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Ángel Gómez de Ágreda: "Europa no puede ser garante de un sistema que no funciona"

El mundo está cambiando. La rápida expansión de la inteligencia artificial coincide con un tablero geopolítico cada vez más complejo, que en las últimas semanas ha vuelto a saltar por los aires como resultado de la ofensiva iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Una realidad sobre la que reflexiona Ángel Gómez de Ágreda –especialista en defensa y ciberinteligencia– en su libro "Un mundo falaz" (Editorial Ariel). En conversación con LA RAZÓN, el coronel del Ejército del Aire y del Espacio ha abordado las que considera las grandes batallas del siglo XXI, así como las claves para entender el conflicto desatado en Oriente Medio.

Aseguras que la IA da poder a quien la controla y que no existe una IA neutral. ¿Quién está acumulando ese poder hoy en día?

De momento, efectivamente, no hay ninguna inteligencia artificial que sea neutral. Todas tienen sus sesgos y lo estamos viendo con algunas compañías, como crean sus propios modelos de inteligencia artificial o incluso sus redes sociales para apoyar campañas políticas o para apoyar ideas concretas. Lo hemos visto con Elon Musk, con la creación de Grok. Hemos visto cómo el presidente Trump creó Truth Social, por ejemplo, para apoyar las ideas de su candidatura en su momento cuando fue vetado en Twitter. Ahora mismo, el control sobre los modelos de inteligencia artificial lo ejercen las grandes compañías que tienen los datos, que tienen la capacidad para editarlos, para estructurarlos, para generar inteligencia sobre ellos y después, por lo tanto, para generar un relato basado en lo que conocen sobre cada uno de nosotros. A estas grandes compañías las vimos, por ejemplo, en Estados Unidos, en la toma de posesión del presidente Trump acercándose mucho, sobre todo al Poder Ejecutivo, porque existen muchos intereses compartidos entre los Estados y las grandes empresas. Ellas, para explotar los datos en beneficio económico y en beneficio de influencia sobre los ciudadanos, el Estado, para tener todos esos datos, toda esa capacidad de extraer conclusiones para asuntos de seguridad nacional o incluso para asuntos de incrementar, en un momento dado, la capacidad de influencia sobre los ciudadanos, ya sea de forma política interna o para dirigir algunos aspectos de la política exterior.

¿Qué papel ocupan realmente los ciudadanos en relación entre los Estados y las grandes empresas tecnológicas?

El ciudadano queda como producto, que es lo que explotan las compañías y lo que controlan los Estados a través de esa pérdida de libertad, que viene derivada de una pérdida de privacidad. Estamos regalando nuestros datos -datos que son nuestra propia identidad- cuando aceptamos las cookies, cuando estamos dando datos para registrarnos en determinadas páginas o en determinadas redes sociales... El ciudadano, por lo tanto, el papel que tiene ahora mismo es el de víctima de la guerra. Lo que debe hacer es preservar lo más que pueda su privacidad.

¿Qué cambia la IA en los conflictos respecto a guerras anteriores? ¿Qué se ha podido observar en el caso de Irán?

La inteligencia artificial ahora mismo se ha convertido en una herramienta fundamental para los conflictos. La vemos utilizada en Gaza o en Irán para tratar todos los datos que hay de satélites, de drones, de espías sobre el terreno, integrar toda esta información y darle un sentido. Ya lo veíamos en la guerra de Gaza, también en el conflicto en Venezuela, y es uno de los principales usos que se está dando porque acelera mucho la capacidad de identificar blancos y, por lo tanto, acelera mucho el ritmo de la guerra, no da descanso al enemigo. También se está utilizando para manejar los mismos sistemas de armas letales autónomos que están haciendo esos ataques en muchos casos. Se está utilizando también para la evaluación de qué ha pasado después del ataque, con la interpretación de las imágenes,para comprobar si se ha conseguido destruir el objetivo. Y muy importante, se está utilizando también para dirigir la opinión pública hacia que haya una guerra, hacia que deje de haber una guerra, hacia que se escale un conflicto o no. Incluso para influir en la opinión pública del adversario. Por tanto, lo primero que hace cada país cuando es atacado o cuando está atacando es cortar las redes sociales, el acceso a las redes sociales que vienen del adversario para protegerse de ese relato que también hilado por las inteligencias artificiales. En Irán lo estamos viendo prácticamente a diario y se está utilizando de una forma realmente sofisticada. Hay muchísimos blancos que identificar y comprobar si han sido abatidos y tenemos que estar recibiendo constantemente la ayuda de la inteligencia artificial para integrar todos esos datos y darle al que está mandando la operación una información lo suficientemente condensada como para que sea digerible por un ser humano para que pueda tomar decisiones.

