¿El centro se reconstruye?, por Hernán Chaparro
Una de las novedades de la primera vuelta ha sido la votación obtenida por el Partido del Buen Gobierno, liderado por Jorge Nieto. Tanto él como la candidatura de Marisol Pérez Tello podrían estar recogiendo un sentir ciudadano que se ubica en el centro. Un lugar que se ocupa no solo por la performance del candidato (que es relevante) o el discurso emotivo (que tiene un impacto y puede generar conexiones) sino que también responde a la presencia de argumentos y propuestas sobre los temas de interés para un sector de la ciudadanía. Los resultados ponen en evidencia, con más fuerza, la existencia de una demanda que se había quedado sin representante partidario, y si se quiere, sin un referente identitario.
Las identidades sociales y políticas se desarrollan en interacción con diversas fuentes y experiencias. La idea de ser de izquierda, centro o derecha se forma, en parte, por el vínculo con medios, redes sociales, políticos, etc. Por ejemplo, un sector de la ciudadanía ve en Sánchez una continuidad de Castillo y del conjunto de reivindicaciones ahí agolpadas. Otros se sienten representados por Rafael López Aliaga, su estilo y la defensa de ciertas ideas y valores. Y, en estos tiempos, el contacto con ellos no se da principalmente a través de la militancia o del medio generalista. La atomización del ecosistema mediático permite que cada uno se informe, casi en exclusiva, mediante medios o contrapartes en redes sociales o grupos de WhatsApp afines a su punto de vista.
En un proceso de vaciamiento o asalto a la política (Barrenechea y Vergara, 2023; 2024), la polarización y la fragmentación han ido creciendo, y el discurso radical y sus seguidores han ido ganando espacio. En esa dinámica, lo que podría llamarse 'centro' se quedó sin discurso porque, entre otros motivos, se quedó sin líderes. En algún momento aparecieron Julio Guzmán y el Partido Morado; en otro, Vizcarra, pero tuvieron diversos problemas de base y cayeron en el intento. Sin embargo, más allá de sus chascos personales, las encuestas, en su momento, mostraron un importante apoyo a estos actores políticos que buscaron ubicarse en ese espacio que algunos niegan o rechazan. No era tanto el respaldo al personaje como la necesidad de canalizar una forma de ver las cosas. Por eso, los resultados electorales del Partido del Buen Gobierno abren una posibilidad de construir algo a favor de quienes se ubican en un sector ideológico que andaba huérfano y sin referentes. Por ahora, es básicamente el entusiasmo ante un tipo de candidato. Casi la mitad de su votación se definió en la última semana. Hay mucho por recorrer y construir, pero esa posibilidad se abre.
¿Hay demanda para algo así? La comparación en el tiempo de cómo la gente se autopercibe en un eje unidimensional de izquierda a derecha permite ver cómo los extremos han ido creciendo con los años, en particular el extremo derecho, más aún en Lima. Este fenómeno se puede apreciar con facilidad en los estudios del Barómetro de las Américas. Si bien tiene algunas limitaciones, la escala unidimensional izquierda-derecha sirve para establecer distancias entre el lugar donde uno cree ubicarse y donde percibe que están los demás frente a diversos temas. Los criterios para decir qué puntaje corresponde a qué ubicación varían. Por ejemplo, Medina y Torcal (2001) siguen un criterio que lleva a cinco segmentos: 1-2 (izquierda), 3-4 (centro izquierda), 5-6 (centro), 7-8 (centro derecha) y 9-10 (derecha). En el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), se consideran tres segmentos (1 a 4, izquierda; 5 y 6, centro; 7 a 10, derecha), y ahí el 33% se ubica en el centro. No son pocos y no habían tenido candidatos cercanos en los últimos procesos.
Pero hay que considerar que no todos entienden lo mismo por los términos izquierda, centro o derecha. Incluso, no todos entienden qué significan estas palabras, pero igual se ubican en algún punto de ese eje. Hay personas de izquierda que consideran que todo aquello que no sea de izquierda es de derecha o que creen que solo son de derecha quienes tienen altos ingresos. Y lo mismo ocurre con las personas que se ubican en la derecha, para quienes todo lo que sea diferente de sí mismas es de izquierda o 'terruco'. Lo que no sean ellas mismas es una treta. El discurso de los extremos es que el centro no existe. Y, en parte, es cierto porque, más allá de lo que cada uno entiende por las diferentes posiciones, el centro perdió la palabra, la emoción, el estilo y el argumento. Se quedó sin líderes ni partido, y sin activistas que lo representen. Esto podría comenzar a cambiar.
¿Y qué es ser de centro para la gente? Depende de a quién le preguntes. Al menos en mi experiencia en la investigación cualitativa, si quien responde es alguien que se ubica en alguno de los lados del eje descrito, dirá que "el centro no existe", que no está definido y que se acomoda a lo que venga. Si le preguntas lo mismo a alguien que se ubica en el centro, te dirá que no se puede ser tan radical en todo. Que las soluciones varían según el problema. Rechaza o desconfía de las posiciones extremas. Por ejemplo, en algunos casos puede demandar mayor intervención del Estado —en salud o educación— y, en otros, mayor presencia del mercado —en la economía—. Pero, junto con los debates sobre tal o cual tema, es importante consolidar identidades y tener a quien exprese, en el terreno político, una determinada forma de acercarse a los problemas del país. Y eso es lo que un partido o un actor político puede ayudar a moldear. La pregunta es: ¿qué será moverse en el centro para el Partido del Buen Gobierno? En un contexto de gran desconfianza social, política e institucional, no es una tarea sencilla. Pero las votaciones de este proceso encierran el mensaje de que un sector de la ciudadanía está esperando algo.