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La izquierda francesa se la juega en las urnas en las tres principales ciudades

Los franceses eligen hoy a sus alcaldes en la segunda vuelta de unas elecciones municipales que han sido relegadas a un segundo plano por la guerra de Irán y que han tenido en los últimos días de campaña a un protagonista inesperado, el presidente Emmanuel Macron, quien ha sido acusado por el aspirante socialista a la alcaldía de París, Emmanuel Gregoire, de haber provocado entre bastidores la retirada de la candidata de extrema derecha, Sarah Knafo, para potenciar a la conservadora Rachida Dati. Macron ha desmentido tajantemente haber intervenido y ha afeado duramente al socialista su afirmación, pero algunos medios como «Le Monde» han explicado en sus páginas cómo se efectuaron diversas llamadas desde el Elíseo tras la primera vuelta.

La retirada de la candidata de extrema derecha y, sobre todo, la fusión de la lista de la conservadora Dati con la lista del centro ponen las cosas complicadas a Gregoire, que llegó primero el pasado domingo con el 38% y doce puntos de ventaja sobre Dati. La pregunta es si esa diferencia va a ser suficiente para tomar el relevo de Anne Hidalgo al frente de la Alcaldía. A Gregoire se le suma un problema más. La lista de la izquierda radical de La Francia Insumisa, a diferencia de la de extrema derecha, no se ha retirado de la segunda vuelta tras obtener un 11% en la primera y podría restarle votos vitales para llegar a la Alcaldía.

El candidato socialista no ha querido en ningún momento pactar con la formación del izquierdista Jean-Luc Mélenchon para llegar al poder y ahora se enfrenta solo a la posibilidad de que la derecha le arrebate la Alcaldía tras 25 años de dominio socialista, primero con Bertrand Delanoë y luego con Anne Hidalgo. Ambos se han esforzado en los últimos días de campaña a insistir en el mensaje de que votar a la izquierda radical, cuya lista en París lidera la compañera de Mélenchon, es entregar la Alcaldía a Dati.

Los candidatos socialistas a las alcaldías de París y Marsella han seguido la consigna nacional de no pactar con la izquierda radical tras meses de discrepancias entre el PS y La Francia Insumisa a raíz de las constantes derivas antisemitas de Mélenchon. Pero fuera de estos dos casos, las alianzas se han multiplicado entre las fuerzas de izquierda en numerosas ciudades como Toulouse, Nantes, Limoges o Brest. El aparato del PS ha hecho juegos de equilibrista para justificar los pactos locales en varias ciudades con la izquierda radical porque en muchos de esos casos ni siquiera la amenaza era de la extrema derecha de Le Pen. Este juego de alianzas en la izquierda es lo que ha marcado esta última semana de campaña entre ambas vueltas.

Lo que suceda en París, como joya de la corona de las municipales, se transformará en gran titular mañana lunes y en vitrina de cara a las presidenciales. Para el PS sería un golpe perder el primer consistorio de Francia tras un cuarto de siglo. Pero la elección de Dati no está exenta de un riesgo, el de sus problemas judiciales. La exministra de Cultura tendrá que afrontar un proceso por corrupción y tráfico de influencias entre el 16 y el 28 de septiembre y podría ser condenada e incluso inhabilitada de cargo público, algo que supondría un escenario inédito en París si resulta elegida alcaldesa.

Si la batalla se presenta igualada en París, aún más ajustada podría estarlo en Marsella. En este caso, el alcalde socialista Benoit Payan se enfrenta al candidato de Le Pen, Franck Allisio. En la primera vuelta les separó un punto, 36% para el socialista frente a 35% para el del Reagrupamiento Nacional. Si bien la ventaja es menor que la de los socialistas en París, el escenario para Payan sí es mejor porque la izquierda radical, también clasificada para segunda vuelta, ha decidido retirarse para frenar al RN. Una estrategia diferente que La Francia Insumisa justifica por la amenaza que supone en este caso que los hombres de Le Pen lleguen al poder.

La tercera gran batalla es la de Lyon y no es una batalla clásica entre socialistas y conservadores. La tercera ciudad del país vivirá un duelo entre su alcalde ecologista, Grégory Doucet, y un «outsider» de la política, el expresidente del club de fútbol de la ciudad, Jean-Michel Aulas, popular empresario respaldado por la derecha y el centro. Ambos llegaron casi empatados al 37% en la primera vuelta tras una campaña en la que los ecologistas fueron recortando terreno a Aulas y han acabado llegando a una alianza con La Francia Insumisa. Una decisión arriesgada que arrastrará un voto más radical, pero podría asustar a los votantes más moderados de la coalición progresista que podrían acabar en Aulas o bien en la abstención.

Si algo han confirmado estos comicios es que la estrategia de Mélenchon ha dado su fruto porque va a condicionar que las fuerzas progresistas se puedan hacer con muchas alcaldías de Francia, ya sea por activa, participando en coaliciones o gobernando (como en Lyon), o por pasiva. Es decir, retirándose de la contienda, como ha ocurrido en Marsella.

A la izquierda no le salen las cuentas sin La Francia Insumisa y esa es la palanca que Mélenchon pretende mantener activada de cara a las presidenciales del año que viene.

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