¿Cómo están utilizando Estados Unidos, Israel e Irán la guerra informativa para influir en la opinión pública global?

Manipulando la información que llega a las distintas audiencias. Pensemos que Estados Unidos e Israel son países en los que hay una pluralidad de prensa y en los que no se puede restringir el relato a un solo medio o a una sola fuente informativa, pero sí puedes generar información sintética, información elaborada por inteligencia artificial que dé una sensación de que está pasando algo distinto de lo que está pasando. Y eso no lo está utilizando solamente las grandes potencias sino que ahora mismo la inteligencia artificial está al alcance de prácticamente cualquiera y se está utilizando en los conflictos, pero se está utilizando en la vida diaria también para mandarnos mensajes a través de vídeos falsos, muy sofisticados, que nos hacen pensar y nos llevan a tener unas emociones en relación con ese hecho que, aunque después se prueben como falsas, ya han surtido su efecto para cuando las quieras desmentir. Esa introducción de un ruido blanco, de esa información que no tiene contenido pero que ocupa espacio en la atención de los oyentes es un concepto, por cierto, que los rusos dominan perfectamente.

¿Cuál cree que son los objetivos reales de Estados Unidos e Israel?

Tenemos informaciones muy contradictorias con respecto a los objetivos que tienen Estados Unidos e Israel. Por parte de Israel parece bastante claro que se trata de neutralizar una amenaza que consideran existencial. Desde la revolución islámica, Irán, que se ha juramentado como enemigo existencial de Israel, pretende eliminarlo del mapa. Irán es un imperio muy antiguo, con una población de más de 90 millones de personas. Evidentemente, no va a dejar de estar ahí, pero sí puede tener una actitud distinta con respecto a Israel. Estados Unidos también comparte ese objetivo de crear un ambiente mucho más estable en Oriente Medio, más favorable quizás a los intereses de Israel. Y luego hay que pensar también en la cadena de acontecimientos que ocurren. Tanto Venezuela como Irán son dos grandes suministradores de energía a China, un competidor sistémico de Estados Unidos. Por lo tanto, también hay un interés en privar a China de esas fuentes de energía y de esas fuentes de materiales que tiene. Ir erosionando también ese eje del adversario que en su día se llamó "El Eje del Mal", para tener más ventaja geopolítica en el contexto general, no necesariamente en el contexto del Golfo.

¿Hasta qué punto Irán puede sostener una guerra a largo plazo con estas dos potencias tecnológicamente superiores?

Una guerra con intención de ganar; sinceramente, creo que Irán no tiene ninguna posibilidad ni ninguna esperanza de poder sostenerla. Lo que sí puede hacer probablemente es mantener una resistencia a lo que es una invasión y una destrucción del régimen actual de los ayatolás. El grado de empeño de Estados Unidos y, desde luego, la cohesión de la población de Irán serán los dos factores clave que influirán allí. El problema de un alargamiento de la crisis es, en primer lugar, el alargamiento del problema energético a nivel mundial. Hay muchos países que dependen del petróleo y del gas que viene de la zona del Golfo Pérsico o arábigo. Y, en segundo lugar, la posibilidad de que crisis como Afganistán con Pakistán, Sudán y Yemen acaben entrando en contacto entre ellas y se genere una crisis regional mayor que haga intervenir a más potencias y de lugar a una crisis más importante. La resistencia de Irán, en cualquier caso, no es con la idea de vencer en el conflicto, sino de sobrevivir al conflicto.

