la puerta grande o salga bien y el toro salga por desgracia por otro sitio. ¿Qué pasa en el boxeo? Aquí, en el mejor de los casos, te vas a llevar a una, te van a dar duro. Porque lo que dictamina que uno gane un combate o lo pierda, a lo mejor es un golpe, a lo mejor es un punto. Pero, en el mejor de los casos, te van a dar. ¿Qué pasa si a un torero le dijesen, oye, hoy vas a salir a torear, pero te van a coger? No sabemos si va a ser muy grave o va a ser leve, pero te van a coger. Hostia, a lo mejor no saldría. Y como decía Clint Eastwood en una película, «la gente huye del peligro, nosotros vamos hacia él». Yo salgo de mi casa, de estar cantando la Sirenita con mis hijos y voy a jugarme la vida con un tipo. Pero así, en una hora. ¿Cómo tiene que cambiar esa mentalidad?¿Cómo tienes que afrontar saber que sí o sí te van a dar duro? Sí o sí. Yo he boxeado 16 años, y en todos los combates me he llevado alguna. Y yo casi siempre he ganado. Pero eso no te exime de que te lleves muchos golpes. La mentalidad esa tiene que ser la hostia. ¿Qué piensa un tipo cuando sabe que se va a enfrentar a algo que le va a hacer daño, y aún así camina hacia allá? Disimulando. Porque el boxeo es como la vida, y como en la vida tienes que fingir continuamente. Tienes que estar fingiendo algo que no está siendo acorde a lo que tú estás sintiendo. Pero no puede demostrar fragilidad, porque entonces te afeitan.
¿Un boxeador siempre va hacia el peligro?
Nosotros somos sabios. Porque nosotros vamos hacia el peligro, vamos buscando el peligro. Tú cuando ves peligro, ¿qué haces? Buscas salirte, quitarte. Nosotros no solamente no nos escondemos, sino que vamos hacia él. Y a veces con miedo, pero que no se entere nadie. Cus D'amato, decía que el héroe y el cobarde sienten lo mismo. La única gran diferencia es la forma de manifestarlo. El héroe no lo demuestra y el cobarde sí. Pero los dos tienen miedo.
«Los boxeadores manejamos algo con lo que la gente no sabe vivir, que es la incertidumbre. Nosotros aprendemos a vivir con eso»
¿Qué piensa un boxeador cuando gana un combate, se mira en el espejo y se ve la cara hecha un cromo?
Yo te diría que no te ves la nariz sangrando, no te ves el ojo hinchado. Te ves que has ganado, que has cumplido un sueño. La gente piensa que los golpes son los más duros del boxeo. Y lo más duro es el entrenamiento, el sacrificio que tienes que hacer diariamente. Y para mí es una escuela de vida. Porque hay algo que tú tienes que manejar siempre, algo con lo que la gente no sabe vivir. Y es la incertidumbre. La incertidumbre a la gente le pone muy nerviosa, le tensa, se incomoda, le entra ansiedad. Y nosotros tenemos que convivir con la incertidumbre continuamente. Porque un golpe y se acabó. Tú puedes ir ganando todo el combate y te dan un golpe, te caes y se acabó. Y todo lo anterior no vale. Nunca sabes qué va a pasar hasta que termine. Nunca. Y eso es una incertidumbre muy grande. Nosotros aprendemos a convivir con eso. Aprendemos a convivir con el sacrificio.
«Ricardo Sánchez Atocha, que era mi entrenador, era el que cosía. Cosía mejor que nadie porque era tapicero, mejor que los médicos»
¿Cómo gestionaba usted la incertidumbre?
Un boxeador en la vida, como en el boxeo, tiene que ser ambicioso. Tiene que ser una persona con mentalidad de ganador. Porque al final esto es una competición. Y tienes que enfrentarte a ti mismo. Cuando tú ganas no miras si tienes una ceja abierta. Es que se te da igual si tienes el ojo hinchado. Iba a nacer mi hija Yaiza y a mí se me fue la preparación. No entrené casi y cuando me quise la cuenta, ¡pac! estaba encima del ring. Contra un argentino perro, canalla, fuerte, y me tiró un crochet. Yo hice cuatro asaltos espectaculares, pero se me acabó la gasolina. En el cuarto puse la reserva y fui tirando de recursos. Me dio un golpe en la nariz y me abrió entero. El hueso estaba por fuera y la nariz estaba para abajo. Así me tiré cuatro asaltos. Luego me dio un cabezazo y me abrió. Pero el instinto de ganar era tan grande que yo no pensaba en eso. No me importaba la sangre, no me importaba el hueso. No me importaba nada. Yo quería ganar y ganar y ganar. Y entonces [Ricardo Sánchez] Atocha, que era mi entrenador, era el que cosía. Nos cosía él y cosía mejor que nadie porque era tapicero. Cosía mejor que los médicos. Los cosía a todos. Y yo cuando terminé, imagínate. Te veías aquí el hueso por fuera, pero a mí es que me daba igual eso porque había ganado. Había ganado a través de la lucha, de dejar ahí la vida. Uno no mira, te da igual lo que tengas o no tengas. Si has ganado al final te sientes satisfecho, feliz. Y tú te miras y no te ves ni si tienes una cicatriz. Te da exactamente igual hasta que llega el día siguiente y casi no te puedes mover. Yo creo que la vida, y lo vamos a ver en Boxing Talents, es un poco eso. Cuando en la vida por ti mismo no puedes hacer algo buscas otra cosa. Yo me puse a boxear por papi, que era mi ídolo, que era boxeador y por necesidad
Lleva tatuado a su padre.
