Todo lo que se juega el PP en Castilla y León: desde su relación con Vox a la Moncloa
Se juega mucho el Partido Popular en las elecciones de mañana en Castilla y León. Primero, en clave autonómica: preservar el poder en un feudo histórico. El más simbólico de todos, puesto que es el único en el que lleva gobernando de forma ininterrumpida prácticamente cuatro décadas -39 años-.
En realidad, es la única región de España en la que un partido acumula semejante trayectoria a los mandos. Andalucía iba camino de batir el récord con el PSOE, pero se acabó el idilio en 2018.
Cierto es que el PSOE ganó en Castilla y León en 2019, con un resultado notable del entonces candidato, Luis Tudanca, que cosechó un 34,84 % y 34 escaños. Pero hubo una mayoría alternativa en la derecha con PP, Ciudadanos y Vox que impidió la alternancia y mantuvo a Alfonso Fernández Mañueco de presidente.
En aquel momento, era Ciudadanos la fuerza política que amenazaba con superar al PP, que lleva más de diez años resistiendo a los envites de nuevos partidos que nacen bien por el centro bien por la derecha y que buscan romper su hegemonía con una sustitución que nunca llega.
Así pues, lo segundo que se juega el PP en los comicios de mañana es la correlación de fuerzas en un espectro ideológico, el del centroderecha. Terminado el recuento de votos, se verá si la primavera demoscópica y electoral que Vox atraviesa es tan fuerte como para hacer que se tambalee el liderazgo político de Alberto Núñez Feijóo. O si sigue sin poner en jaque su primer puesto en el podio.
En plena maratón autonómica, quizá la de Castilla y León es la cita más complicada para el PP por una sencilla razón: la dificultad de ofrecer a los votantes un revulsivo cuando formas parte del mobiliario al que se han acostumbrado. Que son casi cuatro décadas.
Con los últimos trackings en la mano, hay escepticismo en la cúpula de Génova. La expectativa, como publica hoy LA RAZÓN, es más bien baja. El PP se conforma con igualar el resultado de los últimos comicios de 2022, que obedecieron a una estrategia de Pablo Casado para propinar un doble golpe mortal: a Pedro Sánchez y a Ciudadanos. Pero la sorpresa fue una victoria empañada por el ímpetu de Vox.
Entonces, la formación de Santiago Abascal empezaba a ganar un terreno que luego perdió con la llegada de Feijóo a Génova. Ahora, que tanto el Gobierno como Vox alientan la tesis de un sorpaso en la derecha, el resultado de mañana arrojará muchas claves. Puede que Vox llegue al 20%, sí, pero no parece que se muestre capaz de ganar al PSOE. Y su subida no es a costa de un PP que, según la mayoría de sondeos, se quedará como está.
En clave nacional, claro está, el resultado tendrá su impacto. Condicionará de alguna manera el estado de ánimo de la clase política de cara a las próximas elecciones en Andalucía y, sobre todo, reafirmará (o no) una tendencia que parece imparable: la derecha cada vez suma más y la izquierda no hace otra cosa que restar. A lo lejos, la meta final: la Moncloa. Mañana, otra parada en el camino: Castilla y León.