¿Europa está jugando en el tablero geopolítico o se limita a reaccionar?

No solamente está reaccionando a lo que hacen otros, sino que además sigue teniendo una divergencia interna de criterio que hace que haya declaraciones contradictorias entre distintos responsables de la Unión Europea. Europa necesita la autonomía estratégica que viene reclamando desde hace tiempo, pero que tiene que estar basada en una autonomía industrial y en una autonomía tecnológica. De lo contrario, no solamente reaccionaremos, sino que reaccionaremos al dictado de las potencias que puedan establecer ese relato.

¿Está de acuerdo con Von der Leyen cuando aseguró que "Europa ya no puede ser la garante del orden internacional"?

Estoy de acuerdo con Von der Leyen en cuanto a que no podemos ser los garantes de un sistema que ha dejado de funcionar. Europa no tiene que aferrarse necesariamente a las instituciones concretas del pasado, pero sí tiene que mantener intactos los valores que seguíamos, y que siguen siendo válidos también en el presente. Pero Europa no puede ni debe quedarse rezagada con respecto al resto del mundo, cuando el resto del mundo está cambiando. No puedes pretender de forma unilateral ser el que dicta la forma en la que se tienen que llevar las relaciones internacionales.

¿Cree que la Unión Europea debería de adoptar una posición más crítica con respecto a Estados Unidos?

Creo que Occidente tiene una forma plural de expresarse, que Estados Unidos y Europa comparten muchos valores y que por lo tanto debemos avanzar unidos en la mayor parte de los aspectos, pero no subordinados los unos a los otros. Europa tiene más población que Estados Unidos, tiene una enorme riqueza, un enorme potencial para hacer cosas. Creo que no debe enfrentarse a Estados Unidos, sino acompañarle en la medida en la que coincidan nuestros valores e intereses.

En el libro también mencionas que Trump es un síntoma y no la causa y que el poder se está imponiendo a las reglas. ¿Estamos entrando en una etapa en la que pesa más la influencia y la coerción que las instituciones?

Estamos entrando en una etapa más asertiva y en la que el poder resulta mucho más determinante de lo que eran las relaciones multilaterales hasta hace unos pocos años. Pero eso es un cambio de la política internacional basado en la pérdida de funcionalidad del modelo anterior. Con lo cual Trump lo que está mostrando es que ha identificado bastantes aspectos de las relaciones internacionales, de la forma en la que se llevan a cargo las relaciones internacionales y está abordando esos temas de una forma que nos puede gustar más o menos,

¿Cuál cree que es el mayor error que están cometiendo los gobiernos en este "mundo falaz"?

No estar a la altura de la evolución de los acontecimientos, no solamente en el desarrollo tecnológico, sino en la forma de gobernanza. Es decir, quedarnos atrás en cuanto a cuáles son los criterios que realmente están funcionando. El mayor error que pueden cometer ahora es permanecer en el pasado y no hacer la transición hacia este nuevo mundo, porque el problema no es solamente hacer la transición, el problema es definir cómo va a ser el modelo de este nuevo mundo.

En el libro también hablas de una industria de la desinformación basada en bots, viralización... ¿Qué señales tempranas debería detectar un Estado para identificar una operación de desestabilización a tiempo?

El problema de estas actividades es que son casi permanentes. Los bots no se crean de la noche a la mañana. Las herramientas informáticas que se utilizan para generar o para alimentar una crisis no se crean de la noche a la mañana. Están ahí presentes y de repente se activan cuando se quiere provocar una crisis. Evidentemente, cuando hay un cambio en el relato, cuando hay un cambio en las tendencias, en lo que se ha vuelto viral, es porque alguien está interesado en generar algún tipo de controversia que dé lugar a un conflicto. No necesariamente armado, pero sí un conflicto, por ejemplo, económico. Entonces, hay que estar muy atentos a las variaciones en la intensidad o en la orientación de los discursos en las redes porque normalmente son el fruto de alguna estrategia. La desinformación nunca, nunca es casual y nunca es inocente.