Mi padre fue campeón de Castilla...Boxeó con varios campeones de España y dos veces con el campeón mundial. Para mí fue mi ídolo siempre, lo llevo conmigo. Se fue muy pronto, pero bueno, me vio que era campeón de España. Y luego yo lo llevaba en mi calzón. En Boxing Talents un poquito el objetivo fundamental es ese también, el que a través de nuestra plataforma y nuestra idea tan bonita de unos amigos que hemos pensado en todo esto, los chavales puedan tener un sueño, puedan que tengan ilusión. Y estoy convencido que desde aquí se puede dar visibilidad también a su talento. Rocky está en cualquier gimnasio de por ahí. En Aragón, en Valencia, en Oliva, en Galicia, en Madrid. Y seguramente de aquí va a salir algún Rocky que se convierta en un ídolo del aficionado español. No solamente de la afición al boxeo sino del aficionado al deporte. Y luego la gente que vea eso que yo he intentado contagiar en el equipo nacional porque a mí me vino bien para mí y para mi familia y para todo, que todo el mundo puede luchar más. Hay gente que no tiene mucho talento, pero si lucha...Y hay gente que tiene mucho talento y no llega luego. Cuando tienes el espíritu ese de luchador y de peleador y de no darte por vencido hasta el final todo se puede conseguir.
«Yo me puse a boxear por mi papi, que era boxeador, y por necesidad»
¿El boxeo sigue siendo un deporte del hambre o de la necesidad?.
Es una pregunta difícil de contestar, la verdad, porque la sociedad yo creo que ha mejorado mucho. No vemos a nadie que tenga así hambre, pero sí hay gente que a lo mejor está pasando dificultad. Y sí es un deporte que viene de la necesidad. Es importante las mentalidades que estamos formando. Últimamente es si no hago nada tengo cinco;, si hago algo, tengo cinco. ¿Qué fomentas? Pues que no hagas nada porque al final vas a tener lo mismo. Y nosotros luchábamos por tener algo porque no teníamos nada. Si no hacemos nada, no tenemos nada Y si hacemos algo, pues a lo mejor podríamos tener algo. Hemos hecho un deporte muy duro. Tenemos un sacrificio, pero ya no es solamente lo que se ve encima del ring. En Boxing Talents lo que nosotros queremos es que se vea desde fuera la preparación, el sacrificio, la dedicación, la superación. Cuando un deportista a lo mejor tiene a su papá o a su mamá enfermos, o tiene a su padre en el paro, que no tiene trabajo, no tiene nada, y estando bien o mal tiene que ir al gimnasio. Queremos que se vea que el boxeo da esas oportunidades que todo el mundo necesita, que se pueda dar visibilidad al talento y que se pueda dar visibilidad y compartir con todo el público del deporte, del boxeo, los sueños que tienen los jóvenes talentos.
¿Qué sueño tenía usted cuando empezó a boxear?
