Sánchez sucumbe para frenar una crisis interna en Moncloa con Sumar
El Gobierno de coalición vivió ayer el momento más tenso de la legislatura. «No hay precedentes de algo parecido. Si acaso, la crisis por la tributación del IRPF del salario mínimo», concede a este diario una fuente gubernamental. Los miembros del socio minoritario del Ejecutivo retrasaron más de dos horas el inicio del Consejo de Ministros extraordinario que aprobó las medidas para paliar los efectos económicos de la guerra emprendida en Irán por Estados Unidos en coordinación con Israel.
El caos se apoderó a primera hora de la mañana del Palacio de la Moncloa, por donde circularon mensajes contradictorios sobre la presencia de los ministros de Sumar en la mesa del consejo. Finalmente, se terminó celebrando a las 11.30.
Pero lo cierto es que el presidente, Pedro Sánchez, tuvo que negociar directamente con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, para evitar que el Gobierno «entrara en crisis». Sumar logró su objetivo, que el Ejecutivo aprobara en un decreto paralelo las medidas de vivienda que llevaba días reclamando en público y en privado y que bajo ningún concepto quería imprimir en el BOE el ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
Fuentes al tanto de la negociación de infarto que se vivió en el palacio presidencial explican que Cuerpo «se puso muy duro». «Recordó a los tiempos de Nadia Calviño», explican estas fuentes.
Lo cierto es que tras el episodio de ayer hay un trasfondo de hartazgo en Sumar con el PSOE. «Que no quisieran introducir nuestras medidas sobre vivienda fue la gota que colmó el vaso», sintetiza una fuente de Sumar en el Ejecutivo.
El órdago surtió efecto. Pero la estabilidad del Gobierno quedó ayer en entredicho. El presidente, durante su comparecencia, quitó hierro a la confrontación interna, que definió como «salseo». Pero ese «salseo», recuerdan en Sumar, es la clave, porque pone de manifiesto las limitaciones del PSOE.
A nadie en Sumar se le escapa que Cuerpo, un ministro tecnócrata sin carné socialista, es el hombre de Bruselas en Madrid.
Y, por tanto, el «poli malo» de la política económica. Sumar intentó arrastrar a la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, a la negociación, pero la número dos socialista se desentendió por completo. «Dijo que la materia era competencia del ministro Cuerpo y pidió que se negociara con él», explican fuentes al tanto. En verdad, Montero también ha eludido «mojarse» por su inminente salida del Gobierno rumbo a Sevilla.
La titular de Hacienda es la candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía y no puede permitirse meterse en más jardines. De hecho, la retirada del presupuesto en Cataluña obedece estrictamente a su interés electoral, puesto que ERC no tenía intención de apoyar las cuentas de Salvador Illa si el Estado no cede la gestión íntegra del IRPF a la Generalitat; algo que Montero no puede (ni quiere) aceptar.
En cualquier caso, las fuentes consultadas en el Gobierno explican que el choque de ayer es consecuencia directa de la estrategia emprendida por el PSOE en los últimos meses. Los socialistas están asumiendo buena parte de la línea política de la izquierda en cuestiones como Palestina.
«Sánchez se ha comido una parte del espacio de Sumar en los últimos meses. Es lógico que Sumar ahora saque los codos e intente marcar la diferencia y reivindicar su papel con medidas clave, particularmente en materia de vivienda», cuenta una fuente curtida en mil negociaciones con el PSOE.
Hace tiempo que los socialistas están cansados de los cabreos de Sumar, donde ya ven a sus socios más como una molestia que como un aliado con el que construir un proyecto político. La coalición juega en tiempo de descuento.
Los dos partidos son conscientes de que la competición electoral entre ellos se acentuará a medida que se acerquen las elecciones generales, previstas, en principio, para 2027. Pero, como recuerdan las fuentes consultadas, este episodio también está fuertemente vinculado a la cita electoral en Andalucía, donde la izquierda del PSOE tiene mucho más arraigo.
La vicepresidenta Montero tendrá difícil allí convertir la papeleta socialista en voto útil. Por eso, los navajazos en Moncloa serán más habituales a partir de ahora. O, al menos, se harán públicos y notorios. El contexto de crisis que se cierne sobre la economía, con el alza de los precios de la energía, impactará directamente en los hogares y en las empresas. «Eso es lo que preocupa y notan los ciudadanos en su día a día.
Y eso es por lo que echan la culpa al Gobierno. No nos podemos permitir que nos identifiquen como parte del problema. Por eso, no quedó más remedio que hacer valer nuestra fuerza, por pequeña que sea en comparación con la del PSOE», explica una fuente de Sumar.
Las fuentes consultadas explican que el PSOE, en previsión de que la crisis en Oriente Medio se agrave, querrá ir dosificando las medidas, porque es probable que «haya que ir a más». Sánchez, mientras, hace malabarismos. Nunca antes un presidente de izquierdas con un gobierno de coalición tuvo que lidiar con tantas emergencias con un parlamento en el que la mayoría es de partidos de derechas.