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Tecnología y caza a larga distancia

La ética corresponde al individuo y su comportamiento y nos interroga sobre por qué son, o no, moralmente aceptables los comportamientos humanos. La moral va cambiando a medida que se suceden los cambios en la sociedad. Estos cambios hacen que comportamientos que se veían con normalidad hace 20 o 30 años hoy día sean completamente inaceptables. En relación con la actividad venatoria también se han producido cambios que obligan a un mayor nivel de exigencia ética. Si los cazadores queremos que esta sociedad actual nos entienda, acepte y autorice a seguir cazando, tenemos que ser capaces de convencer con argumentos sólidos y con una práctica que lo demuestre. Ahora también tenemos una responsabilidad con el medio ambiente y con la sociedad. Esto se traduce en un compromiso decidido con la sostenibilidad de las poblaciones de fauna salvaje. Siendo la caza la mejor herramienta para el control poblacional. Las normas de la Administración deberían siempre estar basadas en criterios científicos. Por ello, es deseable que exista una estrecha colaboración entre el mundo científico y el cinegético. La ciencia es nuestro mejor interlocutor con la sociedad y así la caza se podrá reconocer como es, un medio muy eficaz para la conservación. Concepto moralmente aceptado y reconocido hoy por nuestra sociedad. Lo anterior es necesario pero no suficiente; también hay que aplicar criterios éticos actuales sobre cómo se caza para que sea una caza auténtica. Los principios en los que se basa una caza verdadera, y que tenemos en nuestra Cofradía Culminum Magister, ya fueron definidos magistralmente por el marqués de Laserna en su origen fundacional. Caza sobre animales salvajes, en terreno abierto, donde la incertidumbre del resultado sea condición imprescindible. Caza esforzada que requiera de todo el intelecto y las capacidades del cazador para superar aquellas de la presa en su hábitat natural. Esto es aplicable a cualquier modalidad de caza, mayor o menor, pero me tomo la licencia de traer como ejemplo la caza que mejor conozco, la caza de montaña. Después de 35 años cazando ininterrumpidamente en la montaña, en sierras de medio mundo, voy a intentar explicar lo que para mí significa la caza auténtica. Las condiciones antes citadas las reúne la caza de montaña y es por ello que siempre se le ha otorgado un especial reconocimiento por el colectivo de cazadores. Es inevitable que la tecnología se haya ido incorporando también a la caza de montaña, pero no por ello su uso racional debería inclinar en demasía la balanza a favor del cazador. Este debería autoimponerse unos límites para no desequilibrar en exceso su supremacía sobre la presa. Hay un principio básico para que la caza sea caza auténtica y es que, en su ejecución, siempre se debe preservar la posibilidad de que la presa mantenga la capacidad de rehuir al cazador. Pero hay prácticas cinegéticas hoy muy extendidas en las que no se cumple esta condición. La caza de montaña se practica en la modalidad de rececho, el cual consiste en localizar la presa, juzgar sus características, edad, sexo, condición física, trofeo, y por último la aproximación para finalmente realizar un tiro letal. La especie, la orografía y las condiciones meteorológicas, entre otras variables, van a determinar la última fase del rececho, la aproximación, que nos dará la distancia a la presa En este punto, hay una gran controversia actualmente respecto de la distancia de tiro. Al punto que se ha puesto de moda, una modalidad importada de caza que se denomina «caza a larga distancia». Esta modalidad anula conceptualmente el rececho en montaña tal ya que no se ejecuta la tercera fase del mismo, no hay aproximación, sino a veces incluso lo contrario. Y no hay que confundir tener que efectuar un tiro largo en unas circunstancias determinadas con esta modalidad de caza o tiro a larga distancia. Es indiscutible que lo más difícil, pero a su vez más emocionante y más satisfactorio para un cazador, es ganarle la mano a su presa en su entorno natural, acercándose lo más posible sin ser detectado por esta; es decir, la tercera fase del rececho. Ahí el cazador deberá poner en práctica todas sus capacidades, el conocimiento del terreno, el viento y todas las variables que determinan la aproximación. Y esto, en esa modalidad de caza, se pierde totalmente. Si, además, hay un uso excesivo de la tecnología de hoy lo estaríamos desvirtuando aún más. Cada uno que decida qué le emociona más, qué le hace vibrar con más intensidad. En el capítulo de las emociones, no se puede dictar norma, cada cual sabrá; pero, aplicando un criterio ético obligado, es claro cuál sería el modo correcto. Yo me quedo con la forma tradicional de practicar un rececho en la montaña, que es la que más me gusta y más satisfacción me produce. En la última fase del rececho, hay que procurar efectuar un tiro letal. Esto implica unas condiciones que no siempre se dan en los que practican la actividad cinegética, como tener buen conocimiento del equipo y haber entrenado lo suficiente para tener esa capacidad de efectuar un tiro letal que culmine el rececho, con la muerte rápida y digna de nuestra presa. Cada animal, según las circunstancias, permite acercarse a una distancia; por lo tanto, no se puede cuantificar 'a priori' cuál es la ideal. Un rebeco de bosque alpino se puede encontrar a pocos metros, mientras que un argalí en la inmensidad de un valle del Pamir te detecta a más de 1 kilómetro. En EE.UU. siempre se definía como un tiro largo aquel que se realizaba a partir de 400 yardas o más. En mi experiencia, puedo afirmar que hasta esta distancia se pueden ejecutar la inmensa mayoría de los lances en la caza de montaña. No es necesario, por lo tanto, salvo en unas pocas ocasiones, estar obligado a tirar más lejos. En caso de tener que hacerlo, un cazador de montaña, éticamente, tiene la obligación de estar preparado y entrenado para poder efectuar un tiro a esas distancias. No solo un primer tiro; pero, ante la eventualidad de herir a la pieza y que esta se aleje aún más, el cazador debe poder efectuar un disparo largo de remate. Creo que el meollo de la cuestión está más en la modalidad de caza –si es un rececho tradicional, como aquí se ha descrito, donde se mantiene el exigible respeto por la presa; o si se trata de esta nueva modalidad de caza o tiro a larga distancia– y no en perderse en disquisiciones, que no conducen a nada práctico. La ética no la fija el metro. Hay que defender que, para el que se sienta cazador verdadero, su elección siempre va a ser realizar un rececho tradicional, acercándose todo lo que permitan el animal y las circunstancias y con un uso autolimitado de la tecnología. Lo que, sin duda, le reportará una mayor satisfacción y una vivencia auténtica. Defendamos ante la sociedad, sin complejos, lo que es una caza auténtica con criterios éticos de hoy.

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