A mí me gusta mucho estudiar la mente del ser humano. En el boxeo los golpes no se ven, se intuyen ¿Qué es la intuición? La capacidad de anticipación antes de que pasen las cosas. Tienes que ver este golpe y llega y tienes que saber qué está pensando el contrario. Esa intuición te permite poder defenderte, atacar, bajar en el momento y finalmente terminar ganando. Yo tenía un sueño. Yo era pobre, la verdad. Si tú profundizas en la mente del ser humano casi todos dentro de nuestro éxito tenemos un deseo de ayudar a nuestra mamá, a nuestro papá, a nuestros hermanos, a nuestros abuelos, de ayudar a la gente que más queremos a vivir mejor. En mi caso yo quería quitar a mi padre de trabajar siete días a la semana, quería que mi madre no trabajase tanto en casa. Éramos siete, cinco hermanos, mi padre y mi madre, y yo quería comprarle una una casa grande para que todos tuviéramos una habitación y mi madre no trabajase tanto. Todos mis deseos, todos mis sueños eran triunfar, pero triunfar para ayudarles a ellos. Y luego convertirme en alguien porque todo el mundo me decía que nunca iba a hacer nada en la vida, que no valía para nada porque yo no quería estudiar. Nunca terminé los estudios, no quería estudiar. Yo en vez de estudiar me iba con los gitanos a por chatarra. Me iban a hacer una biografía y haciendo una introspección me di cuenta de una cosa que incluso me emocionó, porque yo era un desastre. Con todos los delincuentes, con la gente más jodida, yo era un tío respetado desde niño. Yo en el boxeo tengo 39 combates y tendré unos 1.500 en la calle, ahí soy campeón mundial. Si hubiese un cinturón lo hubiese defendido. Yo no sé por qué tenía esa cosa adentro. Me decían que no valía para nada, me echaron de siete colegios, es una locura. Yo tenía 14 años, y te dices «joder, todo lo hago mal». Y es que lo hacía mal, pero tampoco antes te explicaban mucho. Todo me salía mal, todo me salía mal, entonces todo lo que me decían siempre era que yo nunca iba a llegar a nada en la vida, que no valía para nada. Yo jugaba bien al fútbol y hacía bien deporte, pero no me dejaba todo ahí. Yo me puse a boxear por ese sueño que tenía y para ver si mi padre estaba orgulloso de mí. Recuerdo mi primer combate. Fue con las botas que me dejó Nino Jiménez, que fue campeón de Europa, unas medias de fútbol, un calzón que me hizo mi madre -que se fue a los retales, compró un cacho de tela, hizo un calzón y me puso Manel-, la camiseta de las monjas de mi prima que me dejó y el batín con el que boxeaba mi padre. No tenía dinero para comprar nada, todo era prestado. Yo tenía 16 tacos y se me pone la carne de gallina. Yo empecé a boxear y escuché que me aplaudieron y cuando terminé me dijeron que bien, qué bien, y fue la primera vez en mi vida con 16 años que alguien me decía que había hecho algo bien. Yo creo que sentí tanto placer y tanta alegría y un estado de felicidad de escuchar eso, que creo que me quise aferrar a eso para repetirlo. Porque fue la primera vez en mi vida que yo sentí eso, nunca nadie me había dicho que hacía nada bien, nunca nadie, todo lo hacía mal, entonces esa primera vez fue ahí, mi primer combate. Era un combate sin resultado, era una exhibición, pero me gustó tanto esa sensación que quise aferrarme a ella. En Boxing Talents queremos dar esa oportunidad a la gente para que tenga también ese momento y que haga un cambio en su vida. Al año nuevo hay que pedir dos cosas, salud e ilusión, si tienes salud y no tienes ilusión, estás jodido. La ilusión es fundamental. Y queremos eso, a toda esa gente que va a participar en Boxing Talents, que tiene salud, que nosotros le pongamos esa parte de ilusión que algunos tienen y que otros le faltan.
«Yo en el boxeo tengo 39 combates y en la calle tendré 1.500. Ahí soy campeón mundial»
Los sueños muchas veces son cercanos. No boxean por ser campeón del mundo sino por su gente.
Cuando yo iba a boxear, decía «tú puedes estar con mucho miedo, pero no lo puedes mostrar». Veía al tipo y entonces me venía siempre una imagen, veía a mis hijas que me decían «papi, tengo hambre, papi, tengo hambre». Y este tipo les quitaba el pan, y ahí ya no hay nada más, porque uno a veces se afloja. La fuerza que nos da la gente que nosotros queremos, nosotros a veces no la tenemos. Entonces uno se aferra a esas cosas y sólo queda eso para hacerlo o no hacerlo. Y es lo que hacía yo. Y es lo que también en Boxing Talents queremos, que la gente tenga esa fuerza externa, no solamente de ellos, sino que a través de Boxing Talents pueda decir, oye, voy a hacerlo. Darle ese impulso de fuerza, de ilusión, de deseo por hacer algo. Porque hay mucha gente que le falta ese pequeño empujón. Y yo creo que Boxing Talents va a ser ese pequeño impulso, ese pequeño empujón para decir «vamos, yo también puedo hacerlo».
¿Qué tenía el boxeo que no tenía el fútbol para usted?
