Investigar es trabajar
Existe un profundo desconocimiento sobre lo que implica desarrollar investigación científica. Cuando el Presidente Kast reduce años de trabajo a “un libro que no generó empleo”, ignora deliberadamente la enorme cadena humana detrás de cada artículo, publicación o descubrimiento: investigadores/as, asistentes, personal técnico, laboratorios, universidades, personas becarias, profesionales de estadística, programación, diseño y personal administrativo. Investigar es trabajar.
Por supuesto que el uso de recursos públicos en investigación debe revisarse y evaluarse. Toda política pública debe rendir cuentas. Y para eso precisamente existen instituciones públicas, agencias técnicas y mecanismos que supervisan la asignación, seguimiento y evaluación de estos fondos. Los proyectos compiten, son evaluados por pares expertos, deben demostrar resultados y están sujetos a rendiciones.
Pero el debate serio no puede quedarse en caricaturas. El verdadero problema de Chile no es que invierta demasiado en ciencias, sino exactamente lo contrario, invierte muy poco.
Chile destina solo un 0,41% de su PIB a investigación y desarrollo (INE, 2023), mientras el promedio de la OCDE supera el 2,7% (OCDE, 2024). Es decir, los países más desarrollados del mundo no llegaron a ser potencias recortando investigación, sino aumentando sostenidamente su inversión en conocimiento, innovación y tecnología. Internet, la inteligencia artificial, las vacunas, la minería o las energías renovables nacieron de investigaciones que durante años parecían “solo artículos”.
Además, la investigación no solo produce “libros”, forma capital humano avanzado, genera patentes, mejoras políticas públicas y aumenta productividad. Incluso cuando los resultados no son inmediatos, construyen capacidades estratégicas para el país. Un libro no es el fin de una investigación: es el punto de partida de nuevas preguntas y nuevos problemas, que es justo como avanza la ciencia.
La afirmación de que hay investigaciones que no generan empleo, no solo desvaloriza la labor investigativa, sino que da cuenta una vez más, de la instalación de un proyecto político que busca precarizar el trabajo y las condiciones de vida de las personas.
Entender la investigación desde una lógica puramente mercantil y transaccional, como si su valor dependiera únicamente de la rentabilidad inmediata, desconoce por completo su sentido y función social. Esa nunca ha sido la esencia de la investigación. La ciencia y el conocimiento existen también para comprender, anticipar, innovar y ampliar capacidades de una sociedad. Los países que hoy lideran el desarrollo entendieron hace décadas que invertir en investigación no es un gasto, sino una apuesta estratégica para el futuro.
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