Sobre la utopía de la caza de jabalíes en mano
A pesar de que la aparición de brotes de PPA ha puesto de manifiesto la necesidad de controlar las poblaciones de jabalí, la normativa actual sigue sin responder a las necesidades del campo en muchas ocasiones. Es cierto que la reciente ola de temporales, que ha dificultado el ejercicio de la caza en gran parte de la península, ha llevado a muchas comunidades a flexibilizar la normativa vigente y, entre otras disposiciones, ampliar el periodo de caza hasta finales de marzo, pero podría hacerse más. Cazar jabalíes sigue siendo algo oneroso, tanto desde el punto de vista legal como desde el económico, y para explicarlo nada mejor que un ejemplo práctico. Me cuenta mi amigo Fernando Portillo su última experiencia en un coto de Castilla-La Mancha, y cuando digo 'última' creo que es algo literal. Este abnegado cazador arrienda una finca de unas 500 hectáreas, por cerca de 30.000 euros, para cazar jabalíes en mano con unos cinco perros y uno o dos acompañantes. La caza en mano del jabalí contempla según las zonas un máximo de cinco escopetas y quince perros; hasta ahí todo correcto, pero, para su sorpresa e indignación, se le conceden únicamente tres días de caza, los cuales tiene que solicitar con 15 días de antelación. Cazando de esta forma está prohibido que los cazadores se pongan en puesto (¿?) y, por supuesto, tampoco se puede tirar a los jabalíes si la mano va a la caza menor (¿?). Teniendo en cuenta que, de esa forma y con suerte, en sus salidas puede hacerse con uno o dos jabalíes y que en ese caso debe contar con un veterinario que analice los animales y llevarlos a una sala de despiece homologada, las cuentas que hace es que cada jabalí le puede costar más de 10.000 euros, aunque venda la carne si le dejan. El porqué de todas estas trabas y ese control excesivo se me escapa, aunque sospecho que pueda tener que ver con esa presunción de culpabilidad que solemos acarrear los cazadores.