Pues es una buena pregunta. El fútbol ha sido mi pasión. Yo boxeaba, pero mi verdadera pasión era el fútbol. Yo quería ser futbolista del Madrid. Yo siempre he sido del Madrid. Como Juanito. Y yo me escribo con su hijo porque yo soy fanático de Juanito, del espíritu de Juanito, porque a través de la lucha todos podemos hacerlo. Yo creo que en el boxeo, en el deporte, en la vida, cuando tú das todo lo que tienes y te has esforzado de verdad, puedes perder, pero no eres perdedor. Yo he perdido, no soy perdedor. He perdido luchando por ganar. Y eso es fundamental. Yo soy un apasionado del fútbol, me encanta, y quería jugar en el Madrid y jugué como tres años en las categorías inferiores y se me daba bien, la verdad. Era zurdo cerrado, mi hijo es futbolista también, zurdo cerrado. Y yo quería jugar, pero esa sensación que me gustó tanto y nunca la había sentido, me aferré ahí. Luego se me daba bien y era como algo más personal hacia ti. No se difuminaba tanto.
El equipo es usted.
Claro, eras tú y la superación de uno mismo. Y yo digo, esto es, yo nací para esto, quiero demostrar que toda la gente conmigo se ha equivocado. Y así lo hice y seguí un día más, otro día más, me aplaudían. Yo llegaba a mi casa y me decía, ¿cuándo puedo boxear otra vez? Yo quería volver a sentir eso. Pero nadie me daba crédito. Yo dije «voy a ir a hacer boxeo», pero como yo era, como decía mi madre, un culo inquieto... Porque yo quería ser torero al principio, pero la escuela de tauromaquia estaba muy lejos. Pero quería ser torero. Un día quería ser una cosa, otro día quería ser otra y tampoco me echaron mucha cuenta. Pero eso sí, no sabían que eso me había dado fuerte. Y así es. Desde ese día hasta ahora han pasado 40 años. Y sigo haciendo lo mismo, con la misma ilusión. No sé si con la misma salud, pero sí con la misma ilusión del primer día. Y eso que yo era un desastre. No me gustaba entrenar, yo boxeaba sin entrenar, fumaba, era un desastre.
Curioso que luego se haya dedicado a entrenar y a la formación de boxeadores.
Nunca veía a mis rivales. Yo pasaba de todo. Entrenaba, fumaba, salía con la noche. Me pusieron hasta un apodo en vasco, que era como un pájaro de la noche. Eso era todo. Por eso yo siempre aquí [señala el brazo] tengo toda la historia de mi vida. Aquí tengo un tatuaje con mi hermano Paquito, que falleció hace poco por esta maldita enfermedad, y «estupendamente bien», que era su frase. Estaba mal con el cáncer y él decía «estupendamente bien». Y aquí tengo, un niño con dos sueños en su vida, futbolista y los guantes. Yo tenía unos guantecitos que me pedí a los Reyes de pequeño. Y aquí pone «a mi manera». Porque todo lo he hecho a mi manera. Me he equivocado muchas veces. Por eso digo siempre que hablo desde la autoridad que me da el fracaso. Porque el fracaso es muy serio. La gente dice que se aprende mucho más del fracaso. Yo aprendo más del éxito. En el fracaso se sufre mucho.
¿Por qué eligió el lema de fight with soul (lucha con alma)?
Sí, lo elegí para esto, para el gimnasio, porque hay algo que no falla nunca y es el alma. Hay que pelear con el alma. Hace años, yo dije, el boxeo es como la vida. Hay que tener cabeza, corazón y cojones. Y ahora lo dice Alcaraz. Pero yo estoy convencido de que su abuelo me escuchó. Porque me dijo la chica que me estaba entrevistando ¿lo puedes volver a decir otra vez? En vez de decir cojones, dije testiculina, por afinar un poco. Eso lo he dicho yo. Luego ya me dijeron que lo ha dicho el abuelo de Alcaraz. Yo digo que hay que tener cabeza, corazón y cojones. Son tres ingredientes muy difíciles de tener en una sola persona. Y ahora bien, una vez que uno tiene los tres ingredientes, que es muy complicado, cada ingrediente hay que ponerlo cuando se necesita. Porque si cuando hay que poner la cabeza, tú pones los cojones, estás jodido. Y si cuando hay que poner los cojones, tú pones la cabeza, se fastidia también. No solamente hay que tener esos tres, sino saber aplicarlo en cada momento. Entonces ahí viene lo del alma, lo de pelear con el alma. Porque hay veces que te falla la cabeza. Hay veces que te falla el corazón y que no puedes más. Pero el alma no te falla nunca. Y cuando todo se acaba, tienes que apelar al alma. Y ese segundo antes de morirte, te hace quedar campeón mundial. El alma no falla. Te puede fallar todo lo demás, pero el alma no. Y ahí puedes pelear con el alma. Cuando tú peleas con el alma, el que tengas enfrente de ti, ya puede estar bien entrenado. No hay nada peor que tener a un tipo aquí y sentir el aliento. Y ver que el tipo no se va por vencido.