Haciendo caja con la guerra
Sánchez enarbola la pancarta del «no a la guerra» al tiempo que ha estado haciendo caja con la guerra. Sus medidas llegan con 20 días de retraso respecto a Francia, Italia, Alemania y los principales países de la UE. Durante ese tiempo, los precios de la gasolina y el gasóil se han disparado y los ciudadanos hemos tenido que pagar mucho más por llenar el depósito, mientras que el Gobierno lo que ha hecho es ingresar más, dado que la subida de los precios conlleva también una subida de los impuestos asociados. Quien gana con la escalada de precios es Hacienda, que en la anterior crisis inflacionaria ingresó 8.678 millones más en 2021 sólo por IVA, cifra que subió a 22.000 millones de enero a julio sumando el resto de los impuestos. La guerra engorda las arcas públicas y no siempre ese dinero extra es para beneficiar al ciudadano, sino para pagar chiringuitos absurdos como la Dirección General de Palancas 2030 o la Dirección Especial para la Alianza de la Nueva Economía de la Lengua, suerte de oficina dependiente de la Moncloa, como los 803 asesores, los 22 Ministerios o la legión de familiares y amigos enchufados en la Administración. Cada vez que se le pedía al Ejecutivo que bajara los impuestos la respuesta era que Europa lo impide. No es verdad, como ha quedado demostrado con el paquete de anunciado el pasado viernes y como quedó demostrado con las mascarillas, la luz y ahora con el gas y los combustibles. Es inmoral la política de hacer caja con la guerra cuando a los ciudadanos nos tienen fritos a impuestos. Sánchez ha tenido que recular, gracias a la derecha.