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Carmen Lomana convierte las calles de Córdoba en su pasarela: el vestido joya que firma su noche más especial junto a Andrew Pocrid

Hay mujeres que no necesitan alfombra roja para desplegar glamour. Les basta una acera iluminada y el paso firme de quien sabe que la moda también es actitud. Así ha reaparecido Carmen Lomana en Córdoba, donde ha asistido al desfile con el que Andrew Pocrid celebra su décimo aniversario en la industria. Y lo ha hecho fiel a su ADN: silueta impecable, negro sofisticado y ese punto joya que eleva cualquier look a categoría de icono.

La empresaria y coleccionista de alta costura compartía en sus redes su llegada al evento con un mensaje claro: “De camino al desfile de Andrew Pocrid en Córdoba”. Pero más allá del destino, lo que ha captado todas las miradas ha sido el estilismo elegido para una cita que une moda, memoria y raíces andaluzas.

Un vestido efecto segunda piel con guiño joya

Para esta noche especial, Carmen Lomana apostó por un vestido midi de manga larga, ceñido al cuerpo y con cuello cerrado, confeccionado en un tejido negro bordado con un delicado motivo geométrico en plata que crea un sugerente efecto óptico. El dibujo, repetido con precisión milimétrica, recuerda a una pieza de orfebrería llevada al textil, convirtiendo la prenda en un auténtico vestido joya.

La silueta, entallada pero sin excesos, demuestra una vez más que la elegancia no entiende de edades, sino de proporciones y seguridad. A sus 77 años, Lomana vuelve a reivindicar el poder del patronaje bien construido y de las líneas limpias que estilizan sin artificios.

El largo, por debajo de la rodilla, refuerza ese equilibrio entre sofisticación clásica y sensualidad contenida que tanto define su armario. Un diseño perfecto para un desfile nocturno, pero también para una cena formal o un evento cultural donde el dress code exija sobriedad con carácter.

Stilettos con broche joya y bolso mini: el arte del detalle

Si el vestido construye la base, los accesorios firman el titular. Carmen completó el estilismo con unos salones negros de punta afilada adornados con un broche floral de cristales en el empeine. Un detalle brillante que rompe la uniformidad del negro y aporta ese punto festivo que exige una celebración como la de Andrew Pocrid.

El bolso, en formato mini y de estructura rígida, refuerza la estética depurada del conjunto.

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