¿Cómo puede protegerse una democracia de la manipulación y la desinformación sin caer en métodos de control propios de régimen autoritario?

Si caen los métodos de control autoritario, si caen la censura, está dejando de ser una democracia. Para defender una democracia, lo que tenemos que hacer es defender los valores democráticos que son los de la libertad individual de cada uno de los ciudadanos. Para eso es fundamental dotar a los ciudadanos de la capacidad para que puedan pensar y puedan decidir por sí mismos. En los primeros estadios de Internet, vemos como esa era una de las aspiraciones fundamentales de los desarrolladores de la red. Igual que ocurre con la inteligencia artificial. Potenciar al ser humano, potenciar los valores democráticos, potenciar la capacidad para tener más información y decidir de una forma más libre. El problema es que esos mismos instrumentos se pueden utilizar precisamente para todo lo contrario.

Mirando a un futuro, en los próximos cinco o diez años, ¿cuál sería el peor escenario si no corregimos el rumbo y cuál sería el mejor escenario realista?

Creo que en cuestión de relaciones internacionales no habrá grandísimos cambios, probablemente se van a profundizar las tendencias actuales. Lo que más me preocupa es a nivel individual. El cambio fundamental que puede suceder es que sigamos utilizando la inteligencia artificial para sustituir las capacidades humanas, y por lo tanto vayamos a un mundo en el que estamos generando esclavos o estamos generando comparsas simplemente que aplaudan las decisiones que le vienen impuestas por determinadas personas que controlan la inteligencia artificial. Y también podemos, en el mejor escenario, darnos cuenta de que la inteligencia artificial es un instrumento fabuloso con un potencial enorme para hacer el bien y que seamos capaces de establecer unos límites éticos a cómo se utiliza y de emplearla para construir un mundo mucho más humano, un mundo mucho más igual y mucho más justo para todos. Eso es posible hoy en día, pero tenemos que partir del esfuerzo individual de cada uno y de una sociedad civil que exija a las empresas y a los estados que se utilice la inteligencia artificial de este modo para dar el salto hacia un mundo más humano y menos maquinal.

¿Por qué decidiste escribir este libro?

La idea surge de mi anterior libro, Mundo Orwell. Se publicó hace siete años y repasándolo llegué a la conclusión de que prácticamente todo aquello que había adivinado como escenario posible hacia donde podíamos ir evolucionando prácticamente se había cumplido ya. Y que había otro mundo por delante que había nacido de un cambio muy sutil con la llegada de la inteligencia artificial, por ejemplo, seguíamos llamando a las redes sociales, aunque eran muy distintas de hace cinco o diez años, que estaban mucho más dirigidas al control y que, por lo tanto, hacía falta actualizar de alguna manera los conceptos, porque esos pequeños cambios habían hecho que nuestro rumbo hacia el futuro fuera distinto. No son libros para aprender, son libros, yo creo, para reflexionar y para que aprendamos todos, primero yo.

¿Que idea del libro crees que incomodará más a los lectores?

Probablemente la misma que produce la inteligencia artificial. El libro refleja la realidad del mundo en el que vivimos y que muchas veces queremos ignorar. La inteligencia artificial muchas veces nos devuelve como en un espejo nuestra propia imagen y nos hace ver que somos menos éticos, somos menos humanos, menos razonables de lo que creemos. Lo que más incomoda de este libro, y de casi todo, es la verdad. Creo que el libro recoge en muy buena parte la verdad de lo que está pasando en este momento y, por lo tanto, puede resultar incómodo para aquellos que prefieran no